downloademailfichalinklocationpdf phonepresentacionquotesearch sharevideo

Opinión

[COLUMNA] Empleo: Cuando las ayudas se acaben

Publicado por Daniela Sanchez M. en Mujer y trabajo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 10 septiembre , 2021

Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda, presidenta ejecutiva de ComunidadMujer.

Un reciente estudio del Observatorio Laboral del Sence mostró que, hasta julio, las vacantes de trabajo superan en un 80% las de marzo del 2020, pero el número de personas que quieren acceder a un empleo es un 60% más bajo. Una paradoja.

¿La economía está creciendo, pero el repunte del mercado laboral no se consolida porque no hay suficientes postulantes activos? Un fenómeno atípico que podría deberse, según analistas, al temor persistente al contagio de Covid 19, pese a la exitosa campaña de vacunación; al lento regreso a las clases presenciales de los colegios; los retiros de los fondos de pensiones y las transferencias monetarias desde el Estado.

Estamos ante el mejor escenario de la pandemia, pero persiste la preocupación por los contagios. Se valora, entonces, la autorización del ISP para vacunar a niños/as desde los 6 años. Esto debería motivar el necesario retorno, seguro, bien comunicado y confiado, a los colegios. Porque solo un 27% de las y los estudiantes matriculados asistió presencialmente a clases al menos una vez a la semana -entre el 9 y 13 de agosto-, en el 80% de los colegios que abrió sus puertas tras vacaciones de invierno (UC y CIAE U. de Chile).

En tanto, a un mes de que el gobierno anunciara la extensión hasta noviembre del Ingreso Familiar de Emergencia para todas las familias del RSH y la creación del Ingreso Laboral de Emergencia, las cifras de inactividad siguen siendo altas: 2 millones 541 mil hombres y 4 millones 434 mil mujeres (Sence).

Al revisar las razones que esgrimen para no participar del mercado laboral, antes y durante la pandemia, se ve que las responsabilidades familiares son especialmente relevantes para las mujeres y presentan fluctuaciones anuales mínimas (36% en 2019; 34,6% en 2020; y 37,3% en 2021). Mientras que para los hombres influyen muy poco en la decisión de no participar del mercado laboral (2,2% en 2019; 7% en 2020; y 5% en 2021).

Cuando las ayudas fiscales lleguen a su fin nos preguntaremos ¿Qué hicimos para pasar de la mirada corta a la larga? ¿Cómo impulsamos medidas sustentables para que las y los trabajadores que perderán los beneficios encuentren en el mercado laboral la posibilidad de ganar más, aumentar su productividad, reconvertirse, acogerse al teletrabajo en condiciones de seguridad y salud, en suma, con empleos de calidad?

¿Qué habremos hecho para traer decididamente de regreso a las mujeres al mercado laboral? Ni siquiera se han seguido debatiendo en el Congreso las reformas al Código del Trabajo para quitar de las mujeres el costo de la maternidad, como es la ley de sala cuna.
Seguimos entrampados en la discusión del cuarto retiro, pero no empezamos a abordar qué pasará en enero, cuando se acaben las ayudas, no haya fondos de pensiones a los que echar mano y disminuyan ostensiblemente los ingresos de quienes legítimamente aspiran a cubrir sus necesidades mes a mes. Este no puede ser solo un problema para traspasar al gobierno que llegue. Es una decisión de Estado para resolver hoy.

Columna publicada el viernes 10 de septiembre de 2021 en La Tercera

COLUMNA: Afganistán: ¿qué pasará cuando los focos se apaguen?

Publicado por Daniela Sanchez M. en Noticias , Noticias destacadas , Fecha 27 agosto , 2021

 

Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda. Presidenta Ejecutiva de ComunidadMujer.

Las mujeres occidentales no debemos hablar por las afganas, pero sí podemos solidarizar con ellas, amplificar su llamada de auxilio y actuar como una red eficaz de acogida a quienes soliciten refugio, cuando se apaguen los focos y asome el olvido”.

El anuncio de que los talibanes no permitirán que las tropas internacionales controlen el aeropuerto de Kabul más allá del 31 de agosto y la advertencia de que no dejarán pasar a más afganos, ha vuelto aún más caótica la crisis humanitaria desatada en las últimas dos semanas, tras su rápida toma del poder en Afganistán.

En pocas horas, despegará el último avión desde la capital, completando miles de personas evacuadas, pero dejando a millones a merced de un movimiento etno-nacionalista que ha demostrado su violencia y fundamentalismo, ahora sin contrapesos.

Las cámaras se apagarán y el riesgo será el paulatino silencio y el olvido; historia repetida en los conflictos entre poderes globales y regionales de las últimas décadas, que debemos evitar a toda costa. Sobre todo, ante la amenaza de supresión de los derechos humanos de mujeres y niñas, como ocurrió entre 1996 y 2001. “Los talibanes no nos han aceptado como parte de la civilización”, afirmó la activista Pashtana Durrani, mientras que la premio Nobel de la Paz, Malala Yousafzai, planteó: “En este crítico momento, debemos escuchar las voces de las mujeres y niñas afganas. Ellas están clamando protección (…) por el futuro que les fue prometido. No podemos seguir fallándoles”.
No se trata de convertirlas en víctimas pasivas. Es posible que muchas afganas intenten distintas formas de resistencia, arriesgando sus vidas, incluso, pero es una quimera. Otras no podrán o no querrán hacerlo, frente a una realidad socio cultural muy arraigada, que las supera con creces. Entonces ¿qué puede hacer la comunidad internacional para enmendar el devenir de una ocupación fallida y una retirada de fuerzas militares de EE.UU y la OTAN, que ha traído tanto dolor?

En primer lugar, actuar unida. Porque la comunidad internacional no son solo los países occidentales, son todos; por lo pronto, los 193 que comparten asiento en Naciones Unidas. En segundo lugar, tener una aproximación práctica —y no retórica— a la nueva realidad, desplegando herramientas de presión al gobierno Talibán para que garantice la protección de los derechos humanos. “Una línea roja fundamental” será la forma en que traten a las mujeres y niñas y respeten sus derechos a la libertad de movimiento, educación, expresión personal y el empleo, advirtió la alta comisionada de DDHH, Michelle Bachelet.

En tercer lugar, trabajar estrechamente con las naciones que tendrán algo que decir en la Zona como China, Rusia y Qatar y que comparten fronteras con Afganistán, como Pakistán y Turkmenistán, permitiendo corredores humanitarios para recibir a la población desplazada. Pero no solo esos países; los nuestros, los latinoamericanos, debemos apoyar en una acción coordinada el reasentamiento de las personas que logren llegar a estas latitudes. Y si bien las mujeres occidentales no debemos hablar por las afganas, sí podemos solidarizar con ellas, amplificar su llamada de auxilio y actuar como una red eficaz de acogida a quienes soliciten refugio, cuando se apaguen los focos y asome el olvido.

Columna publicada en La Tercera el viernes 27 de agosto de 2021

[COLUMNA] Crisis climática: más coherencia, ¡por favor!

Publicado por Comunicaciones CM en Noticias , Noticias destacadas , Fecha 13 agosto , 2021

Por Alejandra Sepúlveda, presidenta ejecutiva ComunidadMujer

Doloroso, categórico, irrefutable. El sexto informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de ONU, elaborado por 234 científicos/as, afirmó esta semana que el calentamiento global de los últimos 170 años es atribuible completamente a la acción humana, provocando un cambio acelerado e irreversible en el planeta.

Se nos acabó el tiempo, ya no hay regiones a salvo. Es el mensaje que la ciencia puso sobre la mesa de los líderes mundiales, que acudirán a la COP26 en noviembre, presionados más que nunca por alcanzar una economía carbono neutral al 2050. Se trata de una cumbre marcada por el retorno de EE.UU. al Acuerdo de París, la reticencia china a la ambición climática y la experiencia global de la pandemia.

Ambas crisis tienen similitudes, partiendo por los efectos del desequilibrio ecológico y el riesgo para la vida de las personas. Los contagios a nivel planetario con variantes cada vez más peligrosas y los eventos climáticos extremos -a los que Chile es particularmente frágil-, serán parte de nuestra existencia. Y la salida, tal como hemos visto con las vacunas contra el Covid-19, exige un esfuerzo internacional sostenido y mancomunado. Difícil pero no imposible.

Para una de las autoras del IPCC, la académica chilena Maisa Rojas, el cambio climático hay que pensarlo como multiplicador de riesgos: “Todas las amenazas que tenemos en nuestras sociedades -conflictos, hambrunas, enfermedades, catástrofes naturales- afectan siempre a los más vulnerables”. Los y las niñas, mujeres y personas mayores que viven en pobreza, son quienes más sufren las transformaciones de vida, migración forzada, crisis alimentaria, entre otros. Por eso, es clave diseñar políticas de resiliencia y adaptación que tengan en cuenta un enfoque de género.

Hoy requerimos más coherencia de las autoridades, la que, lamentablemente, no se puede dar por sentada: en el mismo Congreso se discute la Ley Marco de Cambio Climático, la reforma al Código de Aguas, que incluye el aseguramiento del derecho humano al agua, y la rebaja al impuesto específico a los combustibles, que va en la dirección contraria. En tanto, la Comisión de Evaluación Ambiental de Coquimbo aprobó el judicializado proyecto portuario-minero Dominga, en las cercanías del Archipiélago Humboldt, área de conservación del 80% de una especie pingüinos única en el mundo, desatando las protestas de grupos ambientalistas y de candidatos/as presidenciales.

A la luz de la ciencia, lo lógico sería que todos intentemos remar para el mismo lado. Urge entonces un nuevo trato con la naturaleza, reconociendo al medioambiente como patrimonio común y a la acción climática como una tarea de todos, de gobiernos de cualquier signo político. La nueva Constitución es también una oportunidad para abrazar los principios de conservación y respeto de la biodiversidad, justicia ambiental, buen vivir y continuidad intergeneracional. Sin planeta no hay futuro, estamos irremediablemente unidos.

Publicado en La Tercera – Viernes 13 de agosto de 2021

COLUMNA: Mucho más que incomodidad

Publicado por Daniela Sanchez M. en Noticias , Noticias destacadas , Fecha 29 julio , 2021

 

Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda. Presidenta Ejecutiva de ComunidadMujer

La “rebelión” de las deportistas olímpicas llega en buena hora; ojalá todas sigan la estela. Ya no hay excusas ni están los tiempos. Francamente, hablamos de algo mucho más que simple “incomodidad””.

“Esperamos que las gimnastas que están incómodas con los atuendos habituales se sientan incentivadas a seguir nuestro ejemplo”, declaró la alemana Sarah Voss (21), quien acaba de desafiar las convenciones de vestuario de su disciplina en los JJOO de Tokio, como antes lo hizo en el Campeonato Europeo de Gimnasia Artística en Suiza. Hasta ese momento, las niñas solo se habían cubierto las piernas en competencias por razones religiosas.

La Federación Alemana de Gimnasia respaldó que sus deportistas se opongan a la “sexualización en la gimnasia” y sostuvo que el tema se ha vuelto aún más importante para prevenir el abuso sexual, ante las numerosas fotos de gimnastas de corta edad que circulan en internet atrayendo la atención “no solo de los amantes del deporte”.

La controversia ocurrió la misma semana en que la estadounidense Simone Biles (24) anunció que se retiraba de los JJOO para “centrarse en su salud mental”. Con cinco medallas y 25 mundiales, Biles es considerada la mejor gimnasta de todos los tiempos, la misma que en 2018 reveló sufrir abusos sexuales por parte del ex médico del equipo nacional, hoy condenado a 60 años de cárcel. Desde entonces, Biles ha dicho ser una “sobreviviente” que quiere levantar la voz para que otras no sufran lo mismo, experiencia traumática que aún la ronda y pudo influir en su salida de la competencia.

El abuso sexual es un tipo de violencia de género que tiene expresiones distintas en función del contexto en el que ocurre. El deporte es uno de ellos, pero no es el único obstáculo. Un reciente informe de ONU Mujeres y el Comité Olímpico Internacional plantea que ellas son discriminadas por estereotipos que asocian el deporte con “atributos naturalmente masculinos”, como fuerza y potencia física. Se suma la desproporcionada carga de tareas de cuidado que afectan el desarrollo de sus carreras; las situaciones de acoso y violencia que dificultan su inserción laboral y un desigual acceso a recursos económicos, instalaciones, oportunidades de profesionalización y ascenso a la toma de decisión.

Hace pocas semanas las jugadoras de la selección femenina noruega de balonmano fueron multadas por usar pantalones cortos, como sus pares hombres, contraviniendo el reglamento que plantea que ellas deben llevar bikini ajustado con “un máximo de 10 cm de longitud en los laterales” . En 2011, la Federación Mundial de Bádminton sembró la polémica al decretar que las jugadoras debían usar faldas o vestidos para ayudar a “reavivar” el decaído interés por este deporte.

Usar el cuerpo de las mujeres para vender o atraer público es abonar el camino para la violencia de género y la lógica perversa de agresores que defienden su actuar, diciendo que, si ellas se muestran, son culpables de provocar.

La “rebelión” de las deportistas olímpicas llega en buena hora; ojalá todas sigan la estela. Ya no hay excusas ni están los tiempos. Francamente, hablamos de algo mucho más que simple “incomodidad”.

Columna publicada en La Tercera el viernes 30 de julio de 2021.

COLUMNA: El retorno a clases y la construcción de confianzas

Publicado por Comunicaciones CM en Género y educación , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 16 julio , 2021

Alejandra Sepúlveda Peñaranda, Presidenta Ejecutiva de ComunidadMujer

No se trata de querer o no volver a clases. La pregunta es: ¿están dadas las condiciones, apoyos y recursos materiales para que los que puedan lo hagan y los que no, mantengan un aprendizaje remoto efectivo? Esto sin acrecentar las brechas y el riesgo de exclusión escolar. Y la respuesta es no. 

Si hay algo que hemos aprendido con la pandemia es el elevado costo que supone no ponerse de acuerdo, politizar al máximo los debates y no reaccionar o hacerlo a destiempo a la hora de asegurar un piso mínimo de protección para las familias más golpeadas por la crisis socioeconómica.

El aumento de la pobreza mostrado en la Encuesta Casen 2020 nos alerta acerca del riesgo de seguir repitiendo estrategias fallidas, frente a lo evidente: las mujeres, niños, niñas, adolescentes (NNA) y personas adultas mayores están quedando definitivamente atrás. Y se vinculan con tres ámbitos de acción clave, como señaló esta semana la OCDE: educación, trabajo y servicios de cuidado, ejes centrales en la estrategia global que aborde la desigualdad de género en Chile.