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Opinión

COLUMNA: Despacito…

Publicado por Mercedes Ducci en Mujer y política , Mujer y política , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 15 enero , 2021

Mercedes Ducci Budge, presidenta de ComunidadMujer

Tengo la aspiración de que al leer la Constitución podamos “sentir” que realmente fue escrita para mujeres y hombres. Que cuando se debatan los derechos se esté pensando en las necesidades de ellas y ellos y no sea, como hasta ahora, que para introducir lo que es adecuado para las mujeres tengamos que enmendar lo que hay.

La inscripción de más de tres mil nombres, de los cuales la mitad son de mujeres, es un hito notable en el camino hacia el nacimiento de una nueva Constitución. El resultado debiera ser que ¡al fin! escuchemos las voces y las visiones de las mujeres en igualdad de condiciones, en esta campaña y, después de la elección de abril, en el órgano constitucional.

Hablar de “las mujeres” como una sola cosa es, por supuesto, una abstracción. En las distintas listas figura una amplísima variedad de ellas, con distintas experiencias, distintos puntos de vista, distintos estilos y cuyas razones para estar ahí también difieren. Pero todas saben, de primera mano, en cuáles aspectos de la sociedad sus necesidades y derechos no se han considerado y ahora están dispuestas a asumir un rol activo. Todas están desafiando esa visión tradicional de que las mujeres juegan mejor en el espacio privado y los hombres en el espacio público: Esa visión tácita que les definía la vida, casi únicamente desde su rol de madres y/o cuidadoras, y que resultó en la invisibilización casi completa de las mujeres en la esfera pública, al menos hasta la segunda mitad del siglo pasado.

El silencio forzoso de las mujeres ha reflejado su privación de poder, como demuestra la académica británica Mary Beard en su obra “Mujeres y Poder”. En público las mujeres no hablaban o hablaban “despacito”.

COLUMNA: La primera gran lección de la pandemia

Publicado por Alejandra Sepúlveda en Institucionales , Liderazgo , Mujer y política , Mujer y trabajo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 2 julio , 2020

Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda, Directora Ejecutiva de ComunidadMujer.

¿Cómo avanzamos? ¿Cómo llegamos a más acuerdos como el que unió a las fuerzas políticas en torno a un nuevo proceso constituyente o el que dio un marco expansivo al gasto fiscal para enfrentar la crisis? La respuesta, al decir de Duflo, está en poner la dignidad de las personas en el centro de la protección social, en un mundo riesgoso e incierto. Probablemente, ahí está la verdadera oportunidad de recuperar la confianza”.

El martes se conoció la resolución del Consejo de la Alta Dirección Pública sobre la rebaja de la dieta parlamentaria y de secretarios de Estado en un 25% y en un 10% la del Presidente, intendentes y subsecretarios/as. A la espera de la designación de una comisión que debe fijar dichas remuneraciones cada cuatro años, esta medida va en la dirección correcta, pese a que “es completamente insuficiente” -según el propio Consejo- para resolver la crisis de confianza que afecta a las instituciones. Y llega en un momento dramático para el país, cuando se han destruido en dos meses 1,5 millones de puestos de trabajo y el desempleo ya subió a cifras inéditas: 11% en hombres y 11,5% en mujeres. Mientras la economía se desploma, surge con nitidez el paisaje de pobreza y necesidad.

Se oscurece nuestro horizonte con un virus que no da tregua y, más que nunca, necesitamos del buen hacer de la política, la democracia y sus instituciones. Es una de las primeras lecciones que deja esta pandemia, a la luz de la experiencia internacional, con la Primera Ministra neozelandesa a la cabeza, y al decir de muchos analistas. Sin ir más lejos, la premio nobel de Economía Esther Dufloó, comentaba el viernes recién pasado el mal momento Latinoamericano y la confianza en los gobiernos como determinante del éxito en el manejo de la crisis. “Si son eficaces, se crea confianza y sentido colectivo (…) si se percibe que fracasan, eso puede acelerar el desastre”.

Palabras que resuenan fuerte acá, ante una trayectoria larga de pérdida de certidumbre y seguridad de la ciudadanía, que obliga a enmendar el rumbo, no sólo utilizando todas las herramientas de apoyo al alcance, sino también con liderazgos empáticos, que escuchan y son capaces de alcanzar acuerdos duraderos en aras del bien común.

Por eso, no ayudan afirmaciones como las del intendente de Santiago respecto del caso Fruna. La autoridad tildó de “estupidez” que un jardín infantil operara irregularmente para dar respuesta a las operarias de la empresa obligadas a trabajar, a pesar de su cuestionable giro como “servicio esencial”. Pero nada dijo sobre el fondo: madres que no tienen cómo resolver el dilema del cuidado de sus hijos durante el estado de catástrofe y que, ante la necesidad, aceptan las condiciones de su empleador. Ellas, al igual que miles de trabajadoras con hijos menores de un año, siguen esperando una respuesta del Estado que ha tardado demasiado en llegar: un posnatal de emergencia u otras alternativas que no precaricen más su situación y las empuje a la inactividad.

¿Cómo avanzamos? ¿Cómo llegamos a más acuerdos como el que unió a las fuerzas políticas en torno a un nuevo proceso constituyente o el que dio un marco expansivo al gasto fiscal para enfrentar la crisis? La respuesta, al decir de Duflo, está en poner la dignidad de las personas en el centro de la protección social, en un mundo riesgoso e incierto. Probablemente, ahí está la verdadera oportunidad de recuperar la confianza.

Columna publicada en La Tercera, el jueves 02 de julio de 2020.

COLUMNA: La gesta de la paridad

Publicado por Alejandra Sepúlveda en Género y educación , Género y educación , Institucionales , Mujer y política , Mujer y trabajo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 8 marzo , 2020

Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda, directora ejecutiva de ComunidadMujer

Este 8M será recordado como un hito. Uno en que las mujeres de Chile logramos correr las fronteras de lo posible y convertirnos en ejemplo para el mundo, siendo el primer país que incorpora el principio de paridad de género para escribir la nueva Constitución.

La jornada histórica de votación del 4 de marzo fue la culminación de una verdadera gesta, un camino plagado de obstáculos que se fueron sorteando, con táctica política, conocimiento experto y apoyo decidido de la sociedad civil, volcada a aunar voluntades, establecer puentes y, por cierto, presionar por un resultado favorable. Ad portas de la conmemoración del Día de la Mujer, de la marcha convocada para hoy y la huelga feminista de mañana, era una señal simbólica llegar con esto resuelto.

Los ánimos en el Congreso fueron tensos durante la semana, pero el miércoles ya se evidenciaba un giro respecto del inicio de la tramitación y el rechazo en el Senado antes del receso de vacaciones. Ahora la oposición estaba “cuadrada” en torno al liderazgo de sus parlamentarias, entregándoles un espacio inédito de protagonismo y una fórmula mejorada de la original, que terminó imponiéndose a otras alternativas.

Mientras, la derecha mantenía gran parte de sus votos en suspenso, sin lograr cohesión en torno a una última propuesta que llegó a destiempo. A esas alturas, el costo de rechazar la paridad ya se había elevado a su máximo y la apuesta fue dejarlo a la negociación uno a uno, confiando en que RN, y el buen hacer de sus diputadas que encabezaron la iniciativa desde un principio, lograría aportar los votos suficientes. Al final se vería “quién es quién”.

El desenlace fue la aprobación por una mayoría amplia y lo ocurrido nos deja varias lecciones. La primera es que no existen sistemas electorales perfectos, todos generan “distorsiones”. En este caso, se buscó reducirlas al máximo para solucionar la mayor de las anomalías: la subrepresentación política de las mujeres que no superan el 23% en el Congreso y el 12% en las alcaldías.

Dar legitimidad a un proceso constituyente único, bien valía este esfuerzo. Porque la nueva casa común nos debe representar por igual. Por eso resulta tan disonante seguir escuchando el manido eslogan de que aquí se “metió la mano en la urna”, olvidando la experiencia del binominal.

La segunda lección pasa por seguir la senda de acuerdos transversales que una mayoría ciudadana demanda. En este caso el movimiento feminista logró hacer de este uno de esos momentos memorables de nuestra historia democrática. Uno en que nuestros representantes lograron cruzar fronteras ideológicas, en aras de un bien común mayor. Mención especial para los parlamentarios dispuestos a ceder cuotas de poder. Para muchos, el feminismo ha dejado de ser tan incómodo. Y es de esperar que mantengan la coherencia de sus discursos en la práctica legislativa. Porque la agenda social no está resuelta y la demanda por la igualdad está en el centro de la misma.

Por último, destaca la contundente acción de las mujeres y su capacidad de incidir en las decisiones políticas, uniéndonos en torno a un objetivo común, poniendo en valor la diversidad que representamos. Hemos puesto la nota distintiva a las manifestaciones ciudadanas tras el 18 de octubre.

Cierto es que este logro no será realidad si el 26 de abril no gana la opción “apruebo” y la de una Convención Constitucional 100% electa. Tengo la esperanza de que, finalmente, lograremos hacer historia, avanzando decididamente en el cambio cultural que Chile necesita y que esta semana empezamos a reescribir. Por todas las mujeres, las de ayer que nos abrieron el camino, las de hoy con quienes construimos esta nueva ruta, marchamos este 8M.

Columna publicada el 08 de marzo en La Tercera

COLUMNA: La urgencia política de la paridad

Publicado por Alejandra Sepúlveda en Mujer y política , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 23 diciembre , 2019

Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda, directora ejecutiva de ComunidadMujer

Quienes estamos a favor de la paridad, tenemos la certeza de que se justifica aún más en este proceso excepcional, otorgándole legitimidad. Pero, además, la evidencia muestra que es una vía efectiva para elevar el nivel de la competencia. Por eso, este proceso debe ser mitad hombres, mitad mujeres; o es “con nosotras o no será”.

Chile está más cerca de una nueva Constitución nacida en democracia tras la aprobación en distintas instancias del Congreso del proyecto que habilita el proceso constituyente. Es un momento histórico, impensado antes del estallido social y que, además, concita un amplísimo apoyo ciudadano: 92,4% según la reciente consulta municipal, donde participaron más de dos millones de personas.

Las últimas jornadas han estado marcadas por intensas negociaciones de fuerzas políticas para reunir los quórums necesarios, bajo el apremio de los plazos impuestos por el Servel. Mientras, se ha elevado el conflicto y la demanda en torno a que el órgano que redactará la nueva Carta Magna sea lo más representativo de la sociedad: con paridad de género, escaños reservados para pueblos indígenas e inclusión de independientes.

COLUMNA: #ConstituciónConMujeres

Publicado por Alejandra Sepúlveda en Institucionales , Mujer y política , Mujer y política , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 22 noviembre , 2019

Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda, directora ejecutiva de ComunidadMujer

Asegurar la representación paritaria de mujeres y hombres en todas las instancias del proceso constituyente es clave. El número sí importa. Pero también una representación sustantiva de mujeres en la forma y contenido de esta deliberación para el diseño de nuestra nueva “casa común”.

El acuerdo por una Nueva Constitución suscrito en el Congreso permitirá que la ciudadanía, si así lo decide en el plebiscito de abril de 2020 -y esperamos que ocurra-, participe en el diseño de la Carta Magna, a partir de una hoja en blanco, dejando atrás la herencia de la dictadura.

Lo que ocurrió durante las 48 horas en que la clase política entendió los riesgos que corre nuestra democracia y vimos emerger la posibilidad de acuerdos, nos llama a ser responsables. No olvidemos que este acuerdo es frágil y requiere avanzar en legitimidad. Tampoco olvidemos que, en adelante, es exigible demostrar un espíritu de concordia y respeto, evitando tentaciones demagógicas durante la tramitación parlamentaria de la agenda social, política y económica que la ciudadanía demanda con urgencia.

La nueva Constitución tardará en llegar y no arreglará todos nuestros problemas. Y, si bien este proceso contribuirá a encauzar el descontento de manera constructiva y democrática, como acertadamente señala el PNUD, en la ingeniería de detalle es donde se pueden cometer los mayores errores.
Hay demandas fundamentales. En primer lugar, asegurar la representación paritaria de mujeres y hombres en todas las instancias del proceso. La ciudadanía, por ejemplo, debe poder elegir de una lista 50/50 de candidatos y candidatas, a quienes integrarán la Convención Constituyente o su versión mixta, según el mecanismo que concite más apoyo.