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Hartas de abuso y discriminación, estas mujeres protagonizan la cuarta ola feminista en Chile

Fuente: Univisión Noticias
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La han comparado con las huelgas estudiantiles de mayo de 1968 en Francia y caracterizado como el “movimiento feminista más grande de la historia de Chile”. No se trata solo de un asunto de mujeres: las nuevas generaciones de hombres sienten más empatía por formar parte del movimiento.

Todo partió en mayo de 2018, cuando estudiantes a lo largo del país decidieron tomarse las universidades más emblemáticas en protesta por la falta de reacción de las autoridades frente a una serie de denuncias de acoso realizadas por alumnas y académicas contra profesores. Los reclamos encontraron asidero en el resto de la sociedad y las demandas de estas tomas feministas se fueron ampliando, primero hacia la exigencia de una educación menos sexista y luego hacia el fin de las discriminaciones contra las mujeres en todos los ámbitos.

Lejos de la igualdad

La historiadora María José Cumplido, autora del prólogo de #JuntasSomosPoderosas, explica que en Chile la primera ola feminista se enfocó en el voto –un derecho que las chilenas obtuvieron en 1949– mientras que el segundo movimiento se inspiró en la revolución sexual en Estados Unidos y se enfocó en el control de la reproducción. La tercera ola, en cambio, se dio en los años 80, en plena dictadura, bajo el liderazgo de mujeres como la cientista política feminista Julieta Kirkwood, cuyo lema era “democacia en el país, democracia en la casa”.

“Kirkwood vio las injusticias existentes en el trabajo doméstico no remunerado, en cómo las mujeres trabajaban el doble y eran violentadas tanto en la vida pública como en la privada”, escribe Cumplido. “Su planteamiento llevó a muchas mujeres a comprender la necesidad del feminismo como una apuesta política para conseguir la igualdad en todos los espacios”.

Las chilenas, sin embargo, lograron avances limitados. Y hoy aún están lejos de conseguir esa anhelada igualdad. Según datos de la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes del Ministerio de Desarrollo Social chileno, en 2012, las niñas de entre 5 y 17 años pasaban un 50% más de horas a la semana que los niños haciendo labores domésticas.

Otros estudios muestran que en 2017 solo un 9,1% de las mujeres que accedieron a la educación superior entraron a carreras tecnológicas (que suelen llevar a puestos de trabajo mejor pagados), versus un 47,2% de los hombres. Las estadísticas que revelan estas desigualdades suman y siguen: en un 85% de los casos de violaciones y abusos sexuales, las víctimas son mujeres; 9 de cada 10 chilenas se enfrenta a acoso callejero; en lo que va de 2019, 32 mujeres han sido víctimas de feminicidios, según datos de la Red Chilena contra la Violencia Hacia las Mujeres.

“Las mujeres son víctimas de violencia todos los días y en todas partes. Adentro de la casa existe violencia, en el transporte público, tocaciones y abusos; en los trabajos, acoso”, explica Cumplido. “Por eso hoy sabemos que la problemática no es luchar por temas en particular, sino que cambiar la cultura machista que ha normalizado el maltrato y la desigualdad”.

Es algo que, al parecer, las feministas de la cuarta ola están logrando. Alejandra Sepúlveda de ComunidadMujer recuerda que, a poco más de un año de las tomas, ya se han registrado cambios: entre otras cosas, en un 72% de las universidades pertenecientes al Consejo de Rectores se han desarrollado protocolos contra violencia y 24 planteles de educación superior se comprometieron a integrar un 40% de mujeres en sus órganos superiores. Los avances también se han dado en el ámbito legal con, por ejemplo, la aprobación de la ley que sanciona el acoso callejero y penaliza las conductas sexuales intimidatorias. A eso se suma el nombramiento de más mujeres en altos cargos en el mundo empresarial.

“El cambio cultural está en ciernes, hay una sensibilización que no existía antes”, dice Sepúlveda. “Aún hay mucho pendiente, pero estoy optimista”. Otro hecho relevante es que, al buscar esta transformación cultural, la cuarta ola feminista en Chile marcó un hito: permitió que el movimiento se masificara saliendo de las fronteras de la élite para alcanzar todos los sectores de la sociedad.

“El feminismo se ha ido tomando los espacios”, concluye Cumplido. “Hablamos de feminismo en prestigiosas universidades, en los lugares de trabajo, en los liceos rurales de regiones. Y esta diversidad de feminismos y de demandas es algo particular en la historia de nuestro país”.

Artículo publicado en Univisión Noticias