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Opinión

Columna: El nudo de la desigualdad

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Por Mercedes Ducci, presidenta de ComunidadMujer

Para que las niñas nazcan y se desarrollen en un país con iguales derechos y oportunidades, urge un cambio cultural en corresponsabilidad y cuidado. Ahí está el nudo de la desigualdad laboral.

Las mujeres ganan casi un 30% menos en ingreso medio que los hombres, según la última Encuesta Suplementaria de Ingresos del INE. Un recordatorio de que necesitamos convertir nuestra reciente epifanía sobre la desigualdad entre hombres y mujeres en un cambio real en las políticas públicas. Ahora.

Aunque la mayoría de las tomas en las universidades terminaron, la conversación ya cambió. Se rompió el automatismo que hacía ver como obvia y natural la desigualdad de género, como si las cosas debiesen ser así por obra de la naturaleza. Este es un momento en que son posibles hitos importantes. Y también, hay riesgos de que las peticiones sean trivializadas y se pierda el impulso original.

Para que las niñas nazcan y se desarrollen en un país con iguales derechos y oportunidades, urge un cambio cultural en corresponsabilidad y cuidado. Ahí está el nudo de la desigualdad laboral. Sabemos, por nuestros estudios, que para dos tercios de las mujeres entre 25 y 59 años, que están fuera del mercado del trabajo, la principal causa son sus responsabilidades familiares. En los hombres, esta razón alcanza apenas el 5%. Las mujeres de 25 a 29 años dedican el triple de horas semanales que los hombres al cuidado del hogar (33 vs 11,2 horas). Para los padres, tener hijos y vivir con ellos significa mejores expectativas laborales y mejores ingresos. Para las mujeres, ser madre significa todo lo contrario.

Una de las cuestiones más importantes que deberá discutirse este año es la reforma a la ley de sala cuna, que debe enviar el Ministerio de la Mujer en los próximos días. Esta reforma es urgente. Es crucial que el costo de la sala cuna no esté asociado a la contratación de mujeres. Este costo, cargado solo a las mujeres, se transforma en una brecha que permanece y crece a lo largo de su vida laboral. Según cifras del INE en el 2017, calculado por hora, el ingreso de las mujeres asalariadas fue 10,5% menor que el de los hombres.

La corresponsabilidad es el punto de inflexión. Solo compartiendo equitativamente derechos y deberes en las distintas dimensiones de la vida, hombres y mujeres podrán realizarse integral y plenamente.

Sabemos que la transformación cultural es compleja. Por eso hay que reformar nuestros marcos regulatorios y normativos para empujar el proceso. Si todos -empresa, gobierno, sociedad civil- mostramos verdadera voluntad, esta epifanía del 2018 traerá un avance real en igualdad de derechos y oportunidades.

Columna publicada en La Tercera