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Opinión

COLUMNA: Justicia y equidad de género. No te ajustes, transforma

Publicado por Comunicaciones CM en Noticias , Noticias destacadas , Prensa Escrita , Fecha 8 noviembre , 2018

Fuente: El Desconcierto

Durante el pasado Mayo Feminista, las universitarias llamaron nuestra atención sobre las discriminaciones y violencias que atraviesan las mujeres al interior del sistema educativo. La educación sexista; es decir, aquella que a través del currículum oculto perpetúa las distinciones de género tradicionales, reproduce al interior de los colegios y las universidades los estereotipos que determinan que las mujeres sean “mejores para esto” y los hombres “mejores para esto otro”. Efectivamente hay más mujeres dentro de las aulas, pero la equidad también pasa por contar con más grados de libertad para pensarnos e imaginarnos, así como poder fantasear con nuevos futuros y posibilidades distintas a las heredadas.

Por Stephanie Otth V.

El Informe de Género, Educación y Trabajo (GET) publicado por ComunidadMujer durante Octubre, responde oportunamente a la urgencia de contar con datos que den cuenta de manera concreta de las inequidades que atraviesan las mujeres de distintas generaciones de nuestro país. Propone acciones en distintos niveles para interrumpir las brechas, que deben ser ejecutadas tanto en lo público como en lo privado. El análisis transgeneracional que propone el informe, rescata las condiciones de vida de nuestras abuelas, madres e hijas y permite corroborar que, si bien las nietas cuentan con mayores y mejores oportunidades, la equidad plena aún nos es lejana. El crecimiento global de las últimas décadas no ha asegurado condiciones de vida más justas y equitativas para todos. Un ejemplo de esto se ve en nuestros sueldos: si bien los ingresos han aumentado en general, la brecha salarial entre hombres y mujeres no se ha visto reducida, alcanzando una diferencia de hasta el 29%. Este peak se relaciona con los años en que las mujeres nos dedicados a las tareas de maternidad y crianza.

En lo que sigue quiero destacar las principales conclusiones del informe y ofrecer algunas reflexiones en torno a cómo estamos entendiendo y promoviendo la justicia en general y la equidad de género en específico. Si bien hemos avanzando, no podemos contentarnos con mejores índices y tasas de participación en el trabajo y en la educación. Es un paso necesario pero no él único. Si queremos efectivamente promover una sociedad más justa y amable debemos interrogarnos por la calidad de nuestras experiencias y cuán conformes estamos con las elecciones de vida que estamos, como hombres y mujeres, pudiendo realizar.

En síntesis, el GET 2018 señala que la vida de las mujeres ha cambiado de una generación a otra pero que la de los hombres no. Segundo, confirma que el acceso a la educación es crucial para el desarrollo de las mujeres. Tercero, reafirma que la brecha salarial aumenta con la edad y cuarto demuestra lo que significa – en temas de educación y trabajo- vivir en un país tan centralizado como Chile.

¿Qué cambio queremos? Asimilación v/s Transformación

Efectivamente las condiciones de vida de las mujeres han mejorado en los últimos años, la prueba de esto está en el informe: hoy las mujeres tenemos más acceso a la educación y al trabajo que nuestras madres y que nuestras abuelas. Ahora bien, ¿qué todo/as cumplamos con la escolaridad obligatoria o podamos acceder relativamente a las mismas prestaciones de salud, significa que nuestra experiencia como mujeres al interior de dichas instituciones se da en igualdad de condiciones que la de los hombres?

Durante el pasado Mayo Feminista, las universitarias llamaron nuestra atención sobre las discriminaciones y violencias que atraviesan las mujeres al interior del sistema educativo. La educación sexista; es decir, aquella que a través del currículum oculto perpetúa las distinciones de género tradicionales, reproduce al interior de los colegios y las universidades los estereotipos que determinan que las mujeres sean “mejores para esto” y los hombres “mejores para esto otro”. Efectivamente hay más mujeres dentro de las aulas, pero la equidad también pasa por contar con más grados de libertad para pensarnos e imaginarnos, así como poder fantasear con nuevos futuros y posibilidades distintas a las heredadas.

Si lo que el informe GET señala es correcto, y la vida de los hombres no ha presentado variaciones significativas, ¿qué tipo de cambio social hemos promovido? Aunque la vida de las mujeres del presente sea significativamente distinta a las de ayer, que los hombres no reporten transformaciones refleja que las medidas de equidad que hemos promovido han sido más inclusivas que transformadoras. En otras palabras, pareciera que hemos tomado el trabajo por la equidad como la promoción de estrategias que permitan a las mujeres incluirse a un mundo masculinizado, más que ofrecer condiciones estructurales de posibilidad para replantearnos el status quo de manera transversal. Por supuesto que queremos mejores condiciones para todos, pero para ello no sólo debemos promover el desarrollo de la mujer sino repensar aquellos espacios y funciones sociales que los hombres, por distintas razones, no están pudiendo asumir.

Así, si bien la participación laboral de las mujeres ha aumentado (aunque las últimas mediciones del INE informan que ésta ha vuelto a disminuir) no hemos podido realizar cambios estructurales en los sistemas; por ej. En los horarios y exigencias. Pero e igual de importante, tampoco hemos podido modificar nuestras valoraciones; seguimos dividiendo y calificando ciertas tareas como propiamente femeninas y secundarias y otras como masculinas y primordiales, seguimos considerando que los niños de temprana edad se ven perjudicados en su desarrollo si su madre trabaja, seguimos pensando que si un hombre no provee éste no se hace responsable de su familia. La equidad, si queremos tomarla de manera sustantiva y global, pasa por cuestionarnos estas lógicas y construir nuevos ordenamientos donde exista mayor autonomía y espacio para que los arreglos personales y los acuerdos vinculares de cada pareja se puedan sostener.

En resumen, el ‘vaso está medio lleno y medio vacío’, pues si bien nuestras nietas están en mejores condiciones que nuestras abuelas, la estructura cultural sigue calibrada en clave masculina. Lo complejo es que esa “masculinidad” tampoco es única ni igual para todos. La perpetuación de este estatus quo no sólo tiene costos para las mujeres, también está marginando a las nuevas y diversas masculinidades, invisibilizando esas otras formas de ser varón que se resisten a conformarse con responder a lo establecido. Sigamos avanzando, pues se puede hacer mejor.

 

COLUMNA: Mujeres y pensiones, epílogo de la desigualdad

Publicado por Alejandra Sepúlveda en Institucionales , Institucionales , Mujer y trabajo , Mujer y trabajo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 28 octubre , 2018

Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda, directora ejecutiva de ComunidadMujer

Los sistemas de pensiones no son neutros a las inequidades de género y el chileno las reproduce y amplifica. Por ello, resulta fundamental incluir en esta reforma el principio de solidaridad y el resguardo de la no discriminación y la igualdad de género.

Ad portas del anuncio del Proyecto de Reforma Previsional del Ejecutivo, es clave poner el foco en uno de los grupos en mayor desventaja: las mujeres. Vivimos cada vez más y es en la vejez cuando pagamos el costo de la educación desigual, la inequidad salarial y los obstáculos en el desarrollo laboral, que nos marginan de mayores oportunidades.

Esta trayectoria difícil provoca que las mujeres tengamos una pensión contributiva un tercio más baja que los hombres ($168.000 versus 262.000); que el 75% de las pensionadas reciba un monto inferior al salario mínimo líquido y que el 94% de las pensionadas en modalidad “Retiro Programado” reciba una por debajo de la línea de la pobreza, lo que las obliga a enfrentar una dura vejez.

Con un capital humano poco desarrollado, escaso poder de negociación y salarios bajos, resulta difícil alcanzar una pensión mayor. El sistema está basado en el “esfuerzo” individual, que no refleja la “voluntad” de cada persona para superar las adversidades en su etapa activa.

En el caso de las mujeres el tema es claro: el Código Laboral impone costos de contratación diferenciados por sexo -asociados a la maternidad-, que se traducen en alta inactividad, informalidad, brecha salarial, lagunas previsionales y desempleo. Sólo un 37% de las mujeres que se acogen a la jubilación han aportado más de 20 años a su cuenta de capitalización (vs el 52% de los hombres).

Ellas, además, viven en promedio más años y, solo por ello, tendrán una pensión 15% más baja que los hombres a iguales años de cotización y monto acumulado. El ciclo de la desigualdad termina de cerrarse.

Los sistemas de pensiones no son neutros a las inequidades de género y el chileno las reproduce y amplifica. Por ello, resulta fundamental incluir en esta reforma el principio de solidaridad y el resguardo de la no discriminación y la igualdad de género.

Tenemos el precedente de la reforma de 2008 que, al crear el pilar solidario, favoreció a las mujeres más pobres a través de la Pensión Básica Solidaria y del Aporte Previsional Solidario de Vejez.

Necesitamos romper la asociación entre esperanza de vida y monto de jubilación, porque las mujeres no deben hacerse cargo solas de su mayor longevidad. Una alternativa es utilizar una tabla de mortalidad unisex. Otra es la creación de una asignación por longevidad femenina, subsidio público que nivela hacia arriba las pensiones de las mujeres, aportando la diferencia entre una pensión con la tabla actuarial promedio de ellas y la que podrían haber obtenido si los cálculos se hubiesen hecho con una de hombres.

Una tercera opción es un seguro de la cuarta edad, donde el límite superior de la tercera edad esté definido por la expectativa de vida de los hombres. La tercera edad estaría cubierta por el sistema de capitalización individual y la cuarta por un seguro con fondos del Aporte Previsional Solidario.

ComunidadMujer presentó estas propuestas al Presidente Sebastián Piñera cuando era candidato. Hoy mantenemos su pertinencia.

Asimismo, sostenemos que retrasar la edad de jubilación de las mujeres no es la llave para mejorar sus pensiones. De hecho, para aumentar sus ingresos, ellas ya se están retirando del mercado laboral a los 67,7 años (cuatro años más que el promedio OCDE) y los hombres a los 71,3 años.

Es clave mejorar su situación laboral previa -partiendo por aprobar la llamada ley de sala cuna que se discute en el Congreso- y adoptar un sistema de pensiones que no las castigue por vivir más años. Necesitamos dotar de dignidad urgentemente a la última etapa de la vida.

Columna publicada el 28 de octubre en Reportajes de La Tercera

Foto: Pablo Sanhueza

Columna: Ellas cambiaron. Ellos no

Publicado por Mercedes Ducci en Género y educación , Institucionales , Institucionales , Mujer y trabajo , Mujer y trabajo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 14 octubre , 2018

Por Mercedes Ducci Budge, Presidenta de ComunidadMujer

Karina fue la primera universitaria en su familia. Hoy es abogada, se casó a los 32 y tuvo muchas más opciones que su madre: Jaqueline, que no pudo ir a la universidad, se casó a los 22 y trabajó esporádicamente hasta que, tras su separación, fue la principal proveedora. Un abismo separa a Karina de su abuela, Nadia, quien no terminó el colegio e hizo su vida en el ámbito doméstico.

Ellas encarnan tres de las 12 generaciones de mujeres y hombres que cubre el Informe GET 2018, estudio inédito sobre Género, Educación y Trabajo. Pusimos foco en hombres y mujeres nacidos en los años 40, 60 y 80, para ver cuánto han cambiado las trayectorias de vida en esas generaciones. GET muestra las luces y sombras, el vaso medio lleno y el vaso medio vacío.

Columna: La Etapa Decisiva

Publicado por Alejandra Sepúlveda en Género y educación , Género y educación , Institucionales , Institucionales , Mujer y trabajo , Mujer y trabajo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 14 octubre , 2018

Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda, Directora Ejecutiva de ComunidadMujer

Las jóvenes de nuestro país han sido protagonistas de un movimiento social sin precedentes que está corriendo el eje de lo tolerable, denunciando asuntos hasta ahora naturalizados, como la educación sexista, el acoso callejero, el ninguneo encubierto, la violencia machista, el abuso sexual y de poder, que son parte de la biografía de la gran mayoría de las mujeres. Su ¡Basta ya! ha sido tan fuerte que ha logrado activar a buena parte de la institucionalidad, en un intento por dar respuesta a la mayor ola feminista en nuestro país.

Tal forma de plantarse ante el mundo no es solo reflejo de su mayor conciencia individual y colectiva sobre las discriminaciones de género. En ella subyace un cambio social determinante: representar a la generación con más acceso a la educación y años de escolaridad de la historia, con sueños y ambiciones que rebasan el marco cultural y social que hoy limita sus vidas y que amenaza con perpetuarse, debido a las brechas persistentes.

Columna: Nuevos horizontes para caminar

Publicado por ComunidadMujer en Género y educación , Género y educación , Mujer y trabajo , Mujer y trabajo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 14 octubre , 2018

Por Mia Gous. Gerenta General Minera Spence, BHP

Crecí en una familia en la que mis padres siempre me inculcaron que, pese a las diferencias físicas, hombres y mujeres somos iguales. Ya que me interesaba la ciencia y matemática, cursé una carrera que en general muy pocas mujeres estudiaban. Tenía la convicción de que contaba con las capacidades necesarias para ser exitosa en cualquier área que me propusiera.

Con esfuerzo y perseverancia pude vencer esas barreras y he ido logrando cosas positivas en mi carrera. Pero también gracias a que, a lo largo de los años, en todas las empresas en las que he trabajado ha habido personas de distintos estamentos que me han recibido bien y que me han apoyado. Eso ha sido muy importante.