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Opinión

Columna: Las mejores líderes comunitarias

Por Esperanza Cueto, presidenta de ComunidadMujer

Este aniversario, que elogia a la mujer, asimismo nos recuerda que aun cuando su situación se ha transformado crecientemente, la prevalencia de la igualdad y no discriminación entre hombres y mujeres está lejos de ser una realidad. Pero que ellas son las mejores líderes comunitarias en nuestro país, de eso no hay duda.

Hoy se conmemoran 100 años del Día Internacional de la Mujer. Desde todos los rincones del planeta nos llegan imágenes, noticias, acciones que dan cuenta del protagonismo creciente de las mujeres en la lucha por un mundo más igualitario, participativo y justo.

En estos cien años ha debido desplegarse un gran esfuerzo individual y colectivo para que de manera formal se acepte como imprescindible la inclusión femenina en todos los espacios de cualquier sociedad que pretenda avanzar al desarrollo. Gracias a esa lucha, la mujer se ha convertido en una de las fuerzas más importantes que están definiendo y redefiniendo el siglo XXI, por su contribución en el ámbito público, en todos los niveles, donde su participación hace la diferencia en las economías del mundo y donde tiene una influencia indiscutida en la vida social, política y cultural; incluso contribuyendo a sellar el destino de gobiernos y a hacer frente al sufrimiento de los pueblos golpeados por la escasez, los desastres naturales y los conflictos armados.

Cada día, además, son más las mujeres que adquieren protagonismo a lo largo del planeta como líderes en distintas disciplinas, en la ciencia, las artes, la tecnología, la academia, la empresa y la política, demostrando el valor y la urgencia de avanzar hacia su integración plena.

Este aniversario, que elogia a la mujer, asimismo nos recuerda que aun cuando su situación se ha transformado crecientemente, la prevalencia de la igualdad y no discriminación entre hombres y mujeres está lejos de ser una realidad. La autonomía económica, la participación política, el acceso al poder, la violencia contra la mujer, siguen siendo pendientes, particularmente en nuestro país.

Esto, sin duda, nos obliga a mirar qué estamos haciendo como sociedad para darles efectivas oportunidades a las mujeres para superar su discriminación y salir de la pobreza. Esperamos que el debate sobre este punto cobre importancia en la discusión de la reforma al sistema de protección a la maternidad, que se considere la necesidad de brindar protección a quienes hoy nada reciben y se materialice un sistema que proteja por igual a trabajadoras y trabajadores con responsabilidades familiares.

Este aniversario es también particularmente importante porque está marcado por la experiencia del terremoto que azotó las costas y el centro de nuestro país hace un año. En ese registro las mujeres vuelven e estar en primera fila, puesto que el desastre las afectó brutalmente. Algunas perdieron a sus hijos y sus maridos, algunas salvaron vidas, cuidaron enfermos, distribuyeron comida, hicieron de las media-aguas un hogar como pudieron.

La gran mayoría no logró compartir sus propios miedos, porque antes había que ser fuerte para los otros, y muchas de ellas están hoy psicológicamente dañadas. Las cifras hablan de la importancia de atender este problema por el bien de Chile y de su gente. Según la encuesta Casen posterremoto, hace seis meses en el 12% de la población afectada se detectó prevalencia de estrés postraumático, cifra que llegaba al 14,8% en el caso de las mujeres. Hoy estas cifras deben ser más altas porque una catástrofe de esta naturaleza deja secuelas que tienden a aumentar con el tiempo si ellas no son tratadas.

Pero, a la vez, las mujeres han sido durante el último año las más numerosas y más eficientes en el voluntariado. De ello tomamos nota al impulsar la iniciativa que da cuenta el libro “Terremoto después del terremoto. Trauma y Resiliencia” (Ed. Uqbar) que lanza hoy nuestra corporación en homenaje a las mujeres víctimas del terremoto y tsunami. Este da cuenta, del impacto que este desastre tuvo en la población, así como del sentido que tiene, en el imprescindible esfuerzo de prevenir, el fortalecer los gobiernos locales y la sociedad civil, a la ciudadanía organizada y sus líderes para que nunca más estemos tan vulnerables frente a una catástrofe.

Chile surge y se desarrolla, sin embargo, no admite verdaderamente que es una zona de riesgo y que el del 27-F no será el último terremoto o maremoto que nos golpeará. Habrá que hacerlo. Nuestro país hoy no está integrado al esfuerzo mundial para la prevención de riesgos y preparación ante catástrofes. La prueba de ello es que en la campaña “Ciudades Resilientes” ni una sola ciudad chilena está incorporada. Los países propensos a terremotos están todos allí, nosotros no. Crear ciudades resilientes es crear voluntarios que trabajen con organizaciones sociales y los poderes locales en la anticipación y capacitación que la prevención requiere.

En este sentido, el liderazgo comunitario y local de las mujeres es una de las piezas claves para anticipar y prevenir esta amenaza latente, y en la creación de cuerpos de voluntarias y voluntarios para acometer esta tarea como ocurre en Ecuador, Japón y México. Nuestro país debe participar de esta iniciativa y ComunidadMujer trabajará para promover que así sea, porque de esta manera podremos reducir los riesgos para nuestra gente. Tenemos la certeza de que sólo la prevención disminuye el miedo, las pérdidas en vidas y en recursos, disminuye los problemas de esta nueva pobreza que se ha instalado pos terremoto y sobretodo resulta ser la herramienta más eficaz para asegurar que los niveles de desarrollo adquiridos no se pierdan en las catástrofes. Las mujeres como las grandes líderes comunitarias que son, como generadoras de redes, son un verdadero motor en este esfuerzo que debe hacer de Chile un país resiliente.

Columna publicada en El Mercurio el martes 8 de marzo de 2011.