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María Teresa Ruiz, astrónoma legendaria: “Va a haber un tsunami de astrónomas en un tiempo más, y eso me llena de alegría”

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Para la Real Academia Española, legendario es aquel que “se recuerda a pesar del paso del tiempo”. La profesora de la Universidad de Chile fue la primera mujer en graduarse de licenciatura en Astronomía de dicha casa de estudios, la primera en entrar al doctorado en Astrofísica en la Universidad de Princeton, Estados Unidos, y además descubrió la primera enana café: un cuerpo más grande que un planeta, pero más pequeño que una estrella, que no puede generar luz propia. A días del eclipse total del próximo 2 de julio, reconoce que la astronomía era machista, pero ya no; y que hoy en día elegir ese camino, el de las estrellas como opción de vida, es motivo de orgullo, no de vergüenza.

 

María Teresa Ruiz verá el eclipse total del próximo 2 de julio en un helicóptero de National Geographic, a 39 mil pies de altura. Esa, es la más reciente de todas las cosas impresionantes que ha hecho en su vida como astrónoma. No obstante, hay que mencionar lo anterior: fue la primera egresada de Licenciatura en Astronomía de la Universidad de Chile, la primera en entrar al doctorado en Astrofísica de la Universidad de Princeton, primera Premio Nacional de Ciencias Exactas y primera presidenta de la Academia Chilena de Ciencias. La entereza para entrar en un mundo dominado por hombres y lograr eso (y muchísimo más), la heredó de su abuela y la integró a su vida: “Que ser mujer nunca sea un obstáculo para hacer lo que quieras”, era la máxima.

Y así como se alinearán el Sol y la Luna, hablar de lo extraterrestre y de mujeres en las ciencias hoy con ella parece imprescindible. Hace sus proyecciones: “Va a haber un tsunami de astrónomas en un tiempo más, y eso me llena de alegría”.

Existe una ola feminista. Considerando el contexto y la lucha por el trato igualitario, ¿cómo ha visto el ingreso de las mujeres a las ciencias y, en particular, en la astronomía?

Cuando se ha abierto una barrera, o cuando se ha derribado esa barrera, las mujeres entran pero a raudales. Ya hay bastantes que están estudiando astronomía, pero en un tiempo más van a ser muchas más. Porque hay muchas chicas, hablo de niñas de ocho, 10, 11 años, que me escriben que quieren ser astrónomas. Probablemente, van a dedicarse a otra cosa, no queremos que todo el mundo sea astrónomo, pero hay muchas que ya no ven la astronomía como una cosa de hombres, como algo que está vedado a las mujeres, y están fascinadas con dedicarse a eso. Eso me llena de alegría, porque creo que una de las motivaciones que he tenido para hacer difusión en esta área de la ciencia ha sido un poco eso: mostrar que uno puede ser una persona, entre comillas, normal, que uno puede tener una vida familiar rica, con hijos, con pareja, con sus hermanos, con amigos, y también ser científico y hacerlo bien en eso.

Faltaba romper con la imagen que se tenía del científico.

Eso faltaba, porque el modelo científico, de partida, era un señor medio impedido socialmente, que está metido en un laboratorio y que hacía cosas muy poco atractivas para un joven o una joven que quisiera hacer de la ciencia un proyecto de vida: tratar de derribar ese mito y mostrar que la ciencia es entretenida y dedicarse a la ciencia, es una vida que vale la pena y que se puede. Eso creo que es muy importante.

¿Hay algo en particular que haya significado para usted un cambio significativo, que sea representativo de estos tiempos?

Me ha pasado de niñas que me escriben de lugares lejanos de Chile, muchas veces son los propios papás o las mamás las que me envían los correos, lo cual me parece genial. Me acuerdo que a veces me llamaba una mamá o un papá y me decía: “mi hijo o mi hija quiere seguir astronomía y yo no quiero porque de qué va a vivir, no, qué atroz”. Lo hacían para que yo les dijera que no, que no se dedicaran a eso, que era una cosa muy fome. Ahora no, y me encanta: ha cambiado totalmente. Hoy en día frecuentemente me encuentro con conocidas, amigas, familiares que me dicen: “Oye, mi hija o hijo quiere ser astrónomo”, como diciendo, “qué orgullo más grande”. Y eso me llena de felicidad, porque realmente cambió el switch: de considerar que ser astrónomo era una pérdida de talento y de tiempo para el hijo, a considerar que es una carrera que los hace sentirse orgulloso de que sus hijos puedan lograr serlo. Realmente creo que con los chiquititos ha sido una experiencia maravillosa.

¿Ha visto en sus pares astrónomos un cambio en la disposición frente al ingreso de las mujeres?

Ha habido un cambio total. Hoy hay muchos astrónomos relativamente jóvenes todavía, que están trabajando en tratar de dar a conocer la astronomía hacia el público en general y hacia los niños. Además, hay bastante más mujeres jóvenes incorporándose a la astronomía en Chile y ellas tienen también una preferencia especial por hacer difusión de la ciencia y se preocupan de ir a los colegios. Me siento muy esperanzada de que esto desemboque en un cambio radical de cómo es la ciencia en general y la astronomía en particular, que es un área, un tema que vale la pena seguir. Es un proyecto de vida posible, interesante.

Hay un privilegio geográfico también acá en Chile: sus cielos son reconocidos en todo el mundo.

Tenemos los mejores laboratorios de mundo en esta área de la ciencia, y los tenemos gratis. Obviamente, competimos por usarlos, competimos entre los astrónomos que trabajamos en instituciones chilenas, que tenemos el 10 por ciento de observación de ellos, y los mejores proyectos tienen tiempo de observación. Pero es un acceso muchísimo más fácil que para un astrónomo de otro país. Y, por otro lado, tenemos variedad de telescopios y de instrumentos. Cada telescopio, cada instrumento, es como una caja de herramientas de un maestro: la gracia de los chilenos es que tenemos la variedad más grande de herramientas, porque tenemos acceso a los telescopios norteamericanos, europeos, japoneses. Tenemos la mayor variedad de herramientas para poder resolver un tema.

¿El mundo de la astronomía es machista?

Hasta hace poco tiempo atrás, probablemente sí. Hay cosas características, por ejemplo, ser muy asertivo o hacer mucho énfasis cuando uno está muy convencido de algo en una conferencia, en un hombre eso es considerado como: ‘oh, qué bueno, qué maravilla’, y se le ve como un líder. Si una mujer hace lo mismo, es una bruja y ya no la invitan a ninguna conferencia más. Se espera que la mujer sea simpática y calladita, o ni muy calladita, porque si son muy calladitas son transparentes y no se ven. Entonces, había un rango más o menos pequeño de personalidades que podían batirse en ese mundo. Yo creo que ahora ya pasó eso.

Cada vez hay más mujeres que se preocupan de mejorar o resolver los temas en los cuales pueden verse impedidas de participar. Veo eso en los directorios en los cuales se manejan los observatorios. Desde hace más de 20 años que participo en ellos. Por ejemplo, en los norteamericanos: al principio yo era la única mujer, fuera de la secretaria que probablemente estaba ahí en la reunión; y todos los directores de los observatorios que iban a informar eran hombres. Hoy en día resulta que la mitad del directorio somos mujeres. Entonces, ya cambió totalmente la visión de cómo es eso. Ya no es un área puramente masculina. Yo diría que hay tantos hombres como mujeres en ese nivel y diría que eso va a ir manteniéndose, difundiéndose y ampliándose.

¿Cuál es la importancia del próximo 2 de julio?

Los eclipses son un fenómeno muy impresionante para toda la vida del planeta, y lo han sido desde épocas inmemoriales. En la época en que el ser humano estaba empezando a hacerse preguntas un poco más complejas, los eclipses nadie los entendía y eran considerados medio aterrorizantes. Eran malos presagios, inventaron mitos y finalmente muchas veces se usaba para asustar a la gente. Con el tiempo ya se pudo entender que es un fenómeno natural, que no hay que temerle, y que se debe esencialmente a la física: es un satélite como la Luna, dando vuelta a la Tierra, la que a su vez da vuelta en torno a su estrella, que es el Sol. Por una coincidencia que es bien increíble, porque la probabilidad de que eso ocurra no lo he calculado, pero debe ser muy pequeña: de que justo el Sol tenga el mismo tamaño proyectado del cielo que la Luna. Hoy en día hay satélites diseñados especialmente y que observan el Sol en permanencia, y lo que hacen es que tapan la parte brillante del sol y se puede estudiar todo eso con tranquilidad. Entonces, ya no existe esa necesidad tan grande de usar los eclipses para trabajos de investigación en astronomía, pero sigue siendo un fenómeno real muy impresionante para los seres humanos.

 

Noticia publicada en  El Desconcierto