downloademailfichalinklocationpdf phonepresentacionquotesearch sharevideo

Opinión

COLUMNA: Paridad con letra chica

Publicado por Daniela Sanchez M. en Institucionales , Liderazgo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 29 enero , 2021

Por Paula Poblete Maureira, Directora de Estudios de ComunidadMujer.

Las organizaciones de mujeres y feministas seguiremos siendo guardianas de la aplicación de la norma. Porque, por si aún no ha quedado claro (lo escribimos con letra grande) LA PARIDAD LLEGÓ PARA QUEDARSE. Nunca más sin nosotras”.

A propósito del debate constitucional, se escucha a menudo a quienes plantean “no es necesario dejar todo por escrito” y se ejemplifica con el caso de Australia, país que no tiene consagrado en su Constitución ningún derecho social, pero donde igualmente se garantizan. En Chile, lamentablemente, no contamos con los mismos niveles de confianza institucional, ejemplos hay miles. Por ello, ¿cómo no dejar todo claro y específicamente por escrito, si cada espacio, cada resquicio, por mínimo que sea, da pie para reinterpretar la norma o su espíritu?

De esto hubo clara muestra el pasado fin de semana con la cuestionada interpretación de la ley de paridad que hizo el SERVEL, permitiendo que listas de candidaturas a la Convención Constitucional fueran aceptadas, pese a que no cumplen con la regla de alternancia mujer-hombre, lo que se conoce como mecanismo “cebra”.

En Chile las brechas de género se presentan a lo largo de todo el ciclo de vida de las mujeres y en todos los ámbitos: educación, salud, trabajo, justicia, etc. y, por supuesto, también en la política, en el acceso a la toma de decisiones y a la representación democrática. Con el objetivo de subsanar esta subrepresentación histórica de las mujeres, el 4 de marzo pasado se aprobó una reforma constitucional que buscaba garantizar la paridad de género en las candidaturas y en la conformación del órgano constituyente. Ese es el espíritu de la norma, no otro.

La normativa consagra que las listas deben estar encabezadas por una mujer y que los hombres deben alternarse sucesivamente con las mujeres. Al mismo tiempo, indica que “si el total de postulantes fuere impar, un sexo no podrá superar al otro en más de uno”. Por lo tanto, si la lista es impar, está encabezada por una mujer y va en cebra, la única posibilidad es que termine en una mujer y así, solo pueda haber una mujer más que el número de hombres en la lista.

Sin embargo, como para las listas impares no está escrito “una mujer más” sino “uno más de uno de los sexos”, hubo quienes propiciaron la idea de que era factible que hubiese un hombre más. Pero si priman los otros dos requisitos de la norma: encabezamiento de mujeres y cebra, lo anterior no podría ser posible. ¿Por qué el SERVEL hace valer un criterio que, precisamente, contradice el principio que la reforma constitucional defendió? Es lamentable que en una normativa de paridad de género la redacción de un inciso dé pie a toda esta confusión.
Y aunque a pesar de esta interpretación, las candidaturas son paritarias y la Convención, por otros mecanismos, igualmente lo será, la competencia se tiñe, una vez más, de la subvaloración que los temas de género suelen tener: se rechazan candidaturas por otras múltiples razones, pero por incumplir la cebra no hay rechazo.

Las organizaciones de mujeres y feministas seguiremos siendo guardianas de la aplicación de la norma. Porque, por si aún no ha quedado claro (lo escribimos con letra grande) LA PARIDAD LLEGÓ PARA QUEDARSE. Nunca más sin nosotras.

Columna publicada en La Tercera el viernes 29 de enero de 2021.

COLUMNA: Despacito…

Publicado por Mercedes Ducci en Mujer y política , Mujer y política , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 15 enero , 2021

Mercedes Ducci Budge, presidenta de ComunidadMujer

Tengo la aspiración de que al leer la Constitución podamos “sentir” que realmente fue escrita para mujeres y hombres. Que cuando se debatan los derechos se esté pensando en las necesidades de ellas y ellos y no sea, como hasta ahora, que para introducir lo que es adecuado para las mujeres tengamos que enmendar lo que hay.

La inscripción de más de tres mil nombres, de los cuales la mitad son de mujeres, es un hito notable en el camino hacia el nacimiento de una nueva Constitución. El resultado debiera ser que ¡al fin! escuchemos las voces y las visiones de las mujeres en igualdad de condiciones, en esta campaña y, después de la elección de abril, en el órgano constitucional.

Hablar de “las mujeres” como una sola cosa es, por supuesto, una abstracción. En las distintas listas figura una amplísima variedad de ellas, con distintas experiencias, distintos puntos de vista, distintos estilos y cuyas razones para estar ahí también difieren. Pero todas saben, de primera mano, en cuáles aspectos de la sociedad sus necesidades y derechos no se han considerado y ahora están dispuestas a asumir un rol activo. Todas están desafiando esa visión tradicional de que las mujeres juegan mejor en el espacio privado y los hombres en el espacio público: Esa visión tácita que les definía la vida, casi únicamente desde su rol de madres y/o cuidadoras, y que resultó en la invisibilización casi completa de las mujeres en la esfera pública, al menos hasta la segunda mitad del siglo pasado.

El silencio forzoso de las mujeres ha reflejado su privación de poder, como demuestra la académica británica Mary Beard en su obra “Mujeres y Poder”. En público las mujeres no hablaban o hablaban “despacito”.

COLUMNA: Mujeres y niñez: Diada clave del 2021

Publicado por Daniela Sanchez M. en Mujer y trabajo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 31 diciembre , 2020

Alejandra Sepúlveda Peñaranda, directora ejecutiva de ComunidadMujer.

Hoy las madres están siendo amortiguadoras de la sociedad, nos dice la novelista estadounidense Jessica Grose. Y sus hijos/as están pagando un costo altísimo. Por eso el foco de la recuperación 2021 debe estar en la educación, el trabajo formal, la corresponsabilidad y el apoyo decidido, sistémico y resiliente en las responsabilidades de cuidado. No hay más tiempo que perder”.

Al término del 2020 nos sigue acechando la pandemia, ahora con una nueva cepa de coronavirus que acaba de llegar. Esto nos recuerda cuán vulnerables seguimos siendo, lo importante que es cuidarse y actuar con responsabilidad. Pero también nos obliga a dar un mayor sentido de urgencia a los acuerdos para que las enormes pérdidas que ya experimentamos no se vuelvan crónicas e irremontables.

Frente a un primer balance, preocupa la naturalización de los costos de esta crisis multidimensional en las mujeres y la niñez. Hemos retrocedido una década en participación laboral femenina. Se desplomaron actividades económicas que las empleaban y muchas tuvieron que renunciar a sus fuentes laborales por tener que cuidar a personas dependientes. Al mismo tiempo, hemos retrocedido en educación, ante la imposibilidad de brindar un adecuado y equitativo proceso de aprendizaje y desarrollo socio-emocional a más de 3,6 millones de escolares, cuyos establecimientos educacionales cerraron el 16 de marzo.

Cabe preguntarse ¿qué reactivación es la que estamos impulsando como país? Cuando ya sabemos que esta pandemia tiene el poder de comprometer el futuro de una generación completa, resulta prioritario invertir en la adecuación de las rutinas y la infraestructura de las escuelas, jardines infantiles y salas cuna, con los estándares sanitarios que permitan su pronta apertura y poner a las y los docentes prioritarios en la vacunación.

Los actuales indicadores de empleo femenino y del sistema educacional justifican con creces estas medidas. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Empleo del INE, a comienzos de 2020 las mujeres eran el 42% de los casi 9 millones de personas ocupadas en Chile. Sin embargo, en el momento más duro de esta crisis, cuando se perdieron más de 1,8 millones de empleos (trim. may-jul), las mujeres representaron el 49% de esa pérdida (899 mil), es decir, proporcionalmente fueron más afectadas. Hoy, con la última ENE disponible (trim. ago-oct), sabemos que en Chile se han recuperado casi 600 mil empleos, de ellos las mujeres representan solo el 40% (237 mil).

Por otra parte, de acuerdo con el informe de la mesa técnica sobre deserción escolar (Mineduc), se proyecta que 81.099 niñas, niños y jóvenes entre 6° Básico y 4° Medio se desvincularán definitivamente del sistema educativo por la pandemia, en el peor escenario.
Las políticas públicas son fundamentales. El reciente subsidio al empleo para nuevas contrataciones de mujeres, 20 mil pesos más alto que los hombres, ni siquiera cubre la diferencia por brecha salarial de género. Por eso, mientras se avanza en las reformas al Código del Trabajo que liberen a las mujeres de la carga exclusiva de la familia, se requiere disponibilizar todo tipo de dispositivos de cuidado que promuevan la corresponsabilidad social y parental, como los que se pueden organizar en las comunidades con algún tipo de subsidio estatal o del uso del bono compensatorio de sala cuna ya existente.

También es clave poner el foco en la necesidad de un retorno a clases inclusivo y sostenible y, para ello, iniciar un diálogo con todos los actores involucrados, viabilizando el proceso con más acuerdos y menos cálculos políticos. Hoy las madres están siendo amortiguadoras de la sociedad, nos dice la novelista estadounidense Jessica Grose. Y sus hijos/as están pagando un costo altísimo. Por eso el foco de la recuperación 2021 debe estar en la educación, el trabajo formal, la corresponsabilidad y el apoyo decidido, sistémico y resiliente en las responsabilidades de cuidado. No hay más tiempo que perder.

Columna publicada en Pulso de La Tercera el jueves 31 de diciembre de 2020.

COLUMNA: “La sombra del Covid-19”

Publicado por Daniela Sanchez M. en Noticias , Noticias destacadas , Fecha 18 diciembre , 2020

Por Mercedes Ducci Budge, presidenta de ComunidadMujer.

Este año hemos observado nuevas sombras, pero también nuevas luces. El gigantesco desafío económico, social y ambiental nos demanda aplicar todo el aprendizaje de este año singular. La lección más poderosa ha sido tal vez la de nuestra vulnerabilidad y nuestra interdependencia frente a las crisis. Hemos dicho mil veces que sólo podemos salir juntos. Este es el momento de ponerlo en práctica”.

El eclipse me pareció una síntesis de lo que ha sido este año. Las imágenes desde el satélite mostraron vívidamente cómo esa gran sombra se desplazaba sobre la tierra. Así como la luna eclipsó el sol, este año el Covid-19 se interpuso entre nosotros y lo que era nuestra asumida cotidianeidad, y proyectó su sombra en nuestras vidas. Y tal como nuestros ancestros se preguntaron qué sería de ellos si el sol desaparecía y la oscuridad duraba para siempre, nos ha rondado la inquietud de cómo serían nuestras vidas si el virus se prolongara indefinidamente y hubiera que renunciar a tantas cosas que valoramos, como la cercanía física y poder compartir en comunidad.

Estamos en camino de reformular nuestros vínculos con el trabajo, los proyectos personales, el medio ambiente, la forma de producir y consumir, y cómo concebimos el futuro. Estamos en proceso de distinguir las formas de aquello que es transitorio y lo que será permanente.
También los temas de género se vieron a un nuevo trasluz. La caída de las barreras entre lo público y lo privado dejó en evidencia el trabajo doméstico no compartido, y provocó que muchas mujeres, obligadas a quedarse en casa, salieran del mundo laboral. Ellas fueron las más expuestas a la informalidad y la pobreza, y también las más numerosas en las filas de la Salud. Además, el confinamiento intensificó la violencia de género contra mujeres y niñas, que se vieron obligadas a pasar las cuarentenas encerradas con sus agresores. Todo esto encendió las alertas y evidenció que ellas, una vez más, han sido las más afectadas por esta crisis sanitaria y se volvió imperativa su incorporación en las políticas de recuperación y reactivación económica.

Pero también la perspectiva de género avanzó en el mundo y las mujeres aumentaron su impacto global a nivel social, cultural y simbólico. El manejo de la crisis sanitaria por parte de las gobernantes estableció la efectividad de un estilo de liderazgo que integra otras cuerdas a las ya acostumbradas. Y en Chile nos encaminamos a un proceso constituyente, con una elección de convencionales donde la mitad serán mujeres y que conformarán una Convención Constitucional paritaria única en el mundo, que ha puesto el foco sobre nosotros. Una gran oportunidad para incorporar y consagrar el enfoque de género transversalmente en la nueva Constitución.

Este año hemos observado nuevas sombras, pero también nuevas luces. El gigantesco desafío económico, social y ambiental nos demanda aplicar todo el aprendizaje de este año singular. Aún cuando la vacuna, cada vez más cerca, nos trae la esperanza de que esta amenaza quedará atrás, el impacto persistirá. La lección más poderosa ha sido tal vez la de nuestra vulnerabilidad y nuestra interdependencia frente a las crisis. Hemos dicho mil veces que sólo podemos salir juntos. Este es el momento de ponerlo en práctica.

Columna publicada en La Tercera el viernes 18 de diciembre de 2020.

COLUMNA: “A cuentagotas”

Publicado por Daniela Sanchez M. en Liderazgo , Mujer y trabajo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 4 diciembre , 2020

 

Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda, directora ejecutiva de ComunidadMujer.

Los resultados de la Iniciativa de Paridad de Género Chile han demostrado el potencial transformador de las empresas, cuando se promueve permanentemente un compromiso riguroso y metódico. En sus primeros 4 años, la presencia de mujeres en las empresas IPG creció el doble que sus pares nacionales”.

La recuperación del empleo femenino sigue a cuenta gotas. Mientras se impulsan millonarias inversiones en infraestructura y se reactivan sectores mayoritariamente masculinos, las nuevas contrataciones a mujeres están siendo promovidas con 20 mil pesos extra en el subsidio al empleo, cifra que no cubre siquiera la diferencia por brecha salarial de género (23,2% ESI, 2019). Para compensarla, según nuestras estimaciones, este aporte adicional debió ser el triple, ascendiendo a los 57 mil pesos.

No es de extrañar entonces que al 16 de octubre, según datos oficiales, solo el 37% del subsidio “Contrata” estuvo dirigido a las trabajadoras y el 33% del subsidio “Regresa”. Es claro que estas herramientas no son una “bala de plata”, pues la transformación digital demanda políticas de recapacitación y reconversión laboral que complejizan el panorama. Pero tampoco se están impulsando medidas afirmativas que apunten a la corresponsabilidad y liberen a las mujeres de su mayor costo de contratación por la maternidad.

Con todas las consecuencias ya sabidas de la pandemia en curso, no se vislumbra un regreso fácil de las 750 mil mujeres que en un año pasaron a ser inactivas (ENE, 2020). ¿Estaremos encaminándonos a un proceso de recuperación tardía, según define el McKinsey Global Institute?

Cuando las políticas públicas no están pudiendo dar el ancho con las mujeres y aún con un rol insustituible, cabe mirar qué están haciendo las empresas -agentes responsables y actores clave de la economía- para recuperar esta década perdida en empleo femenino.
Los resultados de la Iniciativa de Paridad de Género (IPG Chile), bajo el impulso del BID, el WEF, el gobierno y ComunidadMujer como secretaría ejecutiva, rol que entregamos estos días al Ministerio de la Mujer y EG, han demostrado el potencial transformador de las empresas, cuando se promueve permanentemente un compromiso riguroso y metódico. A la fecha, esta alianza público-privada ha permitido que las 180 empresas adheridas, de todos los rubros y tamaños, avancen más rápido que sus pares hacia la igualdad de género en el desarrollo de trayectorias laborales.

Solo un botón de muestra. En sus primeros cuatro años de funcionamiento y hasta 2019, la presencia de mujeres en las empresas IPG creció el doble que sus pares nacionales. Mientras las trabajadoras se ven perjudicadas por unas brechas salariales inamovibles, en las compañías IPG estas diferencias se redujeron más de un 35%, a la vez que incrementaron en un 25% la representación femenina en puestos de liderazgo.

Con un potencial único, la IPG avanza fortalecida a una nueva etapa para su institucionalización como plataforma público-privada, donde será clave fortalecer la perspectiva de género en las políticas públicas y prácticas empresariales ante una crisis económica que desafía a trabajar con convicción y compromiso para no dejar a las mujeres atrás.

Columna publicada en La Tercera el viernes 04 de diciembre de 2020