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Opinión

COLUMNA: ¿Quién definió que las labores domésticas y de cuidado no son trabajo?

Publicado por Paula Poblete en Género y educación , Mujer y trabajo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 23 marzo , 2020

Por Paula Poblete, directora de Estudios de ComunidadMujer

Un estudio de ComunidadMujer estimó en $44 billones al año el valor económico del trabajo doméstico y de cuidado que no es remunerado en Chile. Un 67% de este valor es aportado por mujeres. La autora de la columna explica que con este trabajo gratuito y frecuentemente despreciado, “millones de mujeres subsidian el desarrollo de nuestro país…Para que se haga una idea, el aporte en mantener al hogar, cuando se contabiliza, supera con creces el aporte que hace la minería a la economía chilena.”

Quisiera partir compartiendo algunos de los comentarios que hemos recibido tras la publicación del estudio ¿Cuánto aportamos al PIB? Primer Estudio Nacional de Valoración Económica del Trabajo Doméstico y de Cuidado No Remunerado en Chile”.

“No existe el trabajo no remunerado en las labores domésticas de la dueña de casa, la remuneración es el ahorro familiar en ese concepto, hábil para ser gastado en otro ítem”.

“Estas orcos quieren que se les pague por bañar a sus hijos, tener su casa limpia, o cuidar a su madre o padre en edad avanzada. Es decir, quieren que se les pague por hacer lo que deben hacer. Es como si a mí me pagaran por lavarme los dientes”.

“Por supuesto que es “trabajo” y es necesario, pero ¿aporta al PIB? Si mi compañera/o se queda en casa para realizar esas labores (suponiendo que así lo decidimos en conjunto) por supuesto que es un beneficio para mí, y puedo compartir mi ingreso (me facilita realizar mi aporte al PIB con mi trabajo remunerado), pero no es un aporte directo al PIB…”.

“Articulo ridículo. Gran parte del supuesto trabajo no remunerado es trueque. Ayer me cuidaron a mí gratis, hoy cuido gratis”.

COLUMNA: La gesta de la paridad

Publicado por Alejandra Sepúlveda en Género y educación , Género y educación , Institucionales , Mujer y política , Mujer y trabajo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 8 marzo , 2020

Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda, directora ejecutiva de ComunidadMujer

Este 8M será recordado como un hito. Uno en que las mujeres de Chile logramos correr las fronteras de lo posible y convertirnos en ejemplo para el mundo, siendo el primer país que incorpora el principio de paridad de género para escribir la nueva Constitución.

La jornada histórica de votación del 4 de marzo fue la culminación de una verdadera gesta, un camino plagado de obstáculos que se fueron sorteando, con táctica política, conocimiento experto y apoyo decidido de la sociedad civil, volcada a aunar voluntades, establecer puentes y, por cierto, presionar por un resultado favorable. Ad portas de la conmemoración del Día de la Mujer, de la marcha convocada para hoy y la huelga feminista de mañana, era una señal simbólica llegar con esto resuelto.

Los ánimos en el Congreso fueron tensos durante la semana, pero el miércoles ya se evidenciaba un giro respecto del inicio de la tramitación y el rechazo en el Senado antes del receso de vacaciones. Ahora la oposición estaba “cuadrada” en torno al liderazgo de sus parlamentarias, entregándoles un espacio inédito de protagonismo y una fórmula mejorada de la original, que terminó imponiéndose a otras alternativas.

Mientras, la derecha mantenía gran parte de sus votos en suspenso, sin lograr cohesión en torno a una última propuesta que llegó a destiempo. A esas alturas, el costo de rechazar la paridad ya se había elevado a su máximo y la apuesta fue dejarlo a la negociación uno a uno, confiando en que RN, y el buen hacer de sus diputadas que encabezaron la iniciativa desde un principio, lograría aportar los votos suficientes. Al final se vería “quién es quién”.

El desenlace fue la aprobación por una mayoría amplia y lo ocurrido nos deja varias lecciones. La primera es que no existen sistemas electorales perfectos, todos generan “distorsiones”. En este caso, se buscó reducirlas al máximo para solucionar la mayor de las anomalías: la subrepresentación política de las mujeres que no superan el 23% en el Congreso y el 12% en las alcaldías.

Dar legitimidad a un proceso constituyente único, bien valía este esfuerzo. Porque la nueva casa común nos debe representar por igual. Por eso resulta tan disonante seguir escuchando el manido eslogan de que aquí se “metió la mano en la urna”, olvidando la experiencia del binominal.

La segunda lección pasa por seguir la senda de acuerdos transversales que una mayoría ciudadana demanda. En este caso el movimiento feminista logró hacer de este uno de esos momentos memorables de nuestra historia democrática. Uno en que nuestros representantes lograron cruzar fronteras ideológicas, en aras de un bien común mayor. Mención especial para los parlamentarios dispuestos a ceder cuotas de poder. Para muchos, el feminismo ha dejado de ser tan incómodo. Y es de esperar que mantengan la coherencia de sus discursos en la práctica legislativa. Porque la agenda social no está resuelta y la demanda por la igualdad está en el centro de la misma.

Por último, destaca la contundente acción de las mujeres y su capacidad de incidir en las decisiones políticas, uniéndonos en torno a un objetivo común, poniendo en valor la diversidad que representamos. Hemos puesto la nota distintiva a las manifestaciones ciudadanas tras el 18 de octubre.

Cierto es que este logro no será realidad si el 26 de abril no gana la opción “apruebo” y la de una Convención Constitucional 100% electa. Tengo la esperanza de que, finalmente, lograremos hacer historia, avanzando decididamente en el cambio cultural que Chile necesita y que esta semana empezamos a reescribir. Por todas las mujeres, las de ayer que nos abrieron el camino, las de hoy con quienes construimos esta nueva ruta, marchamos este 8M.

Columna publicada el 08 de marzo en La Tercera

COLUMNA: Marzo como oportunidad

Publicado por Comunicaciones CM en Institucionales , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 27 febrero , 2020

Por Mercedes Ducci Budge, presidenta de ComunidadMujer

“Me gustaría ver este marzo a los talentos de la sociedad civil, política, academia y empresa sumarse en una enorme corriente creativa, una fuerza transversal de distintas generaciones, enfocada en visualizar cómo avanzar hacia una sociedad basada en el buen trato, que incluya a quienes han sido o se sienten excluidos”.

La última semana de febrero solía anunciar el regreso a la normalidad de marzo. La vuelta a los colegios, el retorno de quienes estaban de vacaciones, los tacos, la rutina del año iniciándose una vez más.

Pero todo en este verano ha sido diferente. Febrero se despide con un Festival de Viña completamente distinto a los anteriores. Y este marzo marca el comienzo de un año crucial en un clima cargado de tensión. Hemos visto noticias sobre el auge de las empresas de seguridad y los preparativos de los lugares más expuestos para protegerse de posibles destrozos.

Pero marzo -si lo tomamos como la gran oportunidad que es- podría recapturar el sentido de cambio positivo que nos pueda unir. Un atisbo de eso me pareció ver al final de la secuencia sobre el 18-O de Kramer, ante una receptiva Quinta Vergara e impresionantes niveles de sintonía en televisión.

Cuando se venía el Plebiscito del 88, la Concertación tuvo el acierto de crear una visión de un destino que movilizara y uniera. “La alegría ya viene” encarnó el sentido de una sociedad que incluiría a una gran mayoría, que dejaría atrás el odio y la violencia. Así, la duda dio paso al entusiasmo. Evidentemente, en los 30 años que siguieron hubo éxitos y falencias y hoy estamos nuevamente en un momento crítico. Pero esa visión de futuro fue lo que convocó y facilitó la decisión de internarse en terreno desconocido.

Ahora estamos en otro umbral y toca elaborar esa imagen palpable de un destino compartido. Hasta ahora hay 11 marchas anunciadas para marzo en el calendario que circula en redes sociales. Paralela corre la actividad del Congreso, con muchos temas que están entre las demandas ya en tabla. Estamos a dos meses de un plebiscito que requiere una amplia participación de la ciudadanía, para que el proceso que hemos emprendido tenga legitimidad duradera. Estamos todas y todos juntos involucrados en un hito que marcará nuestro futuro. Necesitamos vislumbrar un sentido de comunidad más allá de las diferencias. Los que tienen visibilidad deben dar el ejemplo de que es posible entenderse.

Soñando en voz alta, me gustaría ver este marzo a los talentos de la sociedad civil, política, academia y empresa sumarse en una enorme corriente creativa, una fuerza transversal de distintas generaciones, enfocada en visualizar cómo avanzar hacia una sociedad basada en el buen trato, que incluya a quienes han sido o se sienten excluidos. Me gustaría verlos conversar, que pueden atravesar barreras, entenderse y trabajar juntos.

Si toda la atención está centrada en el enfrentamiento violento y los daños a las personas y al patrimonio, es inevitable el desaliento y el aumento de la tensión.

Las mujeres podemos liderar también este camino en un mes emblemático para nosotras. Queremos recorrer el camino de los cambios que nuestra sociedad necesita, pero para que todos se incorporen y se sientan parte, necesitamos hacer visible la salida. Las sociedades avanzan hacia una visión de futuro. Debemos poner el foco ahí. Marzo puede ser la oportunidad. No la perdamos.

Columna publicada en Opinión de La Tercera, el jueves 27 de febrero de 2020.

COLUMNA: Los retos del mundo laboral

Publicado por Claudia Yachan en Institucionales , Liderazgo , Mujer y trabajo , Noticias destacadas , Prensa Escrita , Fecha 13 febrero , 2020

Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda, directora ejecutiva de ComunidadMujer.

Porque trabajadores y trabajadoras no aparecen espontáneamente en sus espacios laborales, sino gracias al trabajo doméstico y de cuidado que les permitió llegar allí, es necesario valorarlo. Estas tareas son condición necesaria para generar riqueza y reproducir el sistema económico y social, a pesar de que son doblemente castigadas al no ser remuneradas ni contar con previsión social, seguros o vacaciones”.

Desde el inicio de la crisis social, la actividad económica ha descendido, lo que se refleja en las altas cifras de despido reportadas por la Dirección del Trabajo. Hoy la tasa de desocupación es mayor entre las mujeres (7,7%) que entre los hombres (6,5%), según las últimas cifras disponibles del INE.

Para hacer frente a este escenario, el gobierno presentó un proyecto que busca proteger el empleo y, entre otras medidas, propone la reducción temporal y pactada por hasta un 50% de la jornada laboral, con un complemento de hasta un 25% del salario del trabajador/a, con cargo al Fondo de Cesantía Solidario. A ello se suma el debate en el Congreso por la reducción de la jornada laboral, si bien la Mesa Técnica convocada para analizar esta reforma recomendó suspender temporalmente su tramitación, y propuso, a la luz de la experiencia internacional, fórmulas para incluir adaptabilidad y gradualidad en su implementación.

Se trata de una discusión que desafía a la clase política y que se debe abordar con perspectiva de género, ya que se trata de medidas que afectan de manera distinta a hombres y mujeres. Según la ENUT de 2015, la carga global de trabajo (tiempo destinado al trabajo remunerado y al no remunerado), en un día hábil tipo de las y los ocupados, alcanza las 52,5 horas promedio entre las mujeres y 43 horas entre los hombres. En otras palabras, una mujer promedio en Chile trabaja más que la actual jornada completa legal, e incluso más de 48 horas, tiempo considerado excesivo por la OIT (2008) y también el momento cuando la productividad empieza a ser negativa (Pencavel, 2014).

Porque trabajadores y trabajadoras no aparecen espontáneamente en sus espacios laborales, sino gracias al trabajo doméstico y de cuidado que les permitió llegar allí, es necesario valorarlo. Estas tareas son condición necesaria para generar riqueza y reproducir el sistema económico y social, a pesar de que son doblemente castigadas al no ser remuneradas ni contar con previsión social, seguros o vacaciones. Recientemente, ComunidadMujer estimó que el aporte al PIB de estas labores alcanza el 22%, superando incluso a la minería, el comercio y la industria manufacturera.

Se trata de una invitación a un cambio de mirada, reconocer estas labores y transitar hacia una comprensión amplia del trabajo —que incluya las responsabilidades familiares y tareas domésticas—, propiciando un mejor diseño del espacio laboral. A su vez, dentro del espacio doméstico, es crítica su redistribución de manera equitativa y corresponsable, para que la futura reducción de la jornada laboral signifique también para ellas un mayor bienestar, a través de más espacio de descanso y oportunidades en el uso del tiempo.

Un nuevo mundo laboral debe emerger de la crisis y para ello se requiere impulsar el desarrollo de una Estrategia Nacional para la Calidad de Vida Laboral, demostrando una potente voluntad política para renovar y resignificar este espacio, en el que mujeres y hombres desarrollamos gran parte de nuestra vida.

Columna publicada en Opinión de La Tercera, el jueves 13 de febrero de 2020.

“Criar y/o estudiar”: un paper sobre los efectos de las políticas universitarias en las y los estudiantes que están criando

Publicado por Comunicaciones CM en Mujer y trabajo Fecha 30 enero , 2020

 

  • El análisis concluyó que el apoyo en el cuidado de hijos e hijas por parte de estas instituciones aporta a la integración social  y por ende a la permanencia de los y las estudiantes que están criando.

El pasado miércoles 29 de enero, la estudiante de Ciencia Política, Macarena Galaz -y ex alumna de nuestra Escuela de Mujeres Jóvenes Líderes- presentó el paper “Criar y/o estudiar: políticas de Educación Superior Universitaria y sus efectos en la permanencia de estudiantes con hijos e hijas, en el año 2019”, una investigación guiada por Carolina Garrido que trata un tema poco explorado en nuestro país.

Durante un año, Macarena estudió cómo “afecta la respuesta institucional a la permanencia de estudiantes madres y padres en le Educación Superior Universitaria”, analizando el avance de las actuales políticas en dos casas de estudio, para entender de qué manera estas decisiones afectan en la permanencia de los estudiantes que están criando.

Tener hijos/as y estudiar son dos variables complejas de complementar y es un motivo para no estudiar, ya que existe poco apoyo institucional y las alumnas deben abandonar. Esta fue una motivación para Galaz, luego de que una compañera no pudiera seguir estudiando por tener que cuidar a su hijo. “Este es un estudio que busca complementar una realidad que ha sido invisible luego de tantos años de la mujer en la universidad”, dijo. Además, al ser un área poco abordada “este es un trabajo bastante pionero”, como explicó Carolina Garrido.

Para llevar a cabo su investigación, entrevistó a seis padres y madres en profundidad de la Universidad de Chile (UCH) y la Universidad Diego Portales (UDP). La elección de las casas de estudio fue porque la estatal “es reconocida por tener un buen sistema y políticas de apoyo para sus estudiantes con hijos”, mientras que en la privada “no existe mucha ayuda ni empatía para ellos”, explicó Galaz.

Para el estudio consideró la variable de Apoyo al cuidado que se define con la presencia o ausencia de jardín infantil o sala cuna, y la presencia o ausencia de beca para cuidado. La segunda variable es la Flexibilidad. Esta corresponde a la prioridad en la inscripción de asignaturas, la interrupción anticipada de estas, la menor exigencia para la asistencia y la reprogramación de trabajos. La tercera es el pre y post natal junto a permisos especiales. Esta última variable depende de las facilidades para no estar en actividades de riesgo y autorizaciones para ausentarse por el nacimiento, controles médicos obligatorios, enfermedades de la hija o hijo y una hora de alimentación.

Tras responder las variables mencionadas, Galaz concluyó que “el apoyo en el cuidado de hijos e hijas por parte de estas instituciones aporta a la integración social  y por ende a la permanencia” de los estudiantes que están criando. Por ejemplo, la existencia de jardín infantil o sala cuna son relevantes porque sino el factor económico toma protagonismo en el abandono. En este caso sólo la UCH ofrece el servicio.

También notó que la “ausencia de Flexibilidad Académica, incide negativamente en la cantidad de horas de estudio, generando mayor probabilidad de deserción”. En este caso la toma de asignaturas con prioridad es un factor clave para los padres o madres estudiantes. En este caso la UCH brinda la opción, mientras que la UDP depende del ranking.

Por esto, concluyó que la “ausencia de flexibilidad administrativa genera retraso, aumenta el riesgo de no permanencia en estudiantes madres o embarazadas”. En este caso en ambas universidades se considera “corto” el tiempo de post natal y en ambas existe el permiso por enfermedad de un hijo. Peo en la UDP es percibida como deficiente en su aplicación.

Un resultado importante que rescata Macarena Galaz es la relevancia de las políticas de corresponsabilidad entre la alumna o alumno y el centro de estudios para que los estudiantes puedan terminar sus carreras. Porque de lo contrario existe insatisfacción académica y aumenta la deserción.