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Opinión

OPINIÓN: Encuesta nacional de uso del tiempo 2020

Publicado por Daniela Sanchez M. en Mujer y trabajo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 28 septiembre , 2020

Carta al Director publicada en La Tercera el lunes 28 de septiembre de 2020

SEÑOR DIRECTOR:

A la fecha, no se sabe qué pasará con la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT), suspendida por ajustes presupuestarios en el INE debido a la pandemia. Esta encuesta es crucial para evidenciar una de las desigualdades más estructurales que afecta a las mujeres: la carga de trabajo doméstico y de cuidados en el hogar.

Suspender esta encuesta es especialmente preocupante en el contexto actual. La mayor carga de trabajo doméstico y de cuidados que genera la crisis sanitaria, y la menor participación laboral de las mujeres pueden provocar cambios profundos en los hogares, la educación y el empleo. Además, va en contra de compromisos nacionales e internacionales, de las demandas feministas y del avance de políticas públicas que permitan cerrar las brechas de género.

Hoy más que nunca se necesitan datos de calidad para analizar estos cambios y diseñar políticas públicas eficaces. Por ello, solicitamos al Ministerio de la Mujer y Equidad de Género y al Ministerio de Economía que aseguren la pronta ejecución de la ENUT, incorporándola en la Ley de Presupuestos 2021, y que elaboren un plan de trabajo para enfrentar las desigualdades de género en el trabajo no remunerado.

Esto debe ser entendido como un compromiso del Estado con la situación de las mujeres, la medición del uso de tiempo, las políticas para reducir y redistribuir el trabajo doméstico y de cuidados y para reconocerlo como parte vital del desarrollo económico y social del país.

Javiera Petersen M., Observatorio de Políticas Económicas-OPES

Camila Bustamante P., Cooperativa de Economía Feminista Desbordada

Paula Poblete M., ComunidadMujer

Francisco Aguayo F., Fundación Cultura Salud/EME

Teresa Valdés E., Observatorio de Género y Equidad

 

COLUMNA: “Por qué #Apruebo #ConvenciónConstitucional”

Publicado por Daniela Sanchez M. en Institucionales , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 25 septiembre , 2020

Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda. Directora Ejecutiva de ComunidadMujer.

La primera Constitución nacida en democracia es la vía para salir de la crisis institucional que erosionó la confianza de la ciudadanía y una gran oportunidad de reencontrarnos, dialogar y avanzar con acuerdos transversales”.

Queda un mes para el plebiscito del 25 de octubre, un hito histórico que definirá el futuro de nuestro país por las próximas décadas y pondrá a prueba la capacidad del sistema político de generar un proceso constituyente convocante, inclusivo, seguro y dotado de legitimidad. Por eso, la próxima “gran marcha”, al decir del Premio Nacional Agustin Squella, será ir a votar masivamente por las opciones en juego. La mía, sin dudarlo, es el #Apruebo #Convención Constitucional.

La primera Constitución nacida en democracia es la vía para salir de la crisis institucional que erosionó la confianza de la ciudadanía y una gran oportunidad de reencontrarnos, dialogar y avanzar con acuerdos transversales -sin vetos-, sobre lo nuevo, lo que se reformará y mantendrá de nuestro acervo constitucional, para establecer un pacto político y social basado en la dignidad de las personas y que ponga a Chile en la senda del desarrollo sostenible. Ese es el verdadero significado de la hoja en blanco, mientras el plebiscito de salida ratifica la voluntad ciudadana.

Dotar de legitimidad al proceso y su resultado, depende no solo de cómo se haga el diálogo, sino también con quiénes. Por eso es clave abrir el espacio de competencia a los independientes, dado que el 95% de la ciudadanía no tiene afiliación política. Pero la cancha está muy dispareja. No sólo por el requisito de patrocinio de firmas presenciales ante notario, impracticable en pandemia, sino por la prohibición de pactos con los partidos, lo que pone otra barrera alta para alcanzar la convención. Solucionarlo depende de una ley que debe aprobarse en el Congreso.

En ese contexto, la opción de la Convención Constitucional es la única que garantiza un órgano constituyente 100% elegido, representativo de la diversidad del país y con paridad de género o igual proporción de mujeres y hombres. Una innovación con la que estamos sentando un precedente mundial.

La paridad no es antojadiza. Es un principio que profundiza la democracia y permite avanzar desde una igualdad formal entre hombres y mujeres -como consagra la Constitución actual- a una real y sustantiva. ¿Cómo? A través del reconocimiento de los derechos humanos específicos de las mujeres. Por ejemplo, a una vida libre de violencia, igualdad salarial, protección social sin discriminaciones por razón de género, el reconocimiento del valor del trabajo de cuidado no remunerado y la corresponsabilidad social. Así se evita que en la práctica se regule y legisle de manera contraria a estos derechos fundamentales.

La paridad también trata de la distribución del poder en el Estado, los órganos autónomos, los cargos de elección popular, para transformar esas estructuras jerárquicas que influyen en la vida de millones de personas y donde las mujeres han estado históricamente subrepresentadas. Esto no es menor. Basta ver lo difícil que ha sido introducir la perspectiva de género en las políticas públicas para mitigar el golpe desproporcionado de la crisis en las mujeres. Otra razón de peso para que nosotras participemos masivamente en la cita de octubre.

Columna publicada en La Tercera el viernes 25 de septiembre de 2020.

COLUMNA: “El cuarto pilar: el cuidado”

Publicado por Mercedes Ducci en Mujer y trabajo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 11 septiembre , 2020

Por Mercedes Ducci Budge, presidenta de ComunidadMujer.

Avanzar en corregir las falencias de las políticas de cuidado actuales y resolver las necesidades de la población que se revelaron con tanta crudeza durante la pandemia COVID-19 es imperativo. Esta crisis y el proceso constituyente en curso ofrecen para Chile la oportunidad de alcanzar una organización social más justa de los cuidados”.

Salir de esta crisis pasa por crear las condiciones para que mujeres y hombres vuelvan a trabajar remuneradamente. Sin embargo, como la pandemia las ha golpeado desproporcionadamente a ellas, mientras vamos reabriendo paulatinamente la economía, surge con fuerza la necesidad de impulsar el cuidado como un cuarto pilar de la protección social, junto con la salud, educación y pensiones.

En efecto, si el 88% de las 899.000 mujeres que perdieron el empleo entre enero y julio ya no está buscando trabajo, es por la sobrecarga casi exclusiva en el ámbito familiar, y que no se ha redistribuido para nada en estos meses de confinamiento.

Hoy, el cierre de las escuelas, salas cuna y jardines infantiles y centros de cuidado para personas dependientes es una barrera infranqueable para el acceso a oportunidades. Por eso, en la Mesa COVID-19 del Ministerio de la Mujer y EG, este tema estuvo entre las grandes prioridades levantadas por las diferentes organizaciones de mujeres que participamos.

En primer lugar, en el marco de la emergencia sanitaria, es urgente promover la difusión de información clara y oportuna de la asignación del bono compensatorio de sala cuna, que hoy existe y cuyo monto debe ser acordado con el empleador, según las nuevas circunstancias y modalidades de trabajo. Se requiere, también, un subsidio estatal al cuidado, que opere como mecanismo de financiamiento complementario para que, a través de ambos aportes, se contribuya al pago de servicios de cuidado domiciliarios y, a la vez, se proteja el empleo de las madres trabajadoras en tiempos de COVID-19.

En segundo lugar, expandir la oferta de servicios de cuidado municipales (hoy disponibles en Providencia, Las Condes y Lo Barnechea) y complementarla con la reapertura del suspendido Programa 4 a 7, que operaba en las escuelas hasta antes de la pandemia en 178 comunas del país, reconfigurándolo y adaptándolo a las necesidades de este tiempo de transición, con estándares sanitarios adecuados y exigibles. Y, al mismo tiempo, promover modelos de cuidado comunitario de exitosa trayectoria en otros países, que ya tienen un rico precedente en nuestro país.
En tercer lugar, dar impulso a la reforma a la Ley de Sala Cuna (artículo 203 del Código del Trabajo) que históricamente ha operado como un impuesto a la contratación de mujeres. El proyecto hoy está en análisis en la Comisión de Hacienda del Senado y es clave retomar su discusión, desenredando, de una vez por todas, sus nudos críticos y generando acuerdos entre el mundo educativo y laboral.

Avanzar en corregir las falencias de las políticas de cuidado actuales y resolver las necesidades de la población que se revelaron con tanta crudeza durante la pandemia COVID-19 es imperativo. Esta crisis y el proceso constituyente en curso ofrecen para Chile la oportunidad de alcanzar una organización social más justa de los cuidados y crear las condiciones materiales, institucionales y simbólicas necesarias para una sociedad sostenible e igualitaria en términos de género.

Columna publicada en La Tercera el viernes 11 de septiembre de 2020.

OPINIÓN: Recuperar una década

Publicado por Daniela Sanchez M. en Mujer y trabajo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 31 agosto , 2020

Señor Director:

La pandemia ha dado un duro golpe a lo avanzado en oportunidades laborales para las mujeres. Más de un millón de mujeres han perdido sus empleos; unos pocos meses han borrado una década de logros. Ante ello, el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género ha convocado a un grupo transversal para proponer políticas públicas en este ámbito, grupo al cual pertenecemos.

A diferencia de lo que sugiere el editorial de este medio ayer, creemos que el plan de reactivación económica no recuperará ni directa ni indirectamente los empleos que han perdido las mujeres. Por un lado, el plan está centrado en la construcción, donde solo el 6% de los ocupados es mujer. Por otro, los sectores que emplean a mujeres seguirán rezagados mientras no haya una vacuna, aun cuando el resto de la economía dé muestras de recuperación. Tampoco bastará con el Bono al Trabajo de la Mujer; se trata de un programa muy pequeño y con demasiadas trabas como para generar un efecto relevante. Así, el plan invierte sumas extraordinarias para expandir un empleo primordialmente masculino; los sectores de alto empleo femenino no han recibido, hasta el momento, anuncios concretos.

Ante esto, proponemos que el subsidio al empleo que se creará tenga un enfoque potente de género, para que realmente convenga contratar mujeres. De lo contrario, empresas intentando sobrevivir con leyes vigentes que aún encarecen su contratación optarán inevitablemente por hombres.

También proponemos un subsidio para sectores con alta empleabilidad femenina, incluyendo uno para que salas cuna y jardines infantiles puedan reabrir. Sugerimos además aprobar urgentemente el proyecto de sala cuna que desvincula el costo de su provisión de la contratación femenina.

Finalmente, proponemos que Fosis, Sercotec y Corfo den apoyo decidido al emprendimiento femenino, tanto a mujeres que comienzan un negocio como a aquellas que ya tienen uno, sea formal o informal.

Revertir las brechas de género que se han agudizado no es solo un tema de justicia para las mujeres: es de interés para el país. Se trata de sanar uno de los grandes dolores que la pandemia dejará: familias que caerán en la pobreza, típicamente encabezadas por mujeres, y que necesitan lo posible para sacarlas de ella.

Sofía Cid; Francisca Jünemann; Gina Ocqueteau; Andrea Repetto; Alejandra Sepúlveda; Karen Thal; Francisca Valdés; Fernanda Vicente. Grupo Reactivación Económica, Consejo Mujer Covid-19

Carta al director publicada en El Mercurio el domingo 30 de agosto de 2020.

COLUMNA: Una reactivación sin mujeres no es reactivación

Publicado por Alejandra Sepúlveda en Mujer y trabajo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 27 agosto , 2020

Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda, directora ejecutiva de ComunidadMujer.

El efecto regresivo sobre la igualdad de género que esta pandemia ha dejado en evidencia confirma la urgente necesidad de impulsar una reactivación económica que considere de manera preferente la generación de empleos para mujeres.

Desde antes de esta pandemia, sabíamos que el vínculo de ellas con el mercado laboral era más débil, debido a las múltiples brechas que históricamente han jugado en su contra. Pero lo que distingue a ésta de otras crisis, es que representa la más profunda caída de la ocupación, a tasas de 36,3% en mujeres y 55,2 en hombres -no vista ni siquiera en la crisis del 80- y que los puestos de trabajo que más se han destruido son los que ellas ocupan mayormente: servicios personales, comercio, restaurantes y hoteles y trabajo en casa particular. 894 mil perdieron su empleo en un año (abr-jun 2019-2020).

El plan de inversión pública en infraestructura anunciado por el gobierno para crear 250 mil empleos, si bien es positivo, no beneficiará a las mujeres. En la construcción, minería, electricidad, gas y agua, transporte y logística, que se recuperarían con relativa rapidez frente a la sola apertura de la economía, ellas no están. Urge, por lo tanto, que las políticas públicas que se diseñen no sean neutrales en términos de género, porque ya sabemos a quiénes perjudica esa neutralidad.

El Grupo de Reactivación Económica de la Mesa Covid-19, convocado por el Ministerio de la Mujer y EG, ha planteado a las autoridades, entre otras medidas, que el subsidio al empleo actualmente en diseño diferencie el beneficio según género, con un monto superior significativo para las mujeres. Y, además, se acompañe con un subsidio para el cuidado de niños/as y personas dependientes. Asimismo, incluir salas cunas, jardines infantiles y centros de día para adultos mayores dentro del paquete de inversión en infraestructura y/o ayudas sectoriales, al ser instituciones esenciales en la cadena de producción, en los cuales trabajadores/as pueden delegar el cuidado de terceros.

Una señal auspiciosa con foco en el cuidado como reactivador de la economía es la primera “Guardería PRO” del municipio de Providencia, para niños y niñas de 6 a 12 años en horario laboral, que facilitará que padres y madres puedan volver al trabajo mientras permanecen cerrados los colegios. Si bien sólo cuenta con 36 cupos, es una iniciativa pionera que podría ser replicada en otras comunas, como complemento a otras muy necesarias de cuidados domiciliarios y comunitarios.

Lo hemos dicho: sin cuidado no hay trabajo ni desarrollo social y económico sostenible. El regreso de las mujeres al mundo laboral será complejo e incierto sin el impulso de la corresponsabilidad social y parental. También es clave apoyar sus emprendimientos y ponerlas en el centro de los procesos de capacitación para su inclusión digital, reconversión laboral y productividad.

La reactivación no será completa, justa ni aceptable sin las mujeres. El llamado es a innovar para no dejarlas atrás. Actuar ahora. Es un ganar, ganar.

Columna publicada en La Tercera el jueves 27 de agosto de 2020.