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Opinión

Columna: Los riesgos de la reforma

Por Esperanza Cueto, presidenta de ComunidadMujer

Despejadas las dudas sobre qué camino tomaría el Ejecutivo para salir de la encrucijada política originada por la presión de parlamentarios de distintas bancadas y de la Concertación, que buscaban hacer cumplir al Gobierno su promesa a toda costa, es necesario sincerar los efectos que los cambios propuestos al sistema de protección a la maternidad tendrán sobre la mujer, la familia y el trabajo.

En principio presentan luces y sombras.

Entre las primeras cabe destacar lo más nuevo: la intención de abordar el tema de la cobertura a través de la propuesta de extensión gradual del subsidio de pre y posnatal a aquellas mujeres que tienen contratos atípicos (por obra y faena, temporeras agrícolas, a plazo fijo), y que representan al 11,5 por ciento de las mujeres ocupadas (Casen y Voz de Mujer); es tarea pendiente aclarar cuáles serán los mecanismos para su implementación. Asimismo, resulta muy valorable la mención de la corresponsabilidad.

Por primera vez existirá para los padres la posibilidad de asumir el cuidado temprano de sus hijos e hijas. Nos preguntamos, sin embargo, si el mecanismo sugerido (que la madre pueda transferir al padre hasta seis de las doce semanas de permiso posnatal adicional “con el beneficio de la remuneración de la madre y traspasándole el fuero laboral correspondiente al padre”) va a generar efectivamente incentivos para que los hombres puedan hacer efectivo ese derecho.

En Chile, los ingresos de las mujeres en promedio son 37% inferiores a los de los hombres. La brecha salarial se agudiza en edad fértil, llegando al 56% (Voz de Mujer Bicentenario). En muchos hogares, considerando la propuesta del proyecto y la brecha mencionada, la fórmula significará reducir el ingreso familiar. Proponemos que el permiso parental sea independiente: un derecho adquirido para el padre.

Entre las sombras, nos preocupa que un posnatal rígido de seis meses pueda ser un desincentivo a la contratación de mujeres. Nos preocupa particularmente la situación de las de menores ingresos, que son las que más necesitan trabajar y, cuando buscan hacerlo, encuentran empleo con menos probabilidad que los hombres (1 de cada 5 en el primer quintil está desempleada). Debiera ser tarea legislativa considerar mecanismos compensatorios que apoyen la contratación de mujeres en edad fértil o subsidien el reemplazo por maternidad.

Lamentamos que nada se haya mencionado sobre la eliminación del artículo 203 del Código del Trabajo, que establece la obligatoriedad del empleador de proveer de sala cuna para las empresas con más de 20 trabajadoras. Confiamos en que los parlamentarios incorporen la derogación de esta norma, indispensable ante el claro desincentivo que representa hoy para la contratación de mujeres.

Pero la dificultad central es que no se abordan de manera sistémica los problemas que presenta el actual sistema de protección a la maternidad. De concretarse lo anunciado, nos habremos perdido la oportunidad de materializar un sistema que proteja por igual a trabajadoras y trabajadores con responsabilidades familiares. En su lugar, se habrá generado una reforma parche, que no alcanza el objetivo de hacer de Chile un país más equitativo e igualitario.

Columna publicada el miércoles 2 de marzo de 2011 en Ideas de La Segunda.