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Opinión

COLUMNA: Marzo como oportunidad

Publicado por Comunicaciones CM en Institucionales , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 27 febrero , 2020

Por Mercedes Ducci Budge, presidenta de ComunidadMujer

“Me gustaría ver este marzo a los talentos de la sociedad civil, política, academia y empresa sumarse en una enorme corriente creativa, una fuerza transversal de distintas generaciones, enfocada en visualizar cómo avanzar hacia una sociedad basada en el buen trato, que incluya a quienes han sido o se sienten excluidos”.

La última semana de febrero solía anunciar el regreso a la normalidad de marzo. La vuelta a los colegios, el retorno de quienes estaban de vacaciones, los tacos, la rutina del año iniciándose una vez más.

Pero todo en este verano ha sido diferente. Febrero se despide con un Festival de Viña completamente distinto a los anteriores. Y este marzo marca el comienzo de un año crucial en un clima cargado de tensión. Hemos visto noticias sobre el auge de las empresas de seguridad y los preparativos de los lugares más expuestos para protegerse de posibles destrozos.

Pero marzo -si lo tomamos como la gran oportunidad que es- podría recapturar el sentido de cambio positivo que nos pueda unir. Un atisbo de eso me pareció ver al final de la secuencia sobre el 18-O de Kramer, ante una receptiva Quinta Vergara e impresionantes niveles de sintonía en televisión.

Cuando se venía el Plebiscito del 88, la Concertación tuvo el acierto de crear una visión de un destino que movilizara y uniera. “La alegría ya viene” encarnó el sentido de una sociedad que incluiría a una gran mayoría, que dejaría atrás el odio y la violencia. Así, la duda dio paso al entusiasmo. Evidentemente, en los 30 años que siguieron hubo éxitos y falencias y hoy estamos nuevamente en un momento crítico. Pero esa visión de futuro fue lo que convocó y facilitó la decisión de internarse en terreno desconocido.

Ahora estamos en otro umbral y toca elaborar esa imagen palpable de un destino compartido. Hasta ahora hay 11 marchas anunciadas para marzo en el calendario que circula en redes sociales. Paralela corre la actividad del Congreso, con muchos temas que están entre las demandas ya en tabla. Estamos a dos meses de un plebiscito que requiere una amplia participación de la ciudadanía, para que el proceso que hemos emprendido tenga legitimidad duradera. Estamos todas y todos juntos involucrados en un hito que marcará nuestro futuro. Necesitamos vislumbrar un sentido de comunidad más allá de las diferencias. Los que tienen visibilidad deben dar el ejemplo de que es posible entenderse.

Soñando en voz alta, me gustaría ver este marzo a los talentos de la sociedad civil, política, academia y empresa sumarse en una enorme corriente creativa, una fuerza transversal de distintas generaciones, enfocada en visualizar cómo avanzar hacia una sociedad basada en el buen trato, que incluya a quienes han sido o se sienten excluidos. Me gustaría verlos conversar, que pueden atravesar barreras, entenderse y trabajar juntos.

Si toda la atención está centrada en el enfrentamiento violento y los daños a las personas y al patrimonio, es inevitable el desaliento y el aumento de la tensión.

Las mujeres podemos liderar también este camino en un mes emblemático para nosotras. Queremos recorrer el camino de los cambios que nuestra sociedad necesita, pero para que todos se incorporen y se sientan parte, necesitamos hacer visible la salida. Las sociedades avanzan hacia una visión de futuro. Debemos poner el foco ahí. Marzo puede ser la oportunidad. No la perdamos.

Columna publicada en Opinión de La Tercera, el jueves 27 de febrero de 2020.

COLUMNA: Los retos del mundo laboral

Publicado por Claudia Yachan en Institucionales , Liderazgo , Mujer y trabajo , Noticias destacadas , Prensa Escrita , Fecha 13 febrero , 2020

Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda, directora ejecutiva de ComunidadMujer.

Porque trabajadores y trabajadoras no aparecen espontáneamente en sus espacios laborales, sino gracias al trabajo doméstico y de cuidado que les permitió llegar allí, es necesario valorarlo. Estas tareas son condición necesaria para generar riqueza y reproducir el sistema económico y social, a pesar de que son doblemente castigadas al no ser remuneradas ni contar con previsión social, seguros o vacaciones”.

Desde el inicio de la crisis social, la actividad económica ha descendido, lo que se refleja en las altas cifras de despido reportadas por la Dirección del Trabajo. Hoy la tasa de desocupación es mayor entre las mujeres (7,7%) que entre los hombres (6,5%), según las últimas cifras disponibles del INE.

Para hacer frente a este escenario, el gobierno presentó un proyecto que busca proteger el empleo y, entre otras medidas, propone la reducción temporal y pactada por hasta un 50% de la jornada laboral, con un complemento de hasta un 25% del salario del trabajador/a, con cargo al Fondo de Cesantía Solidario. A ello se suma el debate en el Congreso por la reducción de la jornada laboral, si bien la Mesa Técnica convocada para analizar esta reforma recomendó suspender temporalmente su tramitación, y propuso, a la luz de la experiencia internacional, fórmulas para incluir adaptabilidad y gradualidad en su implementación.

Se trata de una discusión que desafía a la clase política y que se debe abordar con perspectiva de género, ya que se trata de medidas que afectan de manera distinta a hombres y mujeres. Según la ENUT de 2015, la carga global de trabajo (tiempo destinado al trabajo remunerado y al no remunerado), en un día hábil tipo de las y los ocupados, alcanza las 52,5 horas promedio entre las mujeres y 43 horas entre los hombres. En otras palabras, una mujer promedio en Chile trabaja más que la actual jornada completa legal, e incluso más de 48 horas, tiempo considerado excesivo por la OIT (2008) y también el momento cuando la productividad empieza a ser negativa (Pencavel, 2014).

Porque trabajadores y trabajadoras no aparecen espontáneamente en sus espacios laborales, sino gracias al trabajo doméstico y de cuidado que les permitió llegar allí, es necesario valorarlo. Estas tareas son condición necesaria para generar riqueza y reproducir el sistema económico y social, a pesar de que son doblemente castigadas al no ser remuneradas ni contar con previsión social, seguros o vacaciones. Recientemente, ComunidadMujer estimó que el aporte al PIB de estas labores alcanza el 22%, superando incluso a la minería, el comercio y la industria manufacturera.

Se trata de una invitación a un cambio de mirada, reconocer estas labores y transitar hacia una comprensión amplia del trabajo —que incluya las responsabilidades familiares y tareas domésticas—, propiciando un mejor diseño del espacio laboral. A su vez, dentro del espacio doméstico, es crítica su redistribución de manera equitativa y corresponsable, para que la futura reducción de la jornada laboral signifique también para ellas un mayor bienestar, a través de más espacio de descanso y oportunidades en el uso del tiempo.

Un nuevo mundo laboral debe emerger de la crisis y para ello se requiere impulsar el desarrollo de una Estrategia Nacional para la Calidad de Vida Laboral, demostrando una potente voluntad política para renovar y resignificar este espacio, en el que mujeres y hombres desarrollamos gran parte de nuestra vida.

Columna publicada en Opinión de La Tercera, el jueves 13 de febrero de 2020.

“Criar y/o estudiar”: un paper sobre los efectos de las políticas universitarias en las y los estudiantes que están criando

Publicado por Comunicaciones CM en Mujer y trabajo Fecha 30 enero , 2020

 

  • El análisis concluyó que el apoyo en el cuidado de hijos e hijas por parte de estas instituciones aporta a la integración social  y por ende a la permanencia de los y las estudiantes que están criando.

El pasado miércoles 29 de enero, la estudiante de Ciencia Política, Macarena Galaz -y ex alumna de nuestra Escuela de Mujeres Jóvenes Líderes- presentó el paper “Criar y/o estudiar: políticas de Educación Superior Universitaria y sus efectos en la permanencia de estudiantes con hijos e hijas, en el año 2019”, una investigación guiada por Carolina Garrido que trata un tema poco explorado en nuestro país.

Durante un año, Macarena estudió cómo “afecta la respuesta institucional a la permanencia de estudiantes madres y padres en le Educación Superior Universitaria”, analizando el avance de las actuales políticas en dos casas de estudio, para entender de qué manera estas decisiones afectan en la permanencia de los estudiantes que están criando.

Tener hijos/as y estudiar son dos variables complejas de complementar y es un motivo para no estudiar, ya que existe poco apoyo institucional y las alumnas deben abandonar. Esta fue una motivación para Galaz, luego de que una compañera no pudiera seguir estudiando por tener que cuidar a su hijo. “Este es un estudio que busca complementar una realidad que ha sido invisible luego de tantos años de la mujer en la universidad”, dijo. Además, al ser un área poco abordada “este es un trabajo bastante pionero”, como explicó Carolina Garrido.

Para llevar a cabo su investigación, entrevistó a seis padres y madres en profundidad de la Universidad de Chile (UCH) y la Universidad Diego Portales (UDP). La elección de las casas de estudio fue porque la estatal “es reconocida por tener un buen sistema y políticas de apoyo para sus estudiantes con hijos”, mientras que en la privada “no existe mucha ayuda ni empatía para ellos”, explicó Galaz.

Para el estudio consideró la variable de Apoyo al cuidado que se define con la presencia o ausencia de jardín infantil o sala cuna, y la presencia o ausencia de beca para cuidado. La segunda variable es la Flexibilidad. Esta corresponde a la prioridad en la inscripción de asignaturas, la interrupción anticipada de estas, la menor exigencia para la asistencia y la reprogramación de trabajos. La tercera es el pre y post natal junto a permisos especiales. Esta última variable depende de las facilidades para no estar en actividades de riesgo y autorizaciones para ausentarse por el nacimiento, controles médicos obligatorios, enfermedades de la hija o hijo y una hora de alimentación.

Tras responder las variables mencionadas, Galaz concluyó que “el apoyo en el cuidado de hijos e hijas por parte de estas instituciones aporta a la integración social  y por ende a la permanencia” de los estudiantes que están criando. Por ejemplo, la existencia de jardín infantil o sala cuna son relevantes porque sino el factor económico toma protagonismo en el abandono. En este caso sólo la UCH ofrece el servicio.

También notó que la “ausencia de Flexibilidad Académica, incide negativamente en la cantidad de horas de estudio, generando mayor probabilidad de deserción”. En este caso la toma de asignaturas con prioridad es un factor clave para los padres o madres estudiantes. En este caso la UCH brinda la opción, mientras que la UDP depende del ranking.

Por esto, concluyó que la “ausencia de flexibilidad administrativa genera retraso, aumenta el riesgo de no permanencia en estudiantes madres o embarazadas”. En este caso en ambas universidades se considera “corto” el tiempo de post natal y en ambas existe el permiso por enfermedad de un hijo. Peo en la UDP es percibida como deficiente en su aplicación.

Un resultado importante que rescata Macarena Galaz es la relevancia de las políticas de corresponsabilidad entre la alumna o alumno y el centro de estudios para que los estudiantes puedan terminar sus carreras. Porque de lo contrario existe insatisfacción académica y aumenta la deserción.

COLUMNA: Otras preguntas para nuevas respuestas

Publicado por Comunicaciones CM en Noticias destacadas , Fecha 30 enero , 2020

Por Mercedes Ducci Budge, presidenta de ComunidadMujer

La subsecretaria Carolina Torrealba ha dicho que las preguntas que nos haríamos como sociedad serían diferentes si las mujeres estuvieran bien representadas en las áreas de investigación. Muchos temas a los que no se les ha prestado atención aparecerían en su verdadera relevancia. Y eso es precisamente lo que necesitamos: hacernos otras preguntas que nos aporten nuevas respuestas”.

A pesar de las urgencias que el país está viviendo, y que nos afectan de diversas maneras, es importante mantener el foco en las medidas que efectivamente pueden encaminarnos a una vida mejor y más rica en posibilidades. Integrar activamente a la mitad de la población que no ha tenido suficiente influencia en la visión de sociedad que nos guía es una necesidad importante y urgente.

Esta semana, ComunidadMujer publicó el informe “Efecto económico del sesgo de género en las decisiones vocacionales” que concluyó que, en promedio, el ingreso proyectado de las mujeres al primer año de egresar es un 13% menos que el ingreso proyectado de los hombres. Diferencia que se explica solo por las carreras escogidas.

¿Por qué las mujeres se inclinan por áreas con menores expectativas económicas? Porque se van a los campos donde creen ser más hábiles y valoradas, y que perciben como acordes a lo que se espera de ellas. Creencia sostenida por años de educación formal marcada por sesgos y estereotipos, que refuerzan habilidades e intereses asociados a las áreas de servicios y de cuidados.

Sin embargo, existen mujeres dispuestas a transgredir los mandatos culturales que escogen carreras altamente masculinizadas. Y lo hacen con éxito: ellas tienen ingresos proyectados superiores a los de los hombres en la misma carrera.

Lamentablemente, la subrepresentación de las mujeres en las áreas de mayor influencia en la visión de sociedad sigue siendo la norma. En las ciencias, por ejemplo, solo un tercio de los doctorados en Chile son mujeres, brecha que se replica entre quienes se adjudican fondos de investigación Fondecyt. Además, solo un 17% de los centros de excelencia son liderados por mujeres. Y eso debe cambiar. El pasado 24 de enero el Ministerio de Ciencia presentó una “Hoja de Ruta” que guiará la construcción de una Política de Género para el sistema científico, tecnológico y de innovación del país. Y los anuncios son auspiciosos: se creará un observatorio de datos en ciencia, tecnología, conocimiento e innovación con enfoque de género. Se potenciarán estudios de género. Se fomentarán redes entre investigadoras. Se implementarán acciones afirmativas en los instrumentos de la ANID para propiciar la equidad de género. Se otorgará pre y post natal o la acreditación de años de productividad científica para mujeres que hayan tenido hijos.

Medidas que, si se concretan, ayudarán a distribuir mejor las oportunidades en el tan desigual mundo de las ciencias, permitiendo el desarrollo de las investigadoras en igualdad de condiciones.

La subsecretaria Carolina Torrealba ha dicho que las preguntas que nos haríamos como sociedad serían diferentes si las mujeres estuvieran bien representadas en las áreas de investigación. Muchos temas a los que no se les ha prestado atención aparecerían en su verdadera relevancia. Y eso es precisamente lo que necesitamos: hacernos otras preguntas que nos aporten nuevas respuestas.

*Columna publicada en La Tercera, el 30 de enero de 2020

COLUMNA: La (in) dignidad en la vejez

Publicado por Alejandra Sepúlveda en Género y educación , Mujer y trabajo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 17 enero , 2020

Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda, directora ejecutiva de ComunidadMujer

La precariedad en la vejez no es antojadiza y, en el caso de las mujeres, también responde a roles de género tradicionales. Asegurar una vejez digna es construir un país sano y socialmente sustentable. Ello está en el corazón de la demanda por un nuevo Pacto Social para Chile.

El debate sobre la reforma previsional comenzó esta semana a escribir su capítulo más importante, tras el aumento del Pilar Solidario, los anuncios presidenciales y el trabajo técnico y legislativo para acercar posiciones y llegar, esperamos, a una reforma que concite los acuerdos transversales que la viabilicen. La discusión debe estar a la altura del desafío, teniendo como horizonte el bien común, en un contexto de desconfianza y, a su vez, de gran expectativa social.

Es claro, estamos viviendo más años y la vulnerabilidad en la vejez afecta a gran parte de nuestra población. Se trata de una realidad dolorosa, que es más evidente entre las mujeres, pues en esa etapa se cristaliza una trayectoria marcada por brechas, discriminaciones en el mundo laboral ya conocidas y desventajas estructurales. Si a ello sumamos su edad de jubilación y mayor esperanza de vida, el panorama es desolador, con pensiones contributivas, en promedio, un tercio más bajas que las de los hombres, $186.000 v/s 281.000, respectivamente (Superintendencia de Pensiones, agosto 2019).