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Opinión

COLUMNA: La carta que un día quisiera escribir

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Por Mercedes Ducci Budge, presidenta de ComunidadMujer

Quiero contarte cómo fuimos capaces de llegar a ser hoy el país amable que conoces. Es una historia que parecía improbable (…) en que las mujeres cruzaron las fronteras de los prejuicios y lograron un paso gigante para que tú puedas ser hoy una persona que nació y desarrolla su vida en una sociedad dinámica y estable donde puedes realizarte.

Quiero contarte cómo fuimos capaces de llegar a ser hoy el país amable que conoces. Es una historia que parecía improbable y, por eso, es extraordinaria. Hace justo diez años, en 2021, estábamos en un momento crucial. Llevábamos un año y medio de una pandemia durísima que cambió todo porque, aunque no lo creas, antes no hacíamos teletrabajo ni circulábamos con mascarillas. Meses antes, habíamos tenido un fuerte estallido social y la grieta que muchos habían advertido, se abrió de forma avasalladora. Temíamos las grietas de los terremotos, pero un desgarramiento en el tejido social es mucho peor. Ojalá sepamos legarte ese aprendizaje.

Las mujeres estábamos cansadas de una desigualdad que muchos negaban, porque había aumentado su participación laboral y se las veía más en la esfera pública. Pero los femicidios y la violencia persistían. A todo nivel, la brecha salarial y el trabajo no remunerado, repartido muy desigualmente, pesaban. Y la mayoría de las decisiones las tomaban los hombres de un círculo que seguía cerrado. 

Para avanzar, la perspectiva y experiencia de las mujeres era imprescindible. Por eso nos jugamos por la paridad en el órgano constituyente. Una red de mujeres decididas incidió para que la nueva Constitución fuera paritaria. Imagínate ¡la primera del mundo! 

Éramos un país crispado de acusaciones y descalificación. Las experiencias de diálogo indicaban que las y los chilenos teníamos rabia, miedo, preocupación, pero también una dosis importante de esperanza en nuestra resiliencia y solidaridad. 

Lo que abrió una salida fue que hubo líderes que comprendieron que no podíamos desaprovechar la oportunidad única que teníamos. La convención, antes de escribir la Constitución, se preocupó de conocerse, saber de las especialidades de cada uno y los aspectos en que su experiencia sería crucial. Hicieron un reglamento justo, que daba oportunidad de llegar a los mejores acuerdos para reflejar el Chile de hoy. Fueron generosos para escuchar y salir de las consignas y estuvieron dispuestos a aceptar la complejidad de los temas y buscar la mejor solución, asumiendo que cada alternativa tiene costos. La población participó activamente, pero dejó espacio para hacer una reflexión profunda. Los medios fueron responsables y, poco a poco, se explicaron las disyuntivas y se fundamentaron las decisiones y los consensos. 

En fin, paso a paso el proceso nos sanó. Volvimos a querer a Chile. Se sentaron las bases para un salto en la calidad de la educación y se logró una verdadera igualdad de oportunidades. Hoy podemos buscar soluciones en armonía con el medio ambiente. La salud se hizo accesible y la vejez no produce tanto temor. El Estado se modernizó y brinda protección a quienes la requieren. Se vive con esperanza. Y las mujeres cruzaron las fronteras de los prejuicios y lograron un paso gigante para que tú puedas ser hoy una persona que nació y desarrolla su vida en una sociedad dinámica y estable donde puedes realizarte.

Columna publicada en La Tercera, el 04 de junio de 2021