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Opinión

Columna: Mujeres en la alta dirección, la elocuencia de los números

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Por Esperanza Cueto, presidenta de ComunidadMujer

Si el consenso plantea que incorporar mujeres a la alta dirección es una inversión social y económica, inteligente y rentable, ¿por qué no cambiar esta realidad?

Conmemoramos mañana un aniversario más del Día Internacional de la Mujer, ocasión oportuna para hacer una radiografía de dónde estamos las mujeres chilenas, lo que hemos conseguido y el camino que nos queda por andar en pos de la equidad necesaria para un mejor país.

Chile ha registrado avances significativos en la participación laboral de la mujer (48,5%). Sin embargo, ello no se refleja en igual proporción en nuestro avance en posiciones de poder político, social y económico. Un ejemplo es lo que ocurre en los altos cargos directivos, donde ellas enfrentan una segregación que las mantiene principalmente en posiciones bajas y medias de la jerarquía organizacional, con consecuencias para ellas y la economía.

El actual nivel de participación de mujeres en directorios de empresas IPSA es del 5,4%, lo que equivale a 18 de un total de 331 directores en las 40 compañías más transadas en bolsa. Enfrentamos un notable rezago, más aún si nos comparamos con Europa cuyo promedio es del 18,1% (European Commission, 2014) y Estados Unidos, con 19,2% (Catalyst, 2015).

La evidencia internacional indica que las empresas con más mujeres en alta dirección tienden a mostrar un mejor desempeño financiero y organizacional. Las mujeres no sólo agregan valor, sino que contribuyen a su rentabilidad. Desde un punto de vista productivo, está comprobado que aumentan la competitividad, lo que se refleja en la economía y en la generación de empleos.

McKinsey estudió el caso de Latinoamérica en 2013, evaluando a 345 empresas que cotizan en bolsa en seis países. Los resultados evidenciaron que aquellas con una o más mujeres en sus comités ejecutivos, obtuvieron rendimientos de capital 44% más altos y márgenes antes de intereses e impuestos, 47% mayores, que las empresas con comités solo integrados por hombres.

Si el consenso plantea que incorporar mujeres a la alta dirección es una inversión social y económica, inteligente y rentable, ¿por qué no cambiar esta realidad?

Son múltiples las razones que explican la escasa presencia femenina en altos cargos. Las principales, como sabemos, son aquellas socio-culturales relativas al rol tradicional que se espera de las mujeres y que se convierten en barreras discriminatorias en el mercado laboral.

Hoy, para subsanar lo anterior, los países aplican distintos modelos. La autorregulación, es el mecanismo utilizado, por ejemplo, en Estados Unidos; el modelo Comply or Explain: “cumplir o explicar”, está presente en países de alto desarrollo como Reino Unido, Suecia, Australia, Nueva Zelanda, Singapur y Hong Kong. Y, por último, las cuotas de género para empresas estatales y privadas transadas en bolsa se aplican en Islandia, Noruega, Francia, Italia, Bélgica, Alemania, Holanda, España, entre otros. Se trata de una medida transitoria, que se impone como el mecanismo más eficiente para aumentar, en un corto plazo, la representación sustantiva de mujeres en la toma de decisión.

Chile debe sumarse a esta tendencia. La presidenta del Senado, Isabel Allende y el senador Felipe Harboe, ingresaron un proyecto de ley para establecer una cuota de género de 40% en los directorios de las empresas públicas. A su vez, la Subsecretaría de Economía impulsa una indicación en el Proyecto de Ley de Cooperativas, que busca que las directivas tengan la misma representación de género que sus bases.

Por otra parte, la Superintendencia de Valores y Seguros, consultará a las sociedades anónimas abiertas la norma general 341, que incluirá por primera vez el requerimiento de información sobre diversidad de género en sus gobiernos corporativos. Además, en el proyecto de Reforma Laboral, se propone que, al menos, haya una mujer en las comisiones negociadoras, que son representantes del sindicato en la negociación colectiva.

Esperamos que estas medidas conciten el apoyo necesario en el aparato público y en el mundo privado, en hombres y en mujeres, para que Chile se beneficie de talentos no utilizados. Ello, sin duda, llevará a mayores avances en muchos campos, lo que el país necesita para crecer.

La Cumbre de ONU Mujeres, realizada aquí en Santiago hace unos días, situó este tema en el centro del debate. Hubo acuerdo transversal en que, de no concretarse acciones decididas para impulsar el liderazgo de la mujer en la toma de decisiones, seguiremos perdiendo oportunidades clave. Lo anterior requiere de voluntad política y también de recursos económicos. Sólo así podremos avanzar en igualdad y permitir a las nuevas generaciones de mujeres y niñas desplegar su enorme potencial en beneficio de todas y todos.

*Columna publicada en El Mercurio, el 07 de marzo de 2015