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Columna de Cecilia Sepúlveda: La vuelta a la escuela: cuándo, cómo, dónde

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  • “…no es que se recomiende abrir las escuelas en Chile en el momento actual, con una transmisión del virus aún alta. Pero, para cuando la situación sanitaria lo permita, es necesario haber planificado una vuelta segura a la escuela…”.

Columna publicada en El Mercurio, el viernes 03 de julio de 2020.

Desde que el estallido de la pandemia del covid-19 en el país obligara al cierre de los establecimientos educacionales, hace ya casi cuatro meses, tanto el Mineduc como los profesores, los propios estudiantes y sus familias han hecho importantes esfuerzos por dar continuidad a la enseñanza “a distancia”, utilizando plataformas en línea, televisión, radio, material impreso, etcétera. Esto, con el fin de evitar que aumenten las brechas de aprendizaje entre nuestros niños —sobre todo entre los más vulnerables— y la desescolarización, como ha ocurrido en otras situaciones de catástrofe.

La educación a distancia ofrece valiosas herramientas para complementar el proceso de enseñanza, y pudiera ocupar un lugar importante en la escuela, pero las clases presenciales son irreemplazables.

En momentos tan duros como los actuales, señalamos con fuerza que la formación integral a la que aspiramos para nuestros niños y jóvenes requiere del contacto directo con los profesores. De la calidad de esta interacción puede depender en gran medida el compromiso del estudiante con su enseñanza. Muchos aprendizajes pueden lograrse a distancia, pero esto no siempre es posible, en particular los referidos al desarrollo de habilidades y destrezas. Y es en el contexto escolar donde se produce el encuentro entre estudiantes, fundamental para la socialización, el desarrollo socioemocional, el sentido de pertenencia y la formación de identidad.

En el intertanto, debemos advertir que interrumpir el tiempo de instrucción en el aula puede tener un impacto negativo severo en los aprendizajes de los niños. Cuanto más tiempo sea, menos probable es que regresen al aula, hecho preocupante en nuestro país, con más de 180 mil niños y jóvenes fuera del sistema escolar antes del inicio de la pandemia. La Unesco y otras organizaciones han declarado que el cierre de las escuelas es una amenaza no solo a la educación, sino que también al bienestar de niños y jóvenes.

Entre los efectos negativos destaca la perturbación de “servicios esenciales, como inmunizaciones, alimentación escolar y el apoyo psicosocial y de salud mental”, lo que puede causar estrés y ansiedad debido a la pérdida de la interacción con los compañeros y a la alteración de las rutinas. Además, cabe mencionar los problemas que podrían estar sufriendo muchos estudiantes en sus hogares a consecuencia de la pandemia, como: mayor pobreza, hacinamiento, maltrato, fallecimiento de un familiar o conocido a causa del covid-19.

La Unesco y otras organizaciones han propuesto una guía para preparar el retorno a las clases presenciales, con una planificación en tres fases: antes de la reapertura, como parte de la reapertura y con las escuelas abiertas. Esto no quiere decir que se recomiende abrir las escuelas en Chile en el momento actual, con una transmisión del virus aún alta. Pero, para cuando la situación sanitaria lo permita, es necesario haber planificado una vuelta segura a la escuela.

En la fase previa a la reapertura, se preparan las políticas, procedimientos y planes de apoyo para mejorar la enseñanza y fortalecer las prácticas de aprendizaje a distancia. Con el apoyo del CNED, el ministerio ajustó el currículo en función de los objetivos de aprendizaje imprescindibles para cada nivel escolar, necesarios para poder continuar aprendiendo sobre una base sólida.

Las modalidades de retorno escolar son diversas en el mundo. Algunos países han priorizado el retorno en primer lugar de las escuelas primarias, y otros, de las escuelas rurales. Varios apuntan a una transición paulatina con las modalidades virtuales y jornadas presenciales parciales, y en grupos pequeños.

Las escuelas tendrán que contar y aplicar todas las medidas sanitarias para reducir al máximo la posibilidad de contagios. También contar con protocolos precisos frente a eventuales situaciones de riesgo, la obligatoriedad del uso de mascarilla y de pupitres individuales (distanciados por 1,8 metros, según recomienda la OMS) y el lavado de manos obligatorio, medidas que la mayoría de los países está adoptando. Algunos también han restringido el contacto cercano durante los recreos o no los consideran.

Toda esta planificación deberá ser flexible y muy de acuerdo con las diversas realidades locales, si buscamos hacer posible la esencial educación presencial de nuestros niños y jóvenes en condiciones seguras para su salud y bienestar.

Dra. Cecilia Sepúlveda C.
Consejera Consejo Nacional de Educación