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Opinión de Alejandra Mizala: Enseñar en tiempos de emergencia: una oportunidad para una educación más resiliente, integral y con sentido

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Columna publicada en Pulso de La Tercera el domingo 13 de septiembre de 2020.

La pandemia, como toda crisis, trae consigo efectos psicológicos (emocionales, conductuales, entre otros) y sociales (relaciones sociales alteradas, duelos y separaciones, etc.). En estos meses, entre otras cosas, hemos tomado conciencia que la escuela es una institución social clave en el funcionamiento cotidiano de nuestra sociedad. Es una instancia de contención y estructura para los estudiantes y sus familias. También se ha evidenciado la desigualdad educativa incrementada por la brecha digital.

Con el fin de aportar a superar esta situación se ha generado, en el marco de la Mesa Social Covid-19, un trabajo colaborativo de las universidades de Chile y Católica, al que se han sumado otras 18 universidades y más de 80 académicos y académicas. Fruto de dicho trabajo se han producido ya tres documentos con orientaciones y herramientas pensadas para apoyar el bienestar socioemocional de las comunidades educativas, llevar adelante la priorización curricular propuesta por el Ministerio de Educación y apoyar la gestión, tanto a nivel escolar como del sostenedor.

Este trabajo, inédito en el país, nos ha mostrado que la crisis que atravesamos también puede ser vista como una oportunidad para transitar hacia un sistema educacional que cuente con más herramientas y sea más resiliente, dotando de nuevas capacidades profesionales, tanto a los docentes como a los líderes escolares.

Los docentes han debido considerar diversas realidades y adaptar los métodos a distintos grados de conectividad, determinando la factibilidad y las estrategias más adecuadas para las diferentes condiciones que enfrentan; desde textos escolares y guías, hasta clases online en plataformas, pasando por mensajes de texto y WhatsApp. Una serie de encuestas realizadas a docentes muestra que la crisis los ha hecho tomar distancia y reflexionar más profundamente acerca de su práctica educativa, planteándose con más fuerza aún la educación como un proceso que no se limita al sistema escolar y a las políticas que lo sostienen, sino como uno que toma en cuenta el contexto familiar de sus estudiantes, así como los factores socioemocionales que influyen en el aprendizaje.

Este periodo puede ser una oportunidad para preguntarnos qué consideramos esencial y qué queremos que aprendan nuestros niños, niñas y jóvenes. Parte del trabajo desarrollado por las universidades, en el que también participaron docentes del sistema escolar, propone rutas de aprendizajes sincrónicas y asincrónicas, creando pocas tareas, pero motivadoras, significativas y desafiantes. Además, plantea potenciar la enseñanza en otros formatos que permitan aprendizajes relevantes, que les hagan sentido a los estudiantes vinculándolos con el momento actual, por ejemplo, la salud y sus cuidados, solidaridad intergeneracional y dilemas éticos que genera la pandemia, entre otros. También sugiere seleccionar aquello que integra las dimensiones socioemocional y cognitiva, y que desarrolla las habilidades transversales que permiten la aplicación del conocimiento para la resolución de problemas complejos. Se trata de una oportunidad para desarrollar habilidades clave de las asignaturas, y no sólo contenidos, con las cuales nuestro sistema escolar está en deuda. Una oportunidad para salir de los silos disciplinarios y avanzar en interdisciplinariedad.

No pretendo minimizar el efecto que la crisis sanitaria ha tenido y seguirá teniendo, sobre todo en los estudiantes más vulnerables. Como sociedad tenemos una obligación moral con ellos y debemos hacer todos los esfuerzos para que puedan recuperar lo no aprendido en este tiempo, así como diseñar e implementar intervenciones específicas que disminuyan los riesgos de exclusión escolar. Pero también tenemos que sacar lecciones de esta experiencia de enseñar en tiempos de emergencia y aprender a llevar a cabo la tarea educativa considerando escenarios más cambiantes e inciertos, que seguramente nos tocará vivir.