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Opinión

Columna: Ellas cambiaron. Ellos no

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Por Mercedes Ducci Budge, Presidenta de ComunidadMujer

Karina fue la primera universitaria en su familia. Hoy es abogada, se casó a los 32 y tuvo muchas más opciones que su madre: Jaqueline, que no pudo ir a la universidad, se casó a los 22 y trabajó esporádicamente hasta que, tras su separación, fue la principal proveedora. Un abismo separa a Karina de su abuela, Nadia, quien no terminó el colegio e hizo su vida en el ámbito doméstico.

Ellas encarnan tres de las 12 generaciones de mujeres y hombres que cubre el Informe GET 2018, estudio inédito sobre Género, Educación y Trabajo. Pusimos foco en hombres y mujeres nacidos en los años 40, 60 y 80, para ver cuánto han cambiado las trayectorias de vida en esas generaciones. GET muestra las luces y sombras, el vaso medio lleno y el vaso medio vacío.

En los últimos 25 años, Chile se transformó. La pobreza disminuyó y el país pasó a ser de “alto ingreso”, según las categorías del Banco Mundial.

Las niñas y los niños de Chile se educaron más y ellas hoy son mayoría en educación superior. Las mujeres decidieron cada vez más sobre su maternidad y ganaron espacios en el mundo público y privado. Hemos elegido y reelegido una Presidenta. Las niñas hoy tienen muchos más modelos de rol que las inspiren. En todos los ámbitos las mujeres están haciendo oír su voz. Una voz muy necesaria para el mundo, porque recoge una perspectiva y experiencia que no ha estado integrada en el diseño de las políticas. Se ha avanzado hacia un mayor reconocimiento de sus derechos y el inédito movimiento feminista este año ha marcado la agenda. Ese es el vaso medio lleno.

El vaso medio vacío son las implicancias tácitas de nacer hombre o nacer mujer en Chile. Las brechas de género, esas piedras en el zapato que no se ven, pero que impiden a las mujeres realizarse plenamente y tener acceso a los derechos y oportunidades en igualdad de condiciones.

Si bien el 48,5% de ellas ya es parte de la fuerza laboral, ganan menos, tienen menos acceso a los espacios de decisión y jubilan con pensiones muy inferiores a los hombres. Las subvaloradas tareas domésticas y de cuidado siguen ocupando gran parte de su tiempo, en dobles o triples jornadas.

Hay desigualdades persistentes que se expresan en altos índices de violencia. Y está también la subvalorización más sutil que se expresa en las aulas, las calles, los medios de comunicación y en casi todos los espacios de la vida pública y privada.

Lo más llamativo en este GET es que, si bien las vidas de mujeres y hombres son interdependientes, mientras una mitad se modificó profundamente, la otra no acusa mayores cambios. Las vidas de abuelos, padres y nietos no difieren mucho. Las mujeres ingresaron masivamente al espacio laboral, pero los hombres no llenaron con el mismo entusiasmo el espacio doméstico que se abrió. Su tiempo libre está más disponible para hacer deporte, reunirse con amigos o perfeccionarse profesionalmente que para involucrarse en temas de familia y cuidado. “Ayudar”, sí. Compartir la responsabilidad, aún no.

Hemos avanzado mucho, pero es imperativo apurar el ritmo. La plena participación femenina no solo beneficia a las mujeres, sino a la sociedad entera. Este estudio será un insumo poderoso para orientar el rumbo de las políticas que necesitamos urgentemente implementar.

Columna publicada el domingo 14 en Reportajes de La Tercera