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Opinión

Seamos transparentes: ¿Quién paga el costo de extender el posnatal?

Publicado por Andrea Bentancor en Institucionales , Mujer y trabajo , Fecha 2 febrero , 2010

Al momento de culminar esta columna, Sebastián Piñera acaba de constituirse como el Presidente de Chile para los próximos cuatro años. Es ahora, entonces, que sin la presión de la campaña, se vuelve impostergable discutir seriamente los efectos que en distintos ámbitos tendrá la extensión del post-natal a seis meses; compromiso que el Presidente electo asumió para los primeros 100 días del nuevo gobierno.

En primer término, valoramos la preocupación por el bienestar de los hijos e hijas de las mujeres trabajadoras, el cual se incrementaría a través del fomento del apego con su madre. Al respecto, querríamos destacar que creemos igual de importante fomentar el apego del padre desde los primeros días de vida del niño o niña. Así como también, extender los beneficios asociados a la protección de la maternidad (post-natal entre otros) a aquellas trabajadoras que no realizan cotizaciones previsionales. En efecto, es necesario fomentar la generación de trabajo para la mujer, pero trabajo de calidad y especialmente en un marco de formalidad, sin el cual muchas familias, especialmente las más vulnerables, quedan fuera de la asignación de importantes beneficios.

El “pecado original” del sistema de protección a la maternidad

Publicado por Eduardo Caamaño en Fecha 27 diciembre , 2009

La iniciativa que pretende ampliar el postnatal a 6 meses es un ejemplo más de la falta de coherencia y de la ausencia de una visión sistémica sobre la protección de los trabajadores y trabajadoras con responsabilidades familiares. En efecto, esta iniciativa es un mero parche que pretende mantener a flote un mecanismo de protección a la maternidad que hace tiempo está condenado a hundirse irremediablemente por estar construido en torno a un paradigma que, a vista de los hombres y mujeres del siglo XXI, tiende a adolecer cada día más de un vicio de legitimidad social.

Es lo que yo llamo “el pecado original” del Derecho del Trabajo, esto es, haber construido un sistema de protección legal a favor de los trabajadores que parte de la base una división sexista de roles. En este esquema, heredero de una concepción conservadora de la familia y de la negación de la mujer como ciudadana, le corresponde al hombre el rol de proveedor (trabajador a tiempo completo) y a la mujer el rol de cuidadora de los hijos, del hogar y, marginalmente, de trabajadora.