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La nueva vida a todo color de Milena Vodanovic

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*Fuente: El Mercurio

Sentada en el living de su casa de Providencia, a Milena Vodanovic se le ve contenta y orgullosa mirando su libro, “La vida a mano”. Luego de décadas ejerciendo como periodista y nueve años liderando la revista “Paula”, hace un año y medio decidió dar un paso al costado, para ver de qué más se trataba la vida, y sin tener el panorama del todo claro, dejó que sus anhelos hablaran a través de la cerámica y el dibujo y de paso encontró el camino hacia un nuevo estado de realización.

Aunque siempre lo suyo fue el reporteo y escribir buenas historias, de vez en cuando le surgía el deseo de dibujar. Sin embargo, cada vez que esto pasaba no escatimaba esfuerzos en reprimir esas ganas, para terminar dejando los lápices bien guardados en un cajón. Según cuenta, “a los 30 años me compré unos lápices para dibujar y quedaron ahí. A los 40 los volví a sacar y volvieron a quedar ahí. No sé lo que pasó ahora que hizo posible que yo me diera permiso”, agregando que cada vez que empezaba a dibujar rápidamente se decía que “le estaba quedando mal” o que “no sabía”. “Entonces me reafirmaba que no era capaz, en vez de decir ‘vamos de a poco’, ‘tratemos’ o ‘copiemos’, algo que no se me había pasado por la cabeza hacer”, señala.

Fue recién a los 52 años y tras renunciar a la revista, que decidió no hacerle más caso a su “voz crítica interior” y se lanzó a dibujar. Partió haciendo conejos, luego pájaros y flores. Y aunque muchas veces pensó que los dibujos no eran buenos, esta vez estaba decidida a terminarlos, y así fue desarrollando su propio estilo. “Yo creo que somos muchas las personas que tenemos otros intereses, otros anhelos, que ni siquiera son muy explícitos, pero surgen de repente, como una voz interior a la que uno se cierra porque piensa que es una voz indebida, que es algo que te va a sacar de tu lugar. Uno piensa que esas pasiones lo van a llevar a uno a dejarlo todo, pero yo no creo que sea así. Porque son espacios de gozo que da gusto desarrollar. Eso fue un poco lo que me pasó a mí. Yo siempre había dicho que tenía ganas de dibujar o bordar, pero me reprimía pensando que había que tomar clases y nunca tenía tiempo”, señala Milena.

El resultado de su búsqueda es “La vida a mano” (editorial Hueders, $16.000), un libro que no solo permite colorear, sino que además trae tutoriales para llevar esos dibujos al estampado y el bordado, todo visto desde la perspectiva no de una experta, sino de alguien que se ha permitido transmitir los cambios que ha experimentado en sus últimos años. “Yo digo que este libro es para colorear y trae instrucciones para llevarlo al bordado y al estampado, pero en realidad, es un libro para abrir el apetito para explorar la creatividad. Es un libro que sirve para darse permiso, porque además, actualmente, creo que los adultos hemos perdido mucho los tiempos para estar a solas, que son los tiempos de la infancia, por eso yo creo que siempre hay esa añoranza de la infancia donde había momentos de ocio y aparecían cosas nuevas. Eso uno lo va abandonando y son espacios no solo muy nutritivos para el mundo interior, sino que también son espacios con mucha reparación del estrés, del cansancio, del miedo y de la angustia”.

Además, este libro sirve para estar enfocado en una sola cosa. En tiempos en que impera el multitasking y la mente funciona en muchas partes al mismo tiempo, las tareas que invita hacer permiten estar concentrado en una sola cosa, lo que al final crea calma. “Lo del multitasking es una mentira, porque el ser humano no puede estar concentrado al mismo tiempo en dos partes. Lo que hace son concentraciones sucesivas y cortas, que permiten echar a andar varios proyectos, pero es muy desgastante, porque uno está constantemente conectando y desconectando, lo que implica un consumo de energía. En cambio, cuando estás en una sola cosa esa concentración te permite soñar, que se te ocurran cosas, el tener recuerdos y tener momentos de intimidad”, dice la autora.

-¿Qué siente, luego, al ver el libro publicado?

“Estoy súper contenta. Tengo la sensación de que con el libro he hecho pública una parte que estaba escondida para mí y los demás, y es como que yo estuviese más completa. Eso es súper lindo, porque es algo a lo que estamos llamados los seres humanos, a ser más completos con todas nuestras potencialidades y con otros, por eso está el tema de comunicar con el libro, porque es contar esta buena nueva a quienes también les puede pasar.

-Ahora, cuando debe presentarse, ¿dice que es periodista, ceramista o artista?

“Yo digo que soy periodista y que estoy en un proceso de cambio. Ya llevo tres años de clases con mi maestro de cerámica, tengo mi taller y mi horno, y no me atrevo a decir que soy ceramista. Lo que es bonito, porque demuestra un respeto por el oficio.

“Ahora tengo harta curiosidad por lo que viene. Puede ser que nunca más borde ni estampe, puede ser que evolucione en algo, que me concentre en la cerámica, que entre a trabajar en una pega. No tengo idea. Pero me entusiasma harto -y con un poco de miedo- quedar en cero y ver qué va a comenzar ahí. Pero tengo harta confianza y me gusta haberla ganado”.

“La vida a mano” es un libro de 96 páginas que trae 30 dibujos para colorear, instrucciones sencillas para convertir estos dibujos, o parte de ellos, en bordados, estampados en papel y estampados sobre tela, y tutoriales de bordado y fabricación de timbres. 14 proyectos y muchas ideas para desplegar la creatividad. Su valor es de 16.000 pesos, y ya se encuentra en librerías.

Sentada en el living de su casa de Providencia, a Milena Vodanovic se le ve contenta y orgullosa mirando su libro, “La vida a mano”. Luego de décadas ejerciendo como periodista y nueve años liderando la revista “Paula”, hace un año y medio decidió dar un paso al costado, para ver de qué más se trataba la vida, y sin tener el panorama del todo claro, dejó que sus anhelos hablaran a través de la cerámica y el dibujo y de paso encontró el camino hacia un nuevo estado de realización.

Aunque siempre lo suyo fue el reporteo y escribir buenas historias, de vez en cuando le surgía el deseo de dibujar. Sin embargo, cada vez que esto pasaba no escatimaba esfuerzos en reprimir esas ganas, para terminar dejando los lápices bien guardados en un cajón. Según cuenta, “a los 30 años me compré unos lápices para dibujar y quedaron ahí. A los 40 los volví a sacar y volvieron a quedar ahí. No sé lo que pasó ahora que hizo posible que yo me diera permiso”, agregando que cada vez que empezaba a dibujar rápidamente se decía que “le estaba quedando mal” o que “no sabía”. “Entonces me reafirmaba que no era capaz, en vez de decir ‘vamos de a poco’, ‘tratemos’ o ‘copiemos’, algo que no se me había pasado por la cabeza hacer”, señala.

Fue recién a los 52 años y tras renunciar a la revista, que decidió no hacerle más caso a su “voz crítica interior” y se lanzó a dibujar. Partió haciendo conejos, luego pájaros y flores. Y aunque muchas veces pensó que los dibujos no eran buenos, esta vez estaba decidida a terminarlos, y así fue desarrollando su propio estilo. “Yo creo que somos muchas las personas que tenemos otros intereses, otros anhelos, que ni siquiera son muy explícitos, pero surgen de repente, como una voz interior a la que uno se cierra porque piensa que es una voz indebida, que es algo que te va a sacar de tu lugar. Uno piensa que esas pasiones lo van a llevar a uno a dejarlo todo, pero yo no creo que sea así. Porque son espacios de gozo que da gusto desarrollar. Eso fue un poco lo que me pasó a mí. Yo siempre había dicho que tenía ganas de dibujar o bordar, pero me reprimía pensando que había que tomar clases y nunca tenía tiempo”, señala Milena.

El resultado de su búsqueda es “La vida a mano” (editorial Hueders, $16.000), un libro que no solo permite colorear, sino que además trae tutoriales para llevar esos dibujos al estampado y el bordado, todo visto desde la perspectiva no de una experta, sino de alguien que se ha permitido transmitir los cambios que ha experimentado en sus últimos años. “Yo digo que este libro es para colorear y trae instrucciones para llevarlo al bordado y al estampado, pero en realidad, es un libro para abrir el apetito para explorar la creatividad. Es un libro que sirve para darse permiso, porque además, actualmente, creo que los adultos hemos perdido mucho los tiempos para estar a solas, que son los tiempos de la infancia, por eso yo creo que siempre hay esa añoranza de la infancia donde había momentos de ocio y aparecían cosas nuevas. Eso uno lo va abandonando y son espacios no solo muy nutritivos para el mundo interior, sino que también son espacios con mucha reparación del estrés, del cansancio, del miedo y de la angustia”.

Además, este libro sirve para estar enfocado en una sola cosa. En tiempos en que impera el multitasking y la mente funciona en muchas partes al mismo tiempo, las tareas que invita hacer permiten estar concentrado en una sola cosa, lo que al final crea calma. “Lo del multitasking es una mentira, porque el ser humano no puede estar concentrado al mismo tiempo en dos partes. Lo que hace son concentraciones sucesivas y cortas, que permiten echar a andar varios proyectos, pero es muy desgastante, porque uno está constantemente conectando y desconectando, lo que implica un consumo de energía. En cambio, cuando estás en una sola cosa esa concentración te permite soñar, que se te ocurran cosas, el tener recuerdos y tener momentos de intimidad”, dice la autora.

-¿Qué siente, luego, al ver el libro publicado?

“Estoy súper contenta. Tengo la sensación de que con el libro he hecho pública una parte que estaba escondida para mí y los demás, y es como que yo estuviese más completa. Eso es súper lindo, porque es algo a lo que estamos llamados los seres humanos, a ser más completos con todas nuestras potencialidades y con otros, por eso está el tema de comunicar con el libro, porque es contar esta buena nueva a quienes también les puede pasar.

-Ahora, cuando debe presentarse, ¿dice que es periodista, ceramista o artista?

“Yo digo que soy periodista y que estoy en un proceso de cambio. Ya llevo tres años de clases con mi maestro de cerámica, tengo mi taller y mi horno, y no me atrevo a decir que soy ceramista. Lo que es bonito, porque demuestra un respeto por el oficio.

“Ahora tengo harta curiosidad por lo que viene. Puede ser que nunca más borde ni estampe, puede ser que evolucione en algo, que me concentre en la cerámica, que entre a trabajar en una pega. No tengo idea. Pero me entusiasma harto -y con un poco de miedo- quedar en cero y ver qué va a comenzar ahí. Pero tengo harta confianza y me gusta haberla ganado”.

“La vida a mano” es un libro de 96 páginas que trae 30 dibujos para colorear, instrucciones sencillas para convertir estos dibujos, o parte de ellos, en bordados, estampados en papel y estampados sobre tela, y tutoriales de bordado y fabricación de timbres. 14 proyectos y muchas ideas para desplegar la creatividad. Su valor es de 16.000 pesos, y ya se encuentra en librerías.