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Opinión

COLUMNA: El retorno a clases y la construcción de confianzas

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Alejandra Sepúlveda Peñaranda, Presidenta Ejecutiva de ComunidadMujer

No se trata de querer o no volver a clases. La pregunta es: ¿están dadas las condiciones, apoyos y recursos materiales para que los que puedan lo hagan y los que no, mantengan un aprendizaje remoto efectivo? Esto sin acrecentar las brechas y el riesgo de exclusión escolar. Y la respuesta es no. 

Si hay algo que hemos aprendido con la pandemia es el elevado costo que supone no ponerse de acuerdo, politizar al máximo los debates y no reaccionar o hacerlo a destiempo a la hora de asegurar un piso mínimo de protección para las familias más golpeadas por la crisis socioeconómica.

El aumento de la pobreza mostrado en la Encuesta Casen 2020 nos alerta acerca del riesgo de seguir repitiendo estrategias fallidas, frente a lo evidente: las mujeres, niños, niñas, adolescentes (NNA) y personas adultas mayores están quedando definitivamente atrás. Y se vinculan con tres ámbitos de acción clave, como señaló esta semana la OCDE: educación, trabajo y servicios de cuidado, ejes centrales en la estrategia global que aborde la desigualdad de género en Chile.

El debate en torno al regreso a clases presenciales, en medio del anuncio de una acusación constitucional contra el ministro de Educación, es uno de los ejemplos donde se deben redoblar los esfuerzos mancomunados y no las divisiones, para un retorno seguro y óptimo. Será una inversión millonaria, pero con grandes retornos. Primero, sobre el bienestar de NNA que han sufrido un deterioro en sus aprendizajes y salud mental, y segundo, sobre el aumento de las perspectivas laborales de las mujeres, quienes abandonaron en gran número la fuerza de trabajo para dedicarse a cuidar.

Pero no se trata de querer o no volver a clases. La pregunta es: ¿están dadas las condiciones, apoyos y recursos materiales para que los que puedan lo hagan y los que no, mantengan un aprendizaje remoto efectivo? Esto sin acrecentar las brechas y el riesgo de exclusión escolar. Y la respuesta es no. Tampoco se ha trabajado lo suficiente en la construcción de confianzas entre autoridades y comunidades educativas, especialmente familias, para entender sus aprensiones.

Para Educación 2020, se debe garantizar la enseñanza de quienes pueden o no asistir presencialmente, lo que implica apoyo decidido en conectividad. Enseña Chile, en tanto, sostiene que las soluciones deben adaptarse a cada comunidad y confiar en los liderazgos locales de sostenedores, directivos y profesorado, sin esperar la respuesta del nivel central, que difícilmente llegará a los 12 mil colegios del país.

Mineduc anunció un fondo de $25 mil millones adicionales para el retorno de colegios y jardines infantiles que reciben recursos públicos, los que se deben entregar de manera expedita para asegurar el derecho a la educación. Pero también es clave atender la sobrecarga laboral de los equipos docentes que fueron los primeros en dar respuesta y adaptarse, aún en las condiciones más precarias del confinamiento. Si la educación híbrida llegó para quedarse, se debe desarrollar mejor y con más apoyo, innovar en el uso de tecnología, estrategias pedagógicas y en el enfoque de género. La tarea es enorme y demorará años. El punto de partida es la construcción de confianzas, la colaboración y mirada de bien común. No hay gallito político que valga.

Columna publicada en La Tercera el viernes 16 de julio