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Cristina Bitar: “El nuevo orden de Trump”

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* Fuente: La Segunda

Estamos viviendo el fin de un orden mundial y se asoman signos de algo nuevo, pero es imposible adivinar qué. La despedida de Barack Obama de la Casa Blanca, y la llegada de su sucesor, son el símbolo de un cambio de era.

Estados Unidos, el gran imperio de la modernidad, está construido sobre el pensamiento liberal. Potencia por cuyas venas corren la democracia y el libre comercio. Vencedor de la Guerra Fría, hasta el último rincón del planeta llegaron los blue jeans —símbolo de la libertad individual— y el libre comercio; la democracia, en cambio, avanza con bastante más moderación.

Pero su propio triunfo instaló el germen de los problemas; desarmado el orden bipolar, abandonado el comunismo, las potencias imperiales ubicadas más allá de occidente —Rusia y China— comenzaron una fuerte expansión económica, que se suma al fenómeno de la globalización. Occidente, durante la Guerra Fría, tenía certezas que comenzó a perder. La incertidumbre y otros tipos de temor han llegado bajo la forma de un malestar que cunde entre sus clases medias y que busca expresión política.

El problema de EE.UU. y Europa es que la política debiera ser portadora de malas noticias: por muchos años han gastado más de lo que podían, sus déficits no son sostenibles, han perdido competitividad, y se han empobrecido en términos relativos.

Pero a la política no le gusta dar malas noticias. Prefiere buscar culpables, decirle a la gente que no tiene que hacer sacrificios. De alguna manera, Obama y Trump son dos expresiones del mismo ciclo vital de EE. UU.: el primero, con una agenda social que incrementó un déficit que ya se mide en trillones de dólares y el segundo, con un discurso xenófobo y proteccionista que muestra un país aislado y amenazante.

Sin la fe en el libre comercio y en una democracia fuerte, EE. UU. dejaría de ser lo que es. Eso encarna Trump: la posibilidad de un país que pierda la fe en sí mismo y se convierta en una caricatura de lo que fue. Ese sí sería, aquí y ahora, otro orden mundial.

La comparación entre el carácter de Obama y el de Trump es cruel, pero no es más que la constatación de dos períodos que se cruzan. Con la caída de la socialdemocracia caen las políticas moderadas, los acuerdos y las políticas públicas basadas en la tecnocracia. El reemplazo es un amigo conocido en nuestro continente: el populismo. La era de las pasiones, las mentiras, la manipulación de la información y los líderes de ego inflado.

El mejor antídoto al populismo son instituciones sólidas y confiables, y eso mismo es lo que está en duda. EE.UU. mostró la resistencia de sus instituciones con una impecable transmisión de mando. Es un lujo que admirar más que algo que dar por sentado. Pero, por lo mismo, está por verse cuán resistentes son esas organizaciones ante la arremetida de un Presidente que está buscando saltárselas constantemente.