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Elena Serrano: Las voces del salario mínimo

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Fuente: El Líbero

¿Doscientos ochenta mil pesos? Señores, escuchen estas voces.

“No me preguntes lo que es la pobreza, la has visto en mi casa. Mira las paredes, los hoyos, mira la ropa que uso, míralo todo, y escribe lo que ves. Lo que ves es la pobreza”.

“Estamos enfermos de pobreza –esta es una enfermedad”.

“La pobreza es humillación, es sentir que somos dependientes y estar obligados a aceptar el mal trato, el insulto y la indiferencia cuando pedimos ayuda”.

“Nosotros los pobres somos invisibles para los demás. Así como los ciegos no pueden ver, los demás no nos ven”.

“No me atendieron en el consultorio, sólo pude abrazar a mi niña y cantarle canciones de cuna hasta que murió en mis brazos”.

“Soy viuda, me tiraron a la calle, me golpearon. He andado por todos lados, llevando a mis hijos con los dientes”.

Frases al azar, sacadas de estudios* que han intentado entender en profundidad y de primera mano la experiencia de ser pobre. ¿Cómo definen los pobres su estado? ¿Qué encierran sus mentes? ¿Cuáles son sus emociones? ¿Cómo miran y describen sus vidas?

Las voces de los citados contienen siglos de humillación, de vergüenza, de vulnerabilidad y de desesperanza. Y sin embargo la posibilidad de algo mejor adquiere fuerza y se ilumina ante las promesas tantas veces recibidas y no cumplidas. Porque saben por experiencia que sólo a través de sus propias organizaciones y comunidades será posible negociar con los gobiernos, municipios, ONGs y organismos de caridad. “Ser pobre es estar siempre cansado”, dicen algunos. Pero no importa. Aquí no hay resignación, sigamos adelante, a la próxima negociación.

Entonces miro y leo noticias que dieron gran cobertura a la negociación en curso entre los trabajadores y el gobierno en torno al salario mínimo. Lo acordado es todo lo que ganen al mes por lo menos la mitad de las personas con trabajo en Chile. Doscientos ochenta mil pesos. Me pregunto de dónde sale esa cifra. ¿A quién y dónde y cómo se le ocurrió que se podía vivir con eso? ¿Cómo piensan que se pueda desglosar esa magra cantidad en techo, comida, abrigo, educación, salud, servicios básicos? Ni qué hablar de familia y menos de dignidad, eso no entra ni siquiera a la lista.

Sé perfectamente que camino sobre un terreno muy frágil aquí. Cualquier economista medianamente ilustrado me estaría dando lecciones apasionadas, en ese lenguaje remoto y hermético que parece darles tanta satisfacción. Que la macro, que el mercado laboral, que la inflación, que el empleo, que la informalidad, que los subsidios directos e indirectos, que el rol del estado, que el ingreso per cápita, que el poder adquisitivo. Todo para llegar a la conclusión de que cualquier alza en esa cifra nos llevará al país completo a una crisis terminal.

“Ser pobre es no tener libertad, es ser esclavos de la carga diaria, de la depresión y del miedo al futuro; además del estigma…y las manos siempre temblorosas”. ¿Doscientos ochenta mil pesos? Señores que negocian, escuchen estas voces.

*Voices of the Poor: Can Anyone Hear us? Encuesta a 20,000 personas, en 200 comunidades en 23 países. Banco Mundial, 2014.