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Opinión

Columna: ¡Es la política, estúpido!

Por Marcela Ríos, oficial de gobernabilidad del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo

Después de meses de intenso debate y controversia parece que estamos divisando humo blanco en materia de post natal. Si bien aún no se ha divulgado públicamente un proyecto de ley, el anuncio del gobierno pone fin a especulaciones y trascendidos y muestra una clara señal política de mantener la promesa de campaña realizada por el Presidente Piñera.

Y es que tal como había evolucionado la discusión, quedaban pocas opciones viables para el ejecutivo. En este caso el complejo juego de ajedrez entre los distintos sectores políticos logró imponer la visión política por sobre consideraciones técnicas. Tanto la presión externa desde la oposición como aquella proveniente de diversos sectores de la propia coalición de gobierno, permitió que se llegará a una propuesta que pone al centro de la relación entre mujer, trabajo y familia la extensión del permiso de post natal por sobre otras dimensiones de la ecuación.

Tendremos que esperar el proyecto de ley y la discusión parlamentaria para conocer el final de esta historia, pero hasta ahora el debate ha demostrado que la opinión de los “técnicos” y expertos y de las pocas organizaciones que buscan representar los intereses y derechos de las mujeres, por sobre la de sectores políticos específicos, terminaron siendo avasallados por el conflicto político electoral entre gobierno y oposición.

La visión plasmada en el Informe Final de la Comisión Asesora Presidencial Mujer, Trabajo y Maternidad planteaba que, para avanzar en mejorar simultáneamente los derechos de las madres trabajadoras, cuidado en la infancia temprana y empleabilidad de las mujeres, era central una ampliación de cobertura del actual derecho. Hacía además hincapié en la necesidad de revisar todo el sistema de incentivos actuales que, en la práctica, hace que en nuestro país sólo el 43% de las mujeres accedan al mercado del trabajo, y una proporción muchísimo inferior a un contrato fijo con todos los derechos laborales, incluidos los permisos de pre y posnatal. Por último, promovía un cambio de paradigma desde una visión enfocada en la maternidad a una hacia “trabajadoras y trabajadores con responsabilidades familiares”.

A pesar de todo ello, el debate público ha terminado reduciendo un problema en extremo complejo a la duración del permiso de post natal. Lo que importa hoy en términos comunicacionales y políticos es la cantidad de meses. Todo lo demás pareciera ser irrelevante. Más aún, la forma en cómo se ha impulsado la demanda por la extensión del posnatal por un grupo transversal de actores políticos ha terminado eliminando también toda discusión sobre corresponsabilidad en la crianza de los hijos entre madres y padres y ha desconocido la realidad de la estructura del mercado de trabajo en Chile y los desafíos que enfrentan las mujeres, sobre todo las más pobres, para acceder a un empleo remunerado.

El anuncio del gobierno intenta revertir esta tendencia a la reducción de la complejidad incluyendo medidas que van más allá del tema de la duración del permiso: ahí radica su novedad y relevancia. Se incluyen ideas interesantes para extender el actual derecho de postnatal más allá de quiénes hoy acceden a él, incluyendo a las madres adoptivas y proponiendo incluir a mujeres más allá de las que tienen contrato fijo vigente (si bien aún no queda clara la modalidad). De la misma forma se retoma el tema de la corresponsabilidad en el cuidado de los hijos, incluyendo una propuesta para que parte de la extensión del permiso sea utilizada por los padres. Es un esfuerzo muy importante en un clima del todo adverso para discutir propuestas técnicas serias y complejas.

Es lamentable, sin embargo, que no se haya incluido mención alguna sobre la necesidad de el artículo 203 del Código del Trabajo que obliga sólo a los empleadores que contratan a más de 20 mujeres a cubrir los gastos de sala cuna y que opera como un fuerte desincentivo para la contratación y excluye a los trabajadores varones (y sus empleadores) de la responsabilidad en cuidado infantil.

Tal como están las cosas, no hay duda de que tendremos una extensión del permiso de post natal, independiente de los efectos que esto pueda tener para que las mujeres accedan a un empleo, obtengan las mismas remuneraciones por igual trabajo que los varones o puedan aspirar a ascender en sus trayectorias laborales.

La duda ahora es si esta extensión será rígida para todas las trabajadoras o se aceptarán diferencias según niveles de ingreso, tal como propone el gobierno, o la posibilidad de traspasar parte del actual permiso pre natal al post natal.

Introducir diferencias por quintiles ayudaría ciertamente a enfrentar el carácter regresivo de este derecho que protege fundamentalmente a las mujeres y familias de mayores ingresos, y permitiría que las trabajadoras con mayores niveles educacionales y calificación vieran menos afectadas sus carreras profesionales por esta reforma. Disminuiría además los espacios para el abuso y la presión por parte de empleadores que quisieran obligar a mujeres de menores ingresos a renunciar a un derecho. La otra cara de la moneda es, obviamente, que se introduce un criterio de desigualdad donde se entrega la posibilidad de decidir (se amplían los márgenes de libertad y discreción) sólo a quiénes tienen más recursos.

Cobertura, flexibilidad de un derecho y diferencias socioeconómicas serán los temas que guiarán el debate político que viene. Un desenlace virtuoso de esta reforma requiere que las opiniones de las mujeres y de las/os técnicos sean más escuchadas en la etapa de discusión final del proyecto de lo que han sido hasta ahora. El objetivo político electoral inmediato no se puede seguir imponiendo por la posibilidad de dar un salto relevante hacia mayores niveles de equidad e igualdad de género y social en nuestro país.

Columna publicada en El Post, el martes 01 de marzo de 2011.