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Opinión

COLUMNA: El legado de esta crisis

Publicado por Mercedes Ducci en Género y educación , Institucionales , Liderazgo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 15 julio , 2020

 

Por Mercedes Ducci Budge, presidenta de ComunidadMujer.

La deserción escolar es un predictor de pobreza. Que las niñas más vulnerables se sigan educando puede ser la diferencia entre un 2020 que se cuenta como una prueba superada o como un dolor que se prolonga porque ganó la adversidad”.

Este año será evocado en las conversaciones futuras por la huella que dejó en nuestras vidas. Muchos habrán perdido seres queridos. Para otros, el recuerdo principal será la quemante experiencia de la vulnerabilidad física y económica. Y algunos atesorarán aprendizajes de un tiempo distinto a todo lo que conocíamos. Pero este 2020 tiene la posibilidad de ser devastador para los niños y las niñas de hoy que arrastren los efectos de esta pandemia hasta sus vidas adultas.

La educación es determinante en el progreso y la movilidad social, la inserción laboral y los ingresos. En este tiempo, hemos visto grandes esfuerzos de las y los profesores por continuar la educación de sus alumnos. Se ha avanzado en digitalización y se han usado todos los medios disponibles para llegar a niños y niñas. Una asignatura se puede recuperar. Lo grave es que se rompa el hábito y, con él, el vínculo con una comunidad educativa donde hay desafíos, rigor, diversidad, afán de superación y tantos otros valores que definen nuestra vida adulta.

Ir a la escuela no es un hábito tan automático como se podría desear. Cuando se vive en un hogar donde hay drogadicción, alcoholismo o violencia, la asistencia está en suspenso día a día. En cuarentena, ese vínculo puede debilitarse aún más. Casi un tercio de las personas en hacinamiento tienen entre 4 y 17 años (Idea País, 2020). El 17% de los niños, niñas y adolescentes viven en hogares carentes desde el punto de vista material. Y muchos no logran seguir las clases virtuales porque no tienen conexión a internet o computador (43,1% de los hogares no tenía computador, según Casen 2017), o porque el adulto en su casa no tiene la preparación o el tiempo para guiarlos en su aprendizaje.

El apremio económico agrava el peligro de desertar y quedar fuera del sistema educacional. Las más vulnerables son las niñas que, cuando se convierten en Ninis (que no estudian ni trabajan, pero en su mayoría sí realizan tareas de cuidado), tienen una gran dificultad para reinsertarse. Y esto puede definir sus vidas. Ellas pagan un alto precio en pérdida de autoestima, embarazo adolescente, dificultades para emplearse y lograr autonomía. Las brechas crecerán en la adultez y las conducirán a una pensión bajísima en la vejez. La deserción escolar es un predictor de pobreza.

Las generaciones que ahora se están educando enfrentarán un entorno laboral más digitalizado y, en un escenario post COVID-19, con una mayor automatización. El desafío es encontrar el momento adecuado para volver a clases, sin sacrificar la seguridad, y dar las mayores facilidades para que las y los alumnos retornen. Tomar esa decisión con altura de miras y mostrar una visión de futuro, en que valga la pena hacer el esfuerzo porque habrá la retribución de una vida mejor, es crucial. Mientras, que las niñas más vulnerables se sigan educando puede ser la diferencia entre un 2020 que se cuenta como una prueba superada o como un dolor que se prolonga porque ganó la adversidad.

Columna publicada en La Tercera el viernes 17 de julio de 2020.

COLUMNA: La primera gran lección de la pandemia

Publicado por Alejandra Sepúlveda en Institucionales , Liderazgo , Mujer y política , Mujer y trabajo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 2 julio , 2020

Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda, Directora Ejecutiva de ComunidadMujer.

¿Cómo avanzamos? ¿Cómo llegamos a más acuerdos como el que unió a las fuerzas políticas en torno a un nuevo proceso constituyente o el que dio un marco expansivo al gasto fiscal para enfrentar la crisis? La respuesta, al decir de Duflo, está en poner la dignidad de las personas en el centro de la protección social, en un mundo riesgoso e incierto. Probablemente, ahí está la verdadera oportunidad de recuperar la confianza”.

El martes se conoció la resolución del Consejo de la Alta Dirección Pública sobre la rebaja de la dieta parlamentaria y de secretarios de Estado en un 25% y en un 10% la del Presidente, intendentes y subsecretarios/as. A la espera de la designación de una comisión que debe fijar dichas remuneraciones cada cuatro años, esta medida va en la dirección correcta, pese a que “es completamente insuficiente” -según el propio Consejo- para resolver la crisis de confianza que afecta a las instituciones. Y llega en un momento dramático para el país, cuando se han destruido en dos meses 1,5 millones de puestos de trabajo y el desempleo ya subió a cifras inéditas: 11% en hombres y 11,5% en mujeres. Mientras la economía se desploma, surge con nitidez el paisaje de pobreza y necesidad.

Se oscurece nuestro horizonte con un virus que no da tregua y, más que nunca, necesitamos del buen hacer de la política, la democracia y sus instituciones. Es una de las primeras lecciones que deja esta pandemia, a la luz de la experiencia internacional, con la Primera Ministra neozelandesa a la cabeza, y al decir de muchos analistas. Sin ir más lejos, la premio nobel de Economía Esther Dufloó, comentaba el viernes recién pasado el mal momento Latinoamericano y la confianza en los gobiernos como determinante del éxito en el manejo de la crisis. “Si son eficaces, se crea confianza y sentido colectivo (…) si se percibe que fracasan, eso puede acelerar el desastre”.

Palabras que resuenan fuerte acá, ante una trayectoria larga de pérdida de certidumbre y seguridad de la ciudadanía, que obliga a enmendar el rumbo, no sólo utilizando todas las herramientas de apoyo al alcance, sino también con liderazgos empáticos, que escuchan y son capaces de alcanzar acuerdos duraderos en aras del bien común.

Por eso, no ayudan afirmaciones como las del intendente de Santiago respecto del caso Fruna. La autoridad tildó de “estupidez” que un jardín infantil operara irregularmente para dar respuesta a las operarias de la empresa obligadas a trabajar, a pesar de su cuestionable giro como “servicio esencial”. Pero nada dijo sobre el fondo: madres que no tienen cómo resolver el dilema del cuidado de sus hijos durante el estado de catástrofe y que, ante la necesidad, aceptan las condiciones de su empleador. Ellas, al igual que miles de trabajadoras con hijos menores de un año, siguen esperando una respuesta del Estado que ha tardado demasiado en llegar: un posnatal de emergencia u otras alternativas que no precaricen más su situación y las empuje a la inactividad.

¿Cómo avanzamos? ¿Cómo llegamos a más acuerdos como el que unió a las fuerzas políticas en torno a un nuevo proceso constituyente o el que dio un marco expansivo al gasto fiscal para enfrentar la crisis? La respuesta, al decir de Duflo, está en poner la dignidad de las personas en el centro de la protección social, en un mundo riesgoso e incierto. Probablemente, ahí está la verdadera oportunidad de recuperar la confianza.

Columna publicada en La Tercera, el jueves 02 de julio de 2020.

COLUMNA: Sí, hoy hay mucho en juego

Publicado por Alejandra Sepúlveda en Género y educación , Institucionales , Liderazgo , Mujer y trabajo , Noticias destacadas , Prensa Escrita , Fecha 4 junio , 2020

Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda, directora ejecutiva de ComunidadMujer.

Preocupa la tremenda falta de perspectiva de género en la estrategia y medidas de las autoridades para abordar esta crisis. Un botón de muestra: dentro de las cajas que hoy distribuye el Estado a las familias no hay un kit de higiene para las mujeres, protocolo más que conocido a nivel mundial en catástrofes”.

En menos de una semana, el gobierno tuvo que bajar de sus redes dos videos de campañas vinculadas con temas de género. El primero, “La casa de Lala”, patrocinado por la Subsecretaría de la Niñez, versaba sobre el “papá” y el teletrabajo. Pero la historia tenía una enorme carga de estereotipos que están a la base de la discriminación hacia las mujeres. También naturalizaba el comportamiento agresivo del papá, que descargaba su ira contra una caja con sus elementos de trabajo, mientras su esposa e hijos lo observaban comprensivos. Inentendible.

El segundo video irrumpió este lunes en las redes del Ministerio y del Servicio de la Mujer y la Equidad de Género. La campaña #CuentasConmigo mostraba a un abuelo, con pasado de agresor, que escribía una carta a su nieta maltratada por su pololo, donde hacía su propio mea culpa. El video no tenía un mensaje claro a la víctima del tipo “no toleres más violencia, denuncia o busca ayuda”, tampoco para el agresor, diciendo “la violencia es un delito”. Un despropósito mayúsculo, más en estos momentos, cuando muchas mujeres están encerradas con sus agresores por la cuarentena y lo que urge son políticas públicas claras de información y protección hacia las víctimas.

Estos episodios reflejan un problema de fondo: sin un marco teórico común sobre la violencia de género -pese a los ríos de tinta escritos al respecto-, ésta se seguirá reproduciendo y el Estado no podrá dar una respuesta eficaz a una de las más complejas lacras de nuestra sociedad.

Preocupa, también, la tremenda falta de perspectiva de género en la estrategia y medidas de las autoridades para abordar esta crisis. Y no es porque las organizaciones de mujeres no lo hayamos planteado, siempre con actitud dialogante y propositiva. Un botón de muestra: dentro de las cajas que hoy distribuye el Estado a las familias no hay un kit de higiene para las mujeres, protocolo más que conocido a nivel mundial en catástrofes.

Si hoy la voluntad es llegar a un acuerdo nacional para salir de esta emergencia, no podemos hacerlo aplicando las fórmulas de siempre. Urge reparar las desigualdades estructurales y eso pasa por entender que cada decisión o medida que tomamos afecta de manera diferente a hombres y mujeres: ellas son las principales afectadas por de esta pandemia, más cuando la pobreza y la vulnerabilidad arrecian. Y sabemos que cada peso que el Estado gasta en una mujer, es uno que ella invierte en el bienestar de sus familias, tal como lo ha comprobado ampliamente en sus investigaciones de impacto la economista Premio Nobel Esther Duflo.

Las mujeres son claves en la recuperación económica y es hora de reconocerlo. El Presidente podría partir, como le sugerimos en reunión el 22 de abril, declarando públicamente el compromiso del gobierno con un manejo de crisis con perspectiva de género. Sí, hoy hay mucho en juego. No podemos permitir retrocesos en lo que tanto nos ha costado avanzar.

Columna publicada en La Tercera, el jueves 04 de junio de 2020.

COLUMNA: Vulnerabilidad de origen

Publicado por Mercedes Ducci en Género y educación , Mujer y trabajo , Mujer y trabajo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 22 mayo , 2020

Por Mercedes Ducci Budge, presidenta de ComunidadMujer

De algún modo hay que saltar a otra etapa y la pandemia nos está forzando. Una crisis tan dramática como esta no puede pasar en vano. Si vamos a enfrentar todo el sufrimiento que necesariamente trae, al menos utilicemos la oportunidad de aprender que nos ofrece. Conectarnos con esa vulnerabilidad de origen es un camino para reconocer nuestra interdependencia y reconstruirnos como una sociedad capaz de escucharse, de cuidarse unos/as a otros/as y de valorar el aporte de cada cual. Sólo si logramos conectarnos ahora, desde eso que nos hace humanos, podremos enfrentar la otra crisis, la crisis económica y social que pulsa en el trasfondo.

Al llegar a lo más profundo de esta crisis, estallan los miedos, crece la angustia y nos encontramos de frente con nuestra profunda vulnerabilidad. La perspectiva de que los hospitales puedan colapsar y se deba elegir a quién dar prioridad, resulta aterradora. Esta pandemia nos conecta con algo muy profundo de nosotros mismos.

Porque los seres humanos sabemos lo que es la vulnerabilidad, aunque procuremos olvidarlo. Somos la especie que nace más desvalida. Adolf Portmann estimó que la gestación tendría que durar entre 18 y 21 meses, para alcanzar un desarrollo neurológico y cognitivo similar al de los chimpancés. La evolución de nuestro cerebro, para hacernos más inteligentes, hizo que el cráneo creciera. La cabeza no cabría en la pelvis femenina si el desarrollo avanzara más.
Al nacer, nuestra especie no tiene ninguna posibilidad de alimentarse por sí sola ni de procurarse el calor que necesita. Demora un año en ser capaz de caminar. Todo lo que conocemos como experiencia de familia nace de la necesidad de un círculo de amor y protección que nos permite suplir ese desamparo y, en el proceso, eso nos ha hecho humanos.

En este momento de vulnerabilidad profunda, algo hay de esa experiencia de origen. Pero no hay quién pueda darnos seguridad o certezas. Estamos en nuevo territorio. Las mujeres asumen la parte invisible, la demanda aumentada de cuidado de la enorme cantidad de personas que están en casa y que requieren atención, especialmente los niños y los ancianos. También ellas son mayoría entre quienes trabajan en los servicios de salud y en las áreas donde los empleos están siendo más amenazados. La sobrecarga trae un creciente estrés. Aún con ese constante esfuerzo puertas adentro, la violencia se ensaña en muchos hogares y, como sociedad, no logramos dar suficiente apoyo.

El tenor de la política y las redes sociales refleja la frustración frente a la incertidumbre. Los “enemigos” son el foco de la rabia y la hostilidad. Cada día sube la tensión. El miedo nos hace mezquinos. Y cuando más lo necesitamos, no logramos atrapar ese sentimiento de protección, de contar unos con otros, de poder sumar las fortalezas y suplir las debilidades.

Pero de algún modo hay que saltar a otra etapa y la pandemia nos está forzando. Una crisis tan dramática como esta no puede pasar en vano. Si vamos a enfrentar todo el sufrimiento que necesariamente trae, al menos utilicemos la oportunidad de aprender que nos ofrece. Conectarnos con esa vulnerabilidad de origen es un camino para reconocer nuestra interdependencia y reconstruirnos como una sociedad capaz de escucharse, de cuidarse unos/as a otros/as y de valorar el aporte de cada cual. Sólo si logramos conectarnos ahora, desde eso que nos hace humanos, podremos enfrentar la otra crisis, la crisis económica y social que pulsa en el trasfondo.

Columna publicada en La Tercera, el 20 de mayo de 2020.

COLUMNA: El virus, las mujeres y la reactivación

Publicado por Alejandra Sepúlveda en Noticias , Noticias destacadas , Fecha 7 mayo , 2020

Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda, Directora Ejecutiva de ComunidadMujer

El papel de las mujeres en la reactivación económica es crucial. Se necesita de una estrategia, en el corto plazo, para integrarlas, pero también trabajar en el diseño de la sociedad que queremos sin lamentar retrocesos dramáticos en el camino hacia la equidad de género, pilar clave del desarrollo sostenible.

La reciente conmemoración del Día del Trabajo dejó noticias desalentadoras. Una, que las tasas de desocupación para el trimestre enero-marzo son las más altas de la última década, en los hombres de un 7,1% (357 mil) y en las mujeres de 9,7%, (402 mil). Y todo indica que este número seguirá creciendo, a medida que nos acercamos al peak de la pandemia y entramos en una grave recesión económica interna y mundial.

Según la experiencia internacional, en muchos países la primera ronda de despidos ha sido particularmente aguda en el sector servicios, incluidos comercio minorista, hotelería y turismo, donde las mujeres están sobrerrepresentadas (PNUD, 2020). Chile sigue la misma tendencia, y suma una alta informalidad en la ocupación nacional, que alcanza un millón 428 mil hombres (27.5%) y un millón 150 mil mujeres (30,8%).