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Opinión

COLUMNA: “Pensiones: lo que debimos hacer antes”

Publicado por Daniela Sanchez M. en Noticias , Noticias destacadas , Fecha 20 noviembre , 2020

Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda,  Directora Ejecutiva de ComunidadMujer.

No es justo que las y los trabajadores sigan financiando mayormente esta crisis y que las soluciones propuestas comprometan de manera regresiva sus ya deficientes pensiones. ¿Es lo que debiésemos impulsar ahora, pensando en lo que no hicimos antes?”.

El nobel de Economía Joseph Stiglitz señala que, para tener más chances de salir airosos de la crisis, los países requieren una agenda integral, que incluya lo que se debió hacer antes para superar las desigualdades y lo que es necesario impulsar ahora. Y en ese listado de retos, la reforma a las pensiones aparece con fuerza dentro de lo que se debió antes en Chile, frente a la evidencia contundente, el profuso análisis de expertos/as y la nítida demanda ciudadana, sobre las fallas del sistema para asegurar una vejez con dignidad.

En medio de este debate, y con la pandemia en curso, las transferencias fiscales directas, destinadas a dar soporte y tranquilidad a las personas para cubrir sus necesidades básicas, han sido complejas en su implementación y entrega. Eso se ha traducido en que el esfuerzo económico más significativo para subsistir -entre tres y cuatro veces más que el Estado- lo han hecho las familias a través del retiro de 10% de las pensiones y sus fondos del Seguro de Cesantía.
Hoy frente a la discusión legislativa sobre un segundo retiro del 10%, los datos ilustran que no es sostenible una fórmula que sólo apele al esfuerzo individual y no a la solidaridad, sin establecer de manera clara cómo reintegrar esos recursos.

De acuerdo con la Superintendencia de Pensiones, al 30 de junio de 2020, previa aprobación de esta medida en el Congreso, en Chile había 94 mil personas (de las 11 millones afiliadas a las AFP) con saldo cero en sus cuentas, de las cuales el 49,2% eran mujeres. A su vez, se registraban 2,7 millones de afiliados con $1 millón o menos en sus cuentas individuales, siendo el 56,4% mujeres.

Tras el primer retiro, al 30 de septiembre, hay 1,5 millones de personas con saldo cero en sus cuentas, de las cuales el 62,4% son mujeres, y 2,3 millones de personas con $1 millón o menos, 51,5% de ellas mujeres. Potencialmente, entonces, son 3,7 millones de personas las que podrían quedarse sin fondos en sus cuentas con un segundo retiro.
Lo hemos dicho: ningún sistema de pensiones es neutral al género y el de capitalización individual reproduce y amplifica las brechas que se dan en el mercado laboral. De ahí que, al observar los datos, las mujeres sean las más perjudicadas. Se suma que también han sido las más afectadas por la pérdida de empleos y su lenta recuperación, derivada del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.

El Estado debe fortalecer la provisión de ayuda que cubra las necesidades cotidianas. La creación de una renta básica universal es una de las fórmulas indicadas por expertos/as para ello, que son parte de la discusión internacional y que hoy es pertinente discutir.

No es justo que las y los trabajadores sigan financiando mayormente esta crisis y que las soluciones propuestas comprometan de manera regresiva sus ya deficientes pensiones. ¿Es lo que debiésemos impulsar ahora, pensando en lo que no hicimos antes?

Columna publicada en La Tercera el viernes 20 de noviembre de 2020.

COLUMNA: La desproporcionalidad de la pandemia

Publicado por Claudia Yachan en Mujer y trabajo , Mujer y trabajo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 9 noviembre , 2020

Por Claudia Yachan Durán, directora de Comunicaciones de ComunidadMujer

Efectivamente el COVID 19 solo vino a agudizar una crisis de los cuidados que lleva décadas y a evidenciar la sobrecarga que se llevan las mujeres entre trabajo remunerado y no remunerado (conocida como carga global). El problema es que aquí no sólo hablamos de agotamiento, como podrían pensar algunos, sino del retroceso más brutal en términos de participación laboral de las mujeres.

Tenía esperanza. Esta pandemia podría ser una oportunidad real y concreta para poner acelerador al cambio cultural que tanto necesitamos, al menos, al interior de los hogares. De un día a otro, éstos se transformaron en oficinas, sala de juegos y de clases. Y con ello, se derribó una frontera hasta ahora bastante invisible, agudizando la crisis de los cuidados que, sabemos, afecta mayoritariamente a mujeres y niñas. Sí, era la gran oportunidad: hombres y mujeres, niños y niñas, confinados juntos, ante la evidente necesidad de hacerse cargo, como equipo, de las múltiples labores del día a día. Pero, al menos hasta ahora, nada ha cambiado y las cifras son devastadoras.

El último estudio del Centro de Encuestas y Estudios Longitudinales (UC) sobre la distribución del trabajo en los hogares durante la pandemia reveló, entre otros, que un 38% de los hombres dedicó cero horas semanales (sí, cero horas) a realizar tareas domésticas como cocinar, hacer aseo y lavar ropa, frente al 14% de las mujeres. En un revelador resumen, las mujeres dedicaron 9 horas semanales más que los hombres a estas labores.

Efectivamente el COVID 19 sólo vino a agudizar una crisis de los cuidados que lleva décadas y a evidenciar la sobrecarga que se llevan las mujeres entre trabajo remunerado y no remunerado (conocida como carga global). El problema es que aquí no sólo hablamos de agotamiento, como podrían pensar algunos, sino del retroceso más brutal en términos de participación laboral de las mujeres.

Según cálculos recientes de ComunidadMujer, en el último año 899 mil mujeres perdieron su empleo y el 88% de esas mujeres salió de la fuerza de trabajo, es decir, figuran como “inactivas” y no como “desocupadas” dado que no están buscando empleo. ¿Por qué? Precisamente por la inexistencia de un sistema de cuidados que les permita delegar esta función y salir a trabajar.

Así, la pérdida de puestos de trabajo no ha sido proporcional, sino que ha afectado considerablemente más a las mujeres. Sí, hablamos de un retroceso de, al menos, una década en términos de igualdad de género en el mercado laboral.

Sin ir más lejos, por estos días la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) indicó que la crisis económica generada por el Covid-19 dejará a 118 millones de latinoamericanas viviendo en la pobreza este 2020, un 22% más que el año anterior.

Esta pandemia, entonces, debiese comprometer la acción decidida de distintos actores de la sociedad y, entre ellos, también los medios de comunicación y la publicidad. Desde estos espacios es posible acelerar el cambio cultural, propiciar nuevos modelos de rol, no sólo para visibilizar a las mujeres donde suelen no estar, sino también para instalar nuevas masculinidades y una paternidad activa y corresponsable.
Por cierto, que ha habido avances en este sentido y probablemente el principal es que mucho de lo que hasta hace poco ni se cuestionaba, hoy comienza a parecer intolerable. La cobertura noticiosa de temas de violencia de género o intrafamiliar es ejemplo emblemático de esto, reproduciendo, en muchos casos, sesgos y estereotipos lamentables que terminan responsabilizando a la víctima y no al victimario (“Y la culpa no era mía, ni donde estaba ni como vestía” … ¿cierto?).

En este ámbito está todo por hacer y, por otras latitudes, la deconstrucción de la cultura patriarcal comienza a instalarse como tendencia. Al respecto, dos buenos ejemplos. El primero es Men Engage Alliance, una red global de 700 organizaciones de 70 países que, a través de estudios, buenas prácticas e investigación, busca transformar las masculinidades e involucrar activamente a hombres y niños para alcanzar una equidad de género. “Ellos deben ser parte de la solución”, sostienen, basados en principios feministas y de derechos humanos.

El otro es Unstereotype Alliance, plataforma de pensamiento y acción que busca erradicar los estereotipos dañinos de género en todos los medios y contenidos publicitarios. Convocada por ONU Mujeres, la entidad reúne a marcas socias y busca utilizar colectivamente la industria de la publicidad como una fuerza positiva para impulsar cambios a nivel global, empoderando a las mujeres en toda su diversidad y abordando las masculinidades dañinas para ayudar a construir un mundo con igualdad de género. Interesante y convocante.

Desde el punto de vista del trabajo, como organización hemos planteado con claridad que la trayectoria laboral de las mujeres y hombres no puede entenderse sin considerar las dos caras de la moneda: trabajo remunerado y trabajo no remunerado. En el mayoritario caso de los hombres, ellos son capaces de construir un desarrollo exitoso de carrera, ascender, capacitarse, porque asumen que pueden “delegar” el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado.

Somos testigos de las consecuencias de la ausencia de un sistema nacional de cuidados que, sumada a la falta de corresponsabilidad, obliga a las mujeres a estar constantemente lidiando con este tema, en desmedro de su autonomía económica, trayectorias profesionales, emprendimientos, su calidad de vida y las de sus familias. Y ojo, que esta lamentable discriminación social es avalada y reforzada por nuestro código laboral y una serie de leyes que, explícitamente, carga en ellas la exclusiva responsabilidad de las familias.

Con jardines y salas cunas cerradas, el panorama no es alentador. ¿Entonces qué hacer? Por una parte, requerimos con urgencia un cambio de paradigma del cuidado por uno donde se lo valore, pero en serio, y donde prime la corresponsabilidad. Sin ir más lejos, el estudio de ComunidadMujer “Cuánto aportamos al PIB” estimó, en primer lugar, que del total de horas de trabajo productivo, la mayor proporción corresponde al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado (53%) y que, a diferencia de las otras actividades es desarrollado mayoritariamente por mujeres (71%).

Otro resultado altamente relevante es que, el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado equivale al 22% del PIB Ampliado, lo que supera la contribución de todas las otras ramas de actividad económica.

El ser conscientes del valor económico de estas labores debiese empujar -de una vez- los cambios legislativos que han tardado más de lo debido, y que hace años venimos promoviendo las organizaciones feministas y de mujeres: sala cuna universal para hijos de trabajadoras y trabajadores, financiada por hombres y mujeres, tengan o no hijos, más empresa y Estado; licencias por enfermedad de hijos/as menores para padres y madres; crianza sin estereotipos y una educación no sexista, que permita que las próximas generaciones sean formadas en igualdad, entre otros.

Pero por estos días se abre otra ventana de oportunidad relevante: el proceso constituyente, que puede ayudar a instalar nuevos principios rectores, donde se releve la importancia del cuidado como eje de la sociedad y donde se consagre la corresponsabilidad social y parental como principios centrales. La experiencia internacional demuestra que ello permitiría habilitar leyes que den respuesta a esos principios.

Porque es hora de reconocer que este es un problema social y, por lo mismo, son múltiples los espacios a abordar y ámbitos en los que las leyes deben incidir. En lo inmediato, reiterar la urgencia de que las políticas públicas que se diseñen para enfrentar la crisis no sean neutrales en términos de género y ahí las autoridades tienen la palabra; no solo como un tema de justicia para las mujeres, sino de interés para el desarrollo y recuperación del país.

Columna publicada en Publifem, UDP, el 9 de noviembre de 2020

COLUMNA: “Las futuras protagonistas”

Publicado por Daniela Sanchez M. en Noticias , Noticias destacadas , Fecha 6 noviembre , 2020

Por Mercedes Ducci Budge, presidenta de ComunidadMujer.

Se habla de un cambio de época y será desafío de las y los jóvenes encontrar las respuestas en una sociedad digital en que no sirven más las mismas fórmulas que parecen agotadas. En ese futuro, las niñas deben tener un lugar protagónico”.

Las y los centennials marcaron su presencia como votantes en el Plebiscito del 25 de octubre. Y, sin dudas, seguirán activos para lo que viene. Según el estudio “¿Qué perfil de constituyentes queremos?” (Espacio Público), en Chile el segmento entre 15 y 24 es el que más interés tiene en el proceso constituyente y, entre todos los segmentos etarios, las y los más jóvenes aparecen como quienes creen estar mejor informados sobre el proceso y muestran una alta determinación de votar en las elecciones de constituyentes. Según la caracterización que se hace de este grupo etario, posiblemente sean los más impacientes y quienes tengan la más alta expectativa de cambio en el proceso que se inicia en nuestro país.

¿Quiénes son centennials? Básicamente los menores de 24. En Chile son 4,7 millones de personas. Nacieron en un entorno tecnologizado, están acostumbrados a los resultados rápidos, se sienten distanciados de los gobiernos, adhieren a causas sociales y la preocupación por el medioambiente es una de sus banderas. Saben cuánto afectarán su futuro las decisiones de hoy.

Se habla de un cambio de época y será desafío de las y los jóvenes encontrar las respuestas en una sociedad digital en que no sirven más las mismas fórmulas que parecen agotadas.

Y en ese futuro, las niñas deben tener un lugar protagónico. Las adolescentes de hoy crecieron en un mundo interconectado, donde ya hay muchas mujeres que han gobernado, otras que han hecho gigantescos aportes en las ciencias y las matemáticas, hay líderes que conducen grandes empresas y que comandan innovación. Han visto mujeres a la cabeza de la FED, el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional.

Ellas ya saben que las niñas pueden, como venimos repitiendo desde ComunidadMujer hace ya varios años. Han visto cómo cada barrera va cediendo, incluso en espacios tan masculinos como el fútbol. Aunque falta mucho, el camino para que ellas influyan poderosamente se ve más abierto que nunca antes. Si la corresponsabilidad avanza y se comparte el trabajo doméstico y de cuidado, ellas podrán pensar y ejecutar en grande.

Greta Thunberg con la causa del Medio Ambiente o Malala Yousafzai abogando por la educación de las niñas no son casos aislados. Están asumiendo un rol protagónico que antes no habría sido posible.

En Chile tenemos grandes ejemplos, como Tremendas, una plataforma para visibilizar a las jóvenes empoderadas, que canalizan su talento con sentido, buscando mejorar la sociedad. Hay otras iniciativas como Ingeniosas, que fomenta vocaciones en ciencia y tecnología. O el colectivo Niñas Valientes que, a través de la educación emocional, empodera a niñas y adolescentes. Como esas, muchas organizaciones buscamos dar alas a las niñas, para que puedan desarrollar todas sus posibilidades, sin límites. Nuestro país va a requerir de todo su talento y con los problemas que enfrenta, el mundo necesita que ellas aporten una nueva perspectiva. Las niñas pueden.

Columna publicada en La Tercera el viernes 06 de noviembre de 2020.

COLUMNA: “El día después…”

Publicado por Daniela Sanchez M. en Noticias , Noticias destacadas , Fecha 23 octubre , 2020

Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda, Directora Ejecutiva de ComunidadMujer.

Y ahora ¿cómo avanzamos? Dialogando con respeto, atreviéndonos a escuchar lo incómodo, superando las desconfianzas y fortaleciendo nuestra democracia. Un diálogo en que las mujeres debemos ocupar un papel preponderante. Por eso, este domingo, hagamos historia. Vayamos masivamente a votar para que nuestra voz sea escuchada”.

Será lunes. El primer día de la semana, uno que habla de comienzos, que nos invita a planificar, proyectarnos y organizarnos. Una invitación, de las tantas que nos regala este proceso Constituyente, a establecer nuevas y necesarias conversaciones. Porque, tras la histórica votación del domingo 25, nuestro día después, el de los titulares que recorrerán el mundo, marcará un punto de partida. La ciudadanía se habrá pronunciado en torno al futuro común para Chile. Y no hay que equivocarse. El resultado que se obtenga no deberá interpretarse en blanco y negro o de vencedores y vencidos. Porque ante la magnitud de los desafíos, la tarea de construir un nuevo pacto social nos debe convocar e incluir a todos y a todas.

Enfrentamos tiempos difíciles y un malestar social que se ha ido instalando en nuestra convivencia de manera profunda, con razones multifactoriales de las que ya surge un camino posible: acometer reformas estructurales y cambios de conducta que nos permitan superar la dolorosa desigualdad de ingresos y oportunidades, la segregación, la violencia en el trato y dignidad de las personas, las discriminaciones por género, etnia, orientación sexual y tantos otros síntomas de una sociedad cuya dinámica e inercia obstaculiza la movilidad social, la cohesión y mayor calidad de vida de sus habitantes. Cambiar para que nada cambie ya no es opción.

Es claro. La transformación social no afecta de la misma manera a las personas, en particular a hombres y mujeres, pudiendo acrecentar las desigualdades, como ha ocurrido en estas décadas de desarrollo económico. Por eso, al despertar, el 26 de octubre tenemos que preguntarnos ¿qué puede hacer cada uno para avanzar y hacer las cosas distinto? Un reciente estudio de “Percepciones sobre desigualdad de la élite chilena” (Círculo de Directores, Unholster, IESE Business School) ya dio algunas pistas sobre la importancia de tomar conciencia. La élite chilena tiene una visión “idealizada” de la realidad de quienes viven en comunas de nivel socioeconómico medio o bajo. Por ejemplo, creen que la clase media es el 57% de la población, cuando en realidad son el 20%, o que la clase baja es el 20% cuando en verdad es el 77%, entre otros. No obstante, el 65% considera que la desigualdad debería estar entre los principales problemas a resolver en el país.

Y cómo no va a serlo, si ya sabemos que en tiempos de pandemia el mayor esfuerzo económico para subsistir lo han puesto las propias familias echando mano, principalmente, del 10% de las AFP y por 16 mil millones de dólares (Superintendencia de Pensiones) mientras el Estado ha aportado con 4 mil millones de dólares (Dipres).

Y ahora ¿cómo avanzamos? Dialogando con respeto, atreviéndonos a escuchar lo incómodo, superando las desconfianzas y fortaleciendo nuestra democracia. Un diálogo en que las mujeres debemos ocupar un papel preponderante. Por eso, este domingo, hagamos historia. Vayamos masivamente a votar para que nuestra voz sea escuchada.

Columna publicada en La Tercera el viernes 23 de octubre de 2020.

COLUMNA: “Hacia un destino común”

Publicado por Daniela Sanchez M. en Institucionales , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 9 octubre , 2020

Por Mercedes Ducci Budge, presidenta de ComunidadMujer.

Una vez más, estamos en octubre. A días de conmemorar el inicio del estallido social y a dos semanas de un trascendental plebiscito. A pesar de las divisiones, lo que estamos decidiendo es un destino común. Y lo que nos va a sostener como democracia es que haya una unidad”.

Cuando se supo de los lamentables eventos del viernes pasado en el Puente Pío Nono, la reacción visceral no se hizo esperar. Unos no dudaron que el carabinero había arrojado voluntariamente al joven al lecho del río. Otros decidieron que el adolescente se había puesto en peligro y era responsable de su caída. Los videos desde varios ángulos que se publicaron esa misma noche no variaron el sentimiento de quien los vio con una opinión ya asumida.
Algunos clamaron venganza. También la fiscal Ximena Chong, a cargo del caso, sufrió la violencia de las redes sociales, al punto que la Asociación de Fiscales decidió emitir una declaración respaldándola y haciendo hincapié en lo clave de la independencia de la justicia. Los impactantes y dolorosos sucesos removieron, nuevamente, la profunda desconfianza y antagonismo que nos divide, y no sólo respecto del actuar de la policía.

Una vez más, estamos en octubre. A días de conmemorar el inicio del estallido social y a dos semanas de un trascendental plebiscito. A pesar de las divisiones, lo que estamos decidiendo es un destino común. Y lo que nos va a sostener como democracia es que haya una unidad, a pesar de la diversidad, y que sea posible reconocer como norte el bien común. Estamos necesitados de un mundo político con mayor altura de miras y alejado de la polarización.
Se le ha llamado “amistad cívica” a esa condición que permite a personas que no son cercanas y que pueden tener grandes diferencias, pensar un mundo compartido. Se ve al otro/a como amigo/a -y no como enemigo- no porque se lo haya elegido, sino porque se comparte un destino común. Y es de interés de todos y todas contribuir a que el diálogo sea honesto y constructivo, porque se supone que, así se construyen las respuestas. No significa evitar la disputa ni menos tratar sólo con personas con las que no se entra en conflicto.

El espacio público es, necesariamente, diverso y plural. Pero lo que es más común hoy, en tiempos de redes sociales, es relacionarse con los que piensan igual y acrecentar el rechazo, la desconfianza y, a menudo, el hostigamiento hacia los que piensan distinto. Eso va produciendo una mayor polarización y un debilitamiento creciente de las instituciones y de la democracia.

En sus inicios, ComunidadMujer llevó adelante la causa de la amistad cívica, y hoy nos parece más necesario que nunca buscar activamente esos valores compartidos que hagan posible la vida en común. Reencontrarnos en esa voluntad de construir un destino juntos/as, a pesar de las diferencias. Legitimar una opinión distinta, respetar para los y las demás los derechos que exigimos para nosotros y aceptar los deberes que conllevan esos derechos, es un primer paso para atravesar, con confianza, los tiempos de cambio.

Columna publicada en La Tercera el viernes 09 de octubre de 2020.