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Opinión

COLUMNA: Equidad salarial, nuestra escandalosa posición internacional

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Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda Directora Ejecutiva de ComunidadMujer

Terminamos el año con malas noticias en materia de género. El World Economic Forum (WEF) publicó esta semana el Global Gender Gap Index 2018, que midió el avance de 149 países en cuatro ámbitos: participación y oportunidades económicas de las mujeres, logros educacionales, salud y sobrevivencia y empoderamiento político. Y los resultados para Chile, una vez más, dejan mucho que desear.

Si bien avanzamos 7 puestos en el ranking general, pasando del lugar 63 al 54, el único indicador que mejoró en nuestra medición este año -y que básicamente actuó de salvavidas- fue la representación de mujeres en el Congreso.

Así, las debutantes cuotas de género 60/40 en las últimas candidaturas legislativas impactaron fuera de nuestras fronteras y nos permitieron saltar 38 posiciones en el subíndice de empoderamiento político del WEF. Un avance significativo y un llamado de atención para quienes se oponen tajantemente a medidas de acción afirmativa, argumentando, falazmente, que se trata de un “atentado” a la meritocracia. ¡Cuando es justo lo contrario! Dado que permiten equiparar condiciones de competencia para el acceso a cargos de poder.

Y el contraste, una vez más, se hace presente. En materia económica nuestros indicadores son pobres y registran avances tan ínfimos, que nos empujan al fondo en la tabla de posiciones: lugar 120 en “Participación y Oportunidades Económicas” y 128 en “Igualdad de Salarios por Trabajos Similares”, de los 136 países que miden esta variable. Estamos entre las 8 peores economías en materia de equidad salarial entre hombres y mujeres. Un escándalo.

En este ámbito, el Informe GET 2018 de ComunidadMujer, que estudió las brechas de género en distintas generaciones, reveló buenas y malas noticias. La diferencia de salarios entre hombres y mujeres crece a medida que envejecemos y culmina con una dramática distancia experimentada en las pensiones. La noticia menos mala es que, generación tras generación, esta brecha ha ido disminuyendo. No obstante, hoy para que una mujer gane lo mismo que un hombre en un año debe trabajar seis meses más.

El WEF, con este último índice, lo pone negro sobre blanco: si no hacemos nada al respecto tendremos que esperar 202 años para subsanar esta injusticia.

Aunque las causas de la brecha salarial son múltiples, hay factores discriminatorios que, desde la política pública, se pueden subsanar. Por ejemplo, los costos de contratación diferenciados entre hombres y mujeres, que nacen de un Código del Trabajo que no reconoce la parentalidad y hace a las mujeres responsables únicas del cuidado de los hijos e hijas, lo que termina castigando sus remuneraciones.

Es clave reconocer, también, el derecho a cuidar de los padres y materializarlo en medidas que les permitan ejercerlo, ya sea con dedicación de horas o con la titularidad de la responsabilidad. Hay una tremenda posibilidad de avanzar con el proyecto de ley de Sala Cuna Universal, que hoy se discute en el Congreso. Aún es tiempo de introducir mejoras e incorporar a los padres en el beneficio y, por qué no, en pocos años pensar en un postnatal masculino, financiado por el Estado.

Las empresas también tienen mucho que hacer, empujando acciones concretas que conviertan la corresponsabilidad, la equidad y el cierre de las brechas de género en un valor estratégico del negocio. En tal sentido, acabar con las diferencias salariales discriminatorias e impulsar a más mujeres a la alta dirección es indispensable.

Son demasiadas las alertas que recibimos en esta materia. La última del WEF es clara y decidora. #ApuremosLaCausa, de verdad.

Columna publicada en Reportajes de La Tercera, el 23 de diciembre de 2018.