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Opinión

Columna: La Etapa Decisiva

Fuente: La Tercera
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Por Alejandra Sepúlveda Peñaranda, Directora Ejecutiva de ComunidadMujer

Las jóvenes de nuestro país han sido protagonistas de un movimiento social sin precedentes que está corriendo el eje de lo tolerable, denunciando asuntos hasta ahora naturalizados, como la educación sexista, el acoso callejero, el ninguneo encubierto, la violencia machista, el abuso sexual y de poder, que son parte de la biografía de la gran mayoría de las mujeres. Su ¡Basta ya! ha sido tan fuerte que ha logrado activar a buena parte de la institucionalidad, en un intento por dar respuesta a la mayor ola feminista en nuestro país.

Tal forma de plantarse ante el mundo no es solo reflejo de su mayor conciencia individual y colectiva sobre las discriminaciones de género. En ella subyace un cambio social determinante: representar a la generación con más acceso a la educación y años de escolaridad de la historia, con sueños y ambiciones que rebasan el marco cultural y social que hoy limita sus vidas y que amenaza con perpetuarse, debido a las brechas persistentes.

Sí, porque tal como recoge el Informe GET 2018 de ComunidadMujer, a pesar de los grandes avances de las mujeres entre el siglo pasado y este, y de haber dado un enorme salto respecto de la vida de sus madres y abuelas, las jóvenes todavía deben hacer frente a la vida laboral y conjugarla con la maternidad: la etapa decisiva que dibuja cuáles serán sus oportunidades futuras.

GET 2018 revela cómo la educación es un impulsor clave para la inserción laboral de las mujeres, no así de los hombres, cuyas trayectorias apenas han cambiado a lo largo de los años. De hecho, generación tras generación, se detecta cómo la inactividad ha ido disminuyendo en las mujeres adultas en etapa activa, desde un 59,4% en 1990 a un 34,7% en 2015. No obstante, el estudio también identifica la barrera más relevante para el acceso y permanencia en el trabajo remunerado: el cuidado. Así, sin mayores matices, abuelas, madres y nietas, reconocen en la crianza y los quehaceres de la casa el principal motivo para no ingresar al mercado laboral. La probabilidad de inactividad de las mujeres adultas es cuatro veces superior a la de los hombres.

La maternidad sin corresponsabilidad parental y social se transforma en un muro difícil de sortear. En el caso de las madres adolescentes, prácticamente las condena a no completar sus estudios ni desarrollar proyectos de vida alternativos.

Entre las más educadas, que son las que mayoritariamente trabajan de manera remunerada, la edad fértil instala de inmediato la “sospecha” del futuro embarazo -como si no hubiera opciones de vida distintas-, y el Código Laboral se encarga de reforzar costos de contratación disímiles, estableciendo que ellas son “más caras”, al estar asociadas exclusivamente al pre y post natal, al fuero maternal, al derecho de alimentación, la sala cuna, entre otros.

Es probable, incluso, que una mujer profesional que declara nunca haber sido discriminada, llegados los 40 años, con hijos grandes y luego de protagonizar varios ascensos, se encuentre con ese compañero de universidad con el que coincidieron al ingresar a trabajar y se entere de que él gana un 28% más a pesar de tener cargos equivalentes.

En pleno siglo XXI, no es razonable que el Código del Trabajo establezca estas diferencias entre trabajadores. Tampoco ayuda que el Estado chileno no invierta dinero en permisos paternales (salvo en los menos de 200 padres al año que hacen uso del postnatal parental cedido por las madres de sus hijos/as (¡0,002% de los que tienen la opción!). Las empresas, en general, tampoco han dado pasos decididos en sus políticas y en la cultura organizacional para que, por ejemplo, se asuma que un padre no puede quedarse fuera del horario laboral porque debe cumplir responsabilidades familiares.

La regla sigue siendo la misma: son las mujeres las que se hacen cargo, siempre, incluso en su momento de mayor productividad. Las bajísimas pensiones de las mujeres son, ante todo, el epílogo de las desigualdades de género en esa etapa decisiva. ¿Cuánto más debemos esperar para equiparar la cancha? #ApuremosLaCausa

Columna publicada el 14 de octubre en Reportajes de La Tercera