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Opinión

COLUMNA: Sí, hoy hay mucho en juego

Publicado por Claudia Yachan en Género y educación , Liderazgo , Mujer y trabajo , Noticias destacadas , Prensa Escrita , Fecha 4 junio , 2020

Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda, directora ejecutiva de ComunidadMujer.

Preocupa la tremenda falta de perspectiva de género en la estrategia y medidas de las autoridades para abordar esta crisis. Un botón de muestra: dentro de las cajas que hoy distribuye el Estado a las familias no hay un kit de higiene para las mujeres, protocolo más que conocido a nivel mundial en catástrofes”.

En menos de una semana, el gobierno tuvo que bajar de sus redes dos videos de campañas vinculadas con temas de género. El primero, “La casa de Lala”, patrocinado por la Subsecretaría de la Niñez, versaba sobre el “papá” y el teletrabajo. Pero la historia tenía una enorme carga de estereotipos que están a la base de la discriminación hacia las mujeres. También naturalizaba el comportamiento agresivo del papá, que descargaba su ira contra una caja con sus elementos de trabajo, mientras su esposa e hijos lo observaban comprensivos. Inentendible.

El segundo video irrumpió este lunes en las redes del Ministerio y del Servicio de la Mujer y la Equidad de Género. La campaña #CuentasConmigo mostraba a un abuelo, con pasado de agresor, que escribía una carta a su nieta maltratada por su pololo, donde hacía su propio mea culpa. El video no tenía un mensaje claro a la víctima del tipo “no toleres más violencia, denuncia o busca ayuda”, tampoco para el agresor, diciendo “la violencia es un delito”. Un despropósito mayúsculo, más en estos momentos, cuando muchas mujeres están encerradas con sus agresores por la cuarentena y lo que urge son políticas públicas claras de información y protección hacia las víctimas.

Estos episodios reflejan un problema de fondo: sin un marco teórico común sobre la violencia de género -pese a los ríos de tinta escritos al respecto-, ésta se seguirá reproduciendo y el Estado no podrá dar una respuesta eficaz a una de las más complejas lacras de nuestra sociedad.

Preocupa, también, la tremenda falta de perspectiva de género en la estrategia y medidas de las autoridades para abordar esta crisis. Y no es porque las organizaciones de mujeres no lo hayamos planteado, siempre con actitud dialogante y propositiva. Un botón de muestra: dentro de las cajas que hoy distribuye el Estado a las familias no hay un kit de higiene para las mujeres, protocolo más que conocido a nivel mundial en catástrofes.

Si hoy la voluntad es llegar a un acuerdo nacional para salir de esta emergencia, no podemos hacerlo aplicando las fórmulas de siempre. Urge reparar las desigualdades estructurales y eso pasa por entender que cada decisión o medida que tomamos afecta de manera diferente a hombres y mujeres: ellas son las principales afectadas por de esta pandemia, más cuando la pobreza y la vulnerabilidad arrecian. Y sabemos que cada peso que el Estado gasta en una mujer, es uno que ella invierte en el bienestar de sus familias, tal como lo ha comprobado ampliamente en sus investigaciones de impacto la economista Premio Nobel Esther Duflo.

Las mujeres son claves en la recuperación económica y es hora de reconocerlo. El Presidente podría partir, como le sugerimos en reunión el 22 de abril, declarando públicamente el compromiso del gobierno con un manejo de crisis con perspectiva de género. Sí, hoy hay mucho en juego. No podemos permitir retrocesos en lo que tanto nos ha costado avanzar.

Columna publicada en La Tercera, el jueves 04 de junio de 2020.

COLUMNA: Vulnerabilidad de origen

Publicado por Mercedes Ducci en Género y educación , Mujer y trabajo , Mujer y trabajo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 22 mayo , 2020

Por Mercedes Ducci Budge, presidenta de ComunidadMujer

De algún modo hay que saltar a otra etapa y la pandemia nos está forzando. Una crisis tan dramática como esta no puede pasar en vano. Si vamos a enfrentar todo el sufrimiento que necesariamente trae, al menos utilicemos la oportunidad de aprender que nos ofrece. Conectarnos con esa vulnerabilidad de origen es un camino para reconocer nuestra interdependencia y reconstruirnos como una sociedad capaz de escucharse, de cuidarse unos/as a otros/as y de valorar el aporte de cada cual. Sólo si logramos conectarnos ahora, desde eso que nos hace humanos, podremos enfrentar la otra crisis, la crisis económica y social que pulsa en el trasfondo.

Al llegar a lo más profundo de esta crisis, estallan los miedos, crece la angustia y nos encontramos de frente con nuestra profunda vulnerabilidad. La perspectiva de que los hospitales puedan colapsar y se deba elegir a quién dar prioridad, resulta aterradora. Esta pandemia nos conecta con algo muy profundo de nosotros mismos.

Porque los seres humanos sabemos lo que es la vulnerabilidad, aunque procuremos olvidarlo. Somos la especie que nace más desvalida. Adolf Portmann estimó que la gestación tendría que durar entre 18 y 21 meses, para alcanzar un desarrollo neurológico y cognitivo similar al de los chimpancés. La evolución de nuestro cerebro, para hacernos más inteligentes, hizo que el cráneo creciera. La cabeza no cabría en la pelvis femenina si el desarrollo avanzara más.
Al nacer, nuestra especie no tiene ninguna posibilidad de alimentarse por sí sola ni de procurarse el calor que necesita. Demora un año en ser capaz de caminar. Todo lo que conocemos como experiencia de familia nace de la necesidad de un círculo de amor y protección que nos permite suplir ese desamparo y, en el proceso, eso nos ha hecho humanos.

En este momento de vulnerabilidad profunda, algo hay de esa experiencia de origen. Pero no hay quién pueda darnos seguridad o certezas. Estamos en nuevo territorio. Las mujeres asumen la parte invisible, la demanda aumentada de cuidado de la enorme cantidad de personas que están en casa y que requieren atención, especialmente los niños y los ancianos. También ellas son mayoría entre quienes trabajan en los servicios de salud y en las áreas donde los empleos están siendo más amenazados. La sobrecarga trae un creciente estrés. Aún con ese constante esfuerzo puertas adentro, la violencia se ensaña en muchos hogares y, como sociedad, no logramos dar suficiente apoyo.

El tenor de la política y las redes sociales refleja la frustración frente a la incertidumbre. Los “enemigos” son el foco de la rabia y la hostilidad. Cada día sube la tensión. El miedo nos hace mezquinos. Y cuando más lo necesitamos, no logramos atrapar ese sentimiento de protección, de contar unos con otros, de poder sumar las fortalezas y suplir las debilidades.

Pero de algún modo hay que saltar a otra etapa y la pandemia nos está forzando. Una crisis tan dramática como esta no puede pasar en vano. Si vamos a enfrentar todo el sufrimiento que necesariamente trae, al menos utilicemos la oportunidad de aprender que nos ofrece. Conectarnos con esa vulnerabilidad de origen es un camino para reconocer nuestra interdependencia y reconstruirnos como una sociedad capaz de escucharse, de cuidarse unos/as a otros/as y de valorar el aporte de cada cual. Sólo si logramos conectarnos ahora, desde eso que nos hace humanos, podremos enfrentar la otra crisis, la crisis económica y social que pulsa en el trasfondo.

Columna publicada en La Tercera, el 20 de mayo de 2020.

COLUMNA: El virus, las mujeres y la reactivación

Publicado por Alejandra Sepúlveda en Noticias , Noticias destacadas , Fecha 7 mayo , 2020

Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda, Directora Ejecutiva de ComunidadMujer

El papel de las mujeres en la reactivación económica es crucial. Se necesita de una estrategia, en el corto plazo, para integrarlas, pero también trabajar en el diseño de la sociedad que queremos sin lamentar retrocesos dramáticos en el camino hacia la equidad de género, pilar clave del desarrollo sostenible.

La reciente conmemoración del Día del Trabajo dejó noticias desalentadoras. Una, que las tasas de desocupación para el trimestre enero-marzo son las más altas de la última década, en los hombres de un 7,1% (357 mil) y en las mujeres de 9,7%, (402 mil). Y todo indica que este número seguirá creciendo, a medida que nos acercamos al peak de la pandemia y entramos en una grave recesión económica interna y mundial.

Según la experiencia internacional, en muchos países la primera ronda de despidos ha sido particularmente aguda en el sector servicios, incluidos comercio minorista, hotelería y turismo, donde las mujeres están sobrerrepresentadas (PNUD, 2020). Chile sigue la misma tendencia, y suma una alta informalidad en la ocupación nacional, que alcanza un millón 428 mil hombres (27.5%) y un millón 150 mil mujeres (30,8%).

COLUMNA: Cayó el muro entre trabajo y hogar

Publicado por Mercedes Ducci en Mujer y trabajo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 23 abril , 2020

Por Mercedes Ducci Budge, presidenta de ComunidadMujer

El COVID-19 está actuando como un medio de contraste para poner en evidencia nuestras verdades ocultas, grandezas y miserias. Si antes la división entre trabajo y vida personal era tajante, hoy el teletrabajo difumina el límite de lo privado y convierte al hogar en territorio laboral. Y, por cierto, crece el interés en saber qué pasa adentro.

Porque la realidad del virus se impuso y, después de tan largas discusiones, con imperfecciones o insuficiencias, hubo que adoptar de lleno el trabajo a distancia, incluso antes de que se promulgara la ley que lo enmarcaba.

De acuerdo con una reciente encuesta de ComunidadMujer entre las empresas que forman parte de la Iniciativa Paridad de Género Chile, todas han implementado alguna forma de teletrabajo para reducir los riesgos de contagio y en el 70% de los casos se establecieron turnos para quienes tienen cargos operativos indispensables.
El resto ha podido experimentar los beneficios y dificultades de llevar la oficina a la casa. De un día para otro se eliminó el traslado, la congestión, la falta de tiempo para estar con los hijos… Pero también quedó en evidencia que, aunque mujeres y hombres trabajen codo a codo, en la casa hay más posibilidad de descanso para ellos que para ellas. CADEM lo comprobó la semana pasada: el 56% de las mujeres y solo el 36% de los hombres siente estar trabajando más hoy que en tiempos normales y “Tener que compatibilizar el tiempo con las tareas del hogar” fue la principal dificultad para el 47% de las mujeres y sólo para el 28% de ellos.

Responder a una multiplicidad de roles en un mismo espacio, y ahora con la presencia permanente de todos los integrantes de la familia, se traduce en una pobreza de tiempo que, por cierto, sabemos que puede repercutir en la movilidad laboral de las mujeres. En ciertos casos, este agotamiento por sobrecarga podría llevarlas a perder su trabajo, especialmente si consideramos que su vínculo con el mercado laboral suele ser más débil y la valoración social de su trabajo, menor. De hecho, un 28% de las y los chilenos estima que, en tiempos difíciles, los hombres tienen más derecho al trabajo (Encuesta Mundial de Valores, 2018). Así, cuando la corresponsabilidad deja de ser un problema privado, porque puede afectar al trabajo, el tema comienza a cobrar importancia en la cultura organizacional.

Hoy las empresas se están interesando en cosas que antes no necesariamente formaban parte de su territorio y están ofreciendo asesoría y apoyo en equipamiento, higiene y prevención del contagio frente a la pandemia, salud mental e incluso acciones que abordan la violencia hacia las mujeres. Una cosa es cierta: esta contingencia nos entrega la oportunidad única de acelerar los cambios y gestionar más integralmente el desarrollo de mujeres y hombres dentro de las organizaciones. Porque el nuevo continuo hogar-trabajo no es igual para hombres y mujeres.

Columna publicada en La Tercera, el 23 de abril de 2020

COLUMNA: Las mujeres en la primera línea de la pandemia

Publicado por Alejandra Sepúlveda en Mujer y trabajo , Noticias , Noticias destacadas , Fecha 10 abril , 2020

Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda, directora ejecutiva de ComunidadMujer

No podemos seguir abordando la crisis con una perspectiva neutral al género, partiendo por el tratamiento de la información, pero también por la manera en que articulamos formas de intervención eficaces, donde las responsabilidades estén distribuidas entre los actores económicos y sociales con capacidad de hacer una diferencia.

A poco más de cuatro meses desde que se conoció el primer caso en el mundo, la pregunta “cuánto nos cambiará la pandemia” concita respuestas divergentes. Pero en lo que hay coincidencia es que esta crisis está dejando la vulnerabilidad humana al desnudo, mostrándonos la peor cara de la desigualdad.
Mientras hacemos frente a la emergencia y logramos retomar la actividad económica con salvataje financiero y ayuda social, surge el dilema de cómo saldremos de ésta y la necesidad de poner foco en quienes más sufren. En ese grupo enorme y heterogéneo están las mujeres.

Sabemos que han aumentado los riesgos de violencia que ellas sufren y, especialmente, la que se produce al interior del hogar, agravada por la obligación del confinamiento con el agresor, la incertidumbre económica, la sobrecarga de trabajo doméstico y de cuidado no remunerado y las tensiones que conlleva. Los obstáculos para acceder a ayuda en cuarentena son mayores. Las llamadas al fono de orientación dispuesto por el gobierno (1455) se dispararon del fin de semana del 20 de marzo al siguiente en un 70% -de 532 a 907-, evidenciando la necesidad de robustecer la respuesta en la atención, protección, seguimiento y defensa de estos casos.