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Opinión

COLUMNA: Vulnerabilidad de origen

Publicado por Mercedes Ducci en Género y educación , Mujer y trabajo , Mujer y trabajo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 22 mayo , 2020

Por Mercedes Ducci Budge, presidenta de ComunidadMujer

De algún modo hay que saltar a otra etapa y la pandemia nos está forzando. Una crisis tan dramática como esta no puede pasar en vano. Si vamos a enfrentar todo el sufrimiento que necesariamente trae, al menos utilicemos la oportunidad de aprender que nos ofrece. Conectarnos con esa vulnerabilidad de origen es un camino para reconocer nuestra interdependencia y reconstruirnos como una sociedad capaz de escucharse, de cuidarse unos/as a otros/as y de valorar el aporte de cada cual. Sólo si logramos conectarnos ahora, desde eso que nos hace humanos, podremos enfrentar la otra crisis, la crisis económica y social que pulsa en el trasfondo.

Al llegar a lo más profundo de esta crisis, estallan los miedos, crece la angustia y nos encontramos de frente con nuestra profunda vulnerabilidad. La perspectiva de que los hospitales puedan colapsar y se deba elegir a quién dar prioridad, resulta aterradora. Esta pandemia nos conecta con algo muy profundo de nosotros mismos.

Porque los seres humanos sabemos lo que es la vulnerabilidad, aunque procuremos olvidarlo. Somos la especie que nace más desvalida. Adolf Portmann estimó que la gestación tendría que durar entre 18 y 21 meses, para alcanzar un desarrollo neurológico y cognitivo similar al de los chimpancés. La evolución de nuestro cerebro, para hacernos más inteligentes, hizo que el cráneo creciera. La cabeza no cabría en la pelvis femenina si el desarrollo avanzara más.
Al nacer, nuestra especie no tiene ninguna posibilidad de alimentarse por sí sola ni de procurarse el calor que necesita. Demora un año en ser capaz de caminar. Todo lo que conocemos como experiencia de familia nace de la necesidad de un círculo de amor y protección que nos permite suplir ese desamparo y, en el proceso, eso nos ha hecho humanos.

En este momento de vulnerabilidad profunda, algo hay de esa experiencia de origen. Pero no hay quién pueda darnos seguridad o certezas. Estamos en nuevo territorio. Las mujeres asumen la parte invisible, la demanda aumentada de cuidado de la enorme cantidad de personas que están en casa y que requieren atención, especialmente los niños y los ancianos. También ellas son mayoría entre quienes trabajan en los servicios de salud y en las áreas donde los empleos están siendo más amenazados. La sobrecarga trae un creciente estrés. Aún con ese constante esfuerzo puertas adentro, la violencia se ensaña en muchos hogares y, como sociedad, no logramos dar suficiente apoyo.

El tenor de la política y las redes sociales refleja la frustración frente a la incertidumbre. Los “enemigos” son el foco de la rabia y la hostilidad. Cada día sube la tensión. El miedo nos hace mezquinos. Y cuando más lo necesitamos, no logramos atrapar ese sentimiento de protección, de contar unos con otros, de poder sumar las fortalezas y suplir las debilidades.

Pero de algún modo hay que saltar a otra etapa y la pandemia nos está forzando. Una crisis tan dramática como esta no puede pasar en vano. Si vamos a enfrentar todo el sufrimiento que necesariamente trae, al menos utilicemos la oportunidad de aprender que nos ofrece. Conectarnos con esa vulnerabilidad de origen es un camino para reconocer nuestra interdependencia y reconstruirnos como una sociedad capaz de escucharse, de cuidarse unos/as a otros/as y de valorar el aporte de cada cual. Sólo si logramos conectarnos ahora, desde eso que nos hace humanos, podremos enfrentar la otra crisis, la crisis económica y social que pulsa en el trasfondo.

Columna publicada en La Tercera, el 20 de mayo de 2020.

COLUMNA: Las mujeres en la primera línea de la pandemia

Publicado por Alejandra Sepúlveda en Mujer y trabajo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 10 abril , 2020

Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda, directora ejecutiva de ComunidadMujer

No podemos seguir abordando la crisis con una perspectiva neutral al género, partiendo por el tratamiento de la información, pero también por la manera en que articulamos formas de intervención eficaces, donde las responsabilidades estén distribuidas entre los actores económicos y sociales con capacidad de hacer una diferencia.

A poco más de cuatro meses desde que se conoció el primer caso en el mundo, la pregunta “cuánto nos cambiará la pandemia” concita respuestas divergentes. Pero en lo que hay coincidencia es que esta crisis está dejando la vulnerabilidad humana al desnudo, mostrándonos la peor cara de la desigualdad.
Mientras hacemos frente a la emergencia y logramos retomar la actividad económica con salvataje financiero y ayuda social, surge el dilema de cómo saldremos de ésta y la necesidad de poner foco en quienes más sufren. En ese grupo enorme y heterogéneo están las mujeres.

Sabemos que han aumentado los riesgos de violencia que ellas sufren y, especialmente, la que se produce al interior del hogar, agravada por la obligación del confinamiento con el agresor, la incertidumbre económica, la sobrecarga de trabajo doméstico y de cuidado no remunerado y las tensiones que conlleva. Los obstáculos para acceder a ayuda en cuarentena son mayores. Las llamadas al fono de orientación dispuesto por el gobierno (1455) se dispararon del fin de semana del 20 de marzo al siguiente en un 70% -de 532 a 907-, evidenciando la necesidad de robustecer la respuesta en la atención, protección, seguimiento y defensa de estos casos.

COLUMNA: La crisis puertas adentro

Publicado por Claudia Yachan en Género y educación , Género y educación , Mujer y trabajo , Mujer y trabajo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 26 marzo , 2020

Por Mercedes Ducci Budge, presidenta de ComunidadMujer

En estos tiempos se hace indispensable redistribuir ese trabajo y avanzar en corresponsabilidad. Porque es justo y, además, urgente para aminorar el efecto negativo de esta sobrecarga. La cuarentena puede agudizar también los problemas de salud mental, algo en lo que nuestro país -sabemos- tiene un mal diagnóstico.

En estos días parece que efectivamente el mundo estuviera parando -como pedía Mafalda- y vemos la posibilidad cierta de que este aislamiento se prolongue. Probablemente veremos parar más sectores, hasta que queden funcionando sólo los servicios básicos. Sí, nos estamos “bajando” del mundo.

Por ahora, para muchas personas continúa la necesidad de seguir yendo a sus lugares de trabajo. Las mujeres son más del 80% de las personas empleadas en el sector sanitario y social, que tiene la mayor exposición al virus y, por tanto, mayores posibilidades de contagio. Asumen, además, gran parte de los costos emocionales de la pandemia.

Para las que necesitan salir, si tienen hijos en casa, está la preocupación de asegurar su cuidado. Las tareas habituales no dejan de apremiar, peor si padres y madres muy mayores están aislados y requieren de más apoyo. Las horas se hacen pocas. Así, la tensión en los hogares aumenta y la carga emocional y física se acumula.

“Criar y/o estudiar”: un paper sobre los efectos de las políticas universitarias en las y los estudiantes que están criando

Publicado por Comunicaciones CM en Mujer y trabajo Fecha 30 enero , 2020

 

  • El análisis concluyó que el apoyo en el cuidado de hijos e hijas por parte de estas instituciones aporta a la integración social  y por ende a la permanencia de los y las estudiantes que están criando.

El pasado miércoles 29 de enero, la estudiante de Ciencia Política, Macarena Galaz -y ex alumna de nuestra Escuela de Mujeres Jóvenes Líderes- presentó el paper “Criar y/o estudiar: políticas de Educación Superior Universitaria y sus efectos en la permanencia de estudiantes con hijos e hijas, en el año 2019”, una investigación guiada por Carolina Garrido que trata un tema poco explorado en nuestro país.

Durante un año, Macarena estudió cómo “afecta la respuesta institucional a la permanencia de estudiantes madres y padres en le Educación Superior Universitaria”, analizando el avance de las actuales políticas en dos casas de estudio, para entender de qué manera estas decisiones afectan en la permanencia de los estudiantes que están criando.

Tener hijos/as y estudiar son dos variables complejas de complementar y es un motivo para no estudiar, ya que existe poco apoyo institucional y las alumnas deben abandonar. Esta fue una motivación para Galaz, luego de que una compañera no pudiera seguir estudiando por tener que cuidar a su hijo. “Este es un estudio que busca complementar una realidad que ha sido invisible luego de tantos años de la mujer en la universidad”, dijo. Además, al ser un área poco abordada “este es un trabajo bastante pionero”, como explicó Carolina Garrido.

Para llevar a cabo su investigación, entrevistó a seis padres y madres en profundidad de la Universidad de Chile (UCH) y la Universidad Diego Portales (UDP). La elección de las casas de estudio fue porque la estatal “es reconocida por tener un buen sistema y políticas de apoyo para sus estudiantes con hijos”, mientras que en la privada “no existe mucha ayuda ni empatía para ellos”, explicó Galaz.

Para el estudio consideró la variable de Apoyo al cuidado que se define con la presencia o ausencia de jardín infantil o sala cuna, y la presencia o ausencia de beca para cuidado. La segunda variable es la Flexibilidad. Esta corresponde a la prioridad en la inscripción de asignaturas, la interrupción anticipada de estas, la menor exigencia para la asistencia y la reprogramación de trabajos. La tercera es el pre y post natal junto a permisos especiales. Esta última variable depende de las facilidades para no estar en actividades de riesgo y autorizaciones para ausentarse por el nacimiento, controles médicos obligatorios, enfermedades de la hija o hijo y una hora de alimentación.

Tras responder las variables mencionadas, Galaz concluyó que “el apoyo en el cuidado de hijos e hijas por parte de estas instituciones aporta a la integración social  y por ende a la permanencia” de los estudiantes que están criando. Por ejemplo, la existencia de jardín infantil o sala cuna son relevantes porque sino el factor económico toma protagonismo en el abandono. En este caso sólo la UCH ofrece el servicio.

También notó que la “ausencia de Flexibilidad Académica, incide negativamente en la cantidad de horas de estudio, generando mayor probabilidad de deserción”. En este caso la toma de asignaturas con prioridad es un factor clave para los padres o madres estudiantes. En este caso la UCH brinda la opción, mientras que la UDP depende del ranking.

Por esto, concluyó que la “ausencia de flexibilidad administrativa genera retraso, aumenta el riesgo de no permanencia en estudiantes madres o embarazadas”. En este caso en ambas universidades se considera “corto” el tiempo de post natal y en ambas existe el permiso por enfermedad de un hijo. Peo en la UDP es percibida como deficiente en su aplicación.

Un resultado importante que rescata Macarena Galaz es la relevancia de las políticas de corresponsabilidad entre la alumna o alumno y el centro de estudios para que los estudiantes puedan terminar sus carreras. Porque de lo contrario existe insatisfacción académica y aumenta la deserción.

COLUMNA: La (in) dignidad en la vejez

Publicado por Alejandra Sepúlveda en Género y educación , Mujer y trabajo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 17 enero , 2020

Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda, directora ejecutiva de ComunidadMujer

La precariedad en la vejez no es antojadiza y, en el caso de las mujeres, también responde a roles de género tradicionales. Asegurar una vejez digna es construir un país sano y socialmente sustentable. Ello está en el corazón de la demanda por un nuevo Pacto Social para Chile.

El debate sobre la reforma previsional comenzó esta semana a escribir su capítulo más importante, tras el aumento del Pilar Solidario, los anuncios presidenciales y el trabajo técnico y legislativo para acercar posiciones y llegar, esperamos, a una reforma que concite los acuerdos transversales que la viabilicen. La discusión debe estar a la altura del desafío, teniendo como horizonte el bien común, en un contexto de desconfianza y, a su vez, de gran expectativa social.

Es claro, estamos viviendo más años y la vulnerabilidad en la vejez afecta a gran parte de nuestra población. Se trata de una realidad dolorosa, que es más evidente entre las mujeres, pues en esa etapa se cristaliza una trayectoria marcada por brechas, discriminaciones en el mundo laboral ya conocidas y desventajas estructurales. Si a ello sumamos su edad de jubilación y mayor esperanza de vida, el panorama es desolador, con pensiones contributivas, en promedio, un tercio más bajas que las de los hombres, $186.000 v/s 281.000, respectivamente (Superintendencia de Pensiones, agosto 2019).