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Opinión

COLUMNA: Emparejemos la cancha en el fútbol

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Por Jessica González Mahan, directora del Centro de Liderazgo de ComunidadMujer

Emparejar la cancha es una metáfora que hace alusión a la desigualdad de condiciones con que juegan los equipos y que afectaría directamente el marcador del partido. Una cancha dispareja que hace que el juego sea más difícil y cansador, pero, solo a un grupo. Y precisamente serán estas las canchas que se estrenen en el próximo Mundial de Fútbol Femenino en Francia.

Las mujeres en el deporte desarrollan sus carreras con múltiples obstáculos y un bajo grado de reconocimiento a sus capacidades y triunfos, además de la precariedad de condiciones y salarios. El llamado deporte “rey” no es la excepción sino, más bien, la norma. Si bien, en las últimas décadas, se han abierto los estadios para que las mujeres estén en la cancha, y los clubes y la propia FIFA han dado pasos importantes, aún queda mucho por hacer.

Según la revista Forbes, de los 50 deportistas mejores pagados, no figura ni siquiera una mujer. Otro dato bastante gráfico: el último Mundial femenino que fue disputado en Canadá en 2015, repartió 15 millones de dólares en premios, cifra 53 veces más baja que la repartida en el mundial masculino de Rusia 2018, oportunidad en que la FIFA entregó 791 millones para ese fin.

Sin embargo, según datos de la misma federación, cerca de 40 millones de mujeres practican este deporte en todo el mundo, y países como Estados Unidos y Canadá concentran la mitad de estas futbolistas.

Y hace menos de una semana nos sorprendió la noticia de que la relación de ventas de camisetas de la selección de fútbol de hombres y mujeres en el último mes está casi a la par en Chile. Una sorpresa porque estábamos acostumbradas a escuchar constantemente que el fútbol femenino “no vende”, como un argumento para explicar las diferencias históricas que han debido enfrentar aquellas que se dedican profesionalmente a esta disciplina, versus sus pares hombres.

La diferencia es abismal: los auspicios, la publicidad, el tratamiento de los programas deportivos, los premios recibidos, el cómo se les nombra y la pasión que despliega un país entero cuando el triunfo o la derrota es de hombres o de mujeres. El grito de gol lleva otra entonación.

Muestra de lo anterior es que Chile sí va al Mundial, quienes no van son los hombres. Nuestro país será representando por grandes jugadoras, mujeres poderosas, empoderadas y que llevan cientos de partidos jugados en canchas injustamente disparejas.

Este Mundial de Fútbol nos da la oportunidad de reconocer a la selección chilena, de nombrar a las jugadoras e instalar la discusión de la igualdad de género en el deporte “rey”. Pero, para ello necesitamos el compromiso y liderazgo de los muchos hombres que están en los espacios de poder de las diferentes organizaciones del fútbol; de los comentaristas deportivos, de las autoridades políticas, de quienes promueven el deporte. Y, por cierto, también, necesitamos más mujeres en la toma de decisiones de los clubes y la ANFP.

Esta es una labor de todas y todos. Solo así, podremos emparejar esta cancha y gritar ¡Gol!

Columna publicada el 03 de junio en Qué Pasa