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Las cuentas claras de Alejandra Mizala

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Fuente: Revista YA / Foto: uchile.cl

Doctorada en Berkeley y con una intensa carrera académica, de la economía saltó a la educación. Formada en un hogar igualitario y en un colegio laico, vicepreside el Consejo de Conicyt, a las puertas de crearse el Ministerio de Ciencia y Tecnología. Aquí cuenta cómo nació su pasión por lo público y cómo creció sintiendo que ella podía lograrlo todo.

Por María Cristina Jurado

Alejandra Mizala Salces, la nueva vicepresidenta del Consejo de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica, Conicyt, está acostumbrada a que la requieran solo por razones académicas o científicas, ámbitos en los que su nombre resuena. Cuando habla de sus hijos, Camila y Damián, treinteañeros, sin querer desgrana dos historias de vida que siguen muy de cerca la de ella. Hoy sus niños están fuera de Chile en distintos doctorados, igual como ella, en 1980, partió a California a estudiar en la Universidad de Berkeley su doctorado en Economía. Se fue soltera, y cuando volvió en forma definitiva ya estaba casada. Lleva 34 años con el economista Jaime Gatica, a quien describe como un hombre “cero, cero machista y eso es súper importante. Siempre en nuestra casa los dos trabajamos, siempre he trabajado”.

Con Camila pequeña se fueron a Brasilia durante dos años, por el trabajo de él. Allá se convirtió en profesora visitante en la Universidad de Brasilia. Llegó embarazada de su segundo hijo, Damián. Con guata, una niñita, y en un país desconocido, Alejandra Mizala aceptó ser profesora de Economía a tiempo completo. “Era súper tranquilo. Almorzabas en tu casa, eran distancias largas pero fáciles. No me habría gustado quedarme en la casa, nunca he estado”.

Mizala es respetada como académica e investigadora en Chile no solo a nivel universitario -ha hecho su carrera en la Universidad de Chile, que, dice, después de 31 años de trabajo, jamás abandonaría ni aunque la nombraran ministra-, sino también en un terreno históricamente dominado por hombres: el de las ciencias y de los números. Y es que esta mujer menuda y de penetrantes ojos ha avanzado aferrada a una idea: más que el talento vale el trabajo. Una visión de vida que aprendió en los años 60 y 70 en un hogar de clase media ñuñoíno, donde se crió como la segunda de cuatro hermanos, la única mujer. Solo ella se apasionó por una carrera con números: dos de sus hermanos son diseñadores y uno, periodista.

-Yo creo mucho en el trabajo y la perseverancia. Creo que las cosas que son estables en la vida, sustentables en la vida, se consiguen con trabajo. No regaladas. (…) Si quieres hacer un doctorado afuera, en cualquier área, si no trabajas no vas a sacar tu doctorado aunque seas inteligente. Tienes que trabajar.

Su educación la marcó.

-Mis papás siempre fueron extremadamente equilibrados en cómo nos trataron, cómo nos educaron y en las oportunidades que nos dieron. Todo fue súper equilibrado, en ningún caso había una obligación especial mía por ser mujer en las labores domésticas, por ejemplo. Mis tres hermanos hoy hacen cosas domésticas, todos cocinan. Mi papá fue profesor de Biología durante muchos años en el Instituto Nacional y hay una cantidad enorme de ex alumnos que aún lo recuerdan. Él está vivo, tiene 96 años.

Moisés Mizala siguió, recuerda Alejandra, a su mujer de ascendencia española en la creencia de que debía existir igualdad en la crianza de sus hijos: ella, hija de inmigrantes, fue quien dio la tónica.

-Las expectativas que tenían nuestros padres, de lo que nosotros podíamos llegar a ser, eran iguales. No era que yo iba a seguir un determinado tipo de carrera y mis hermanos otro. Para nada. Y está muy comprobado en la literatura, y es muy importante, que las expectativas que los padres tienen sobre sus hijos influye mucho en cómo los niños se perciben, con qué los niños sueñan y qué expectativas tienen sobre sí mismos. Yo creo que hay una información que te llega y es muy importante.

A esa mirada se unió la formación laica que los cuatro recibieron del Manuel de Salas, un establecimiento educacional que, en los años 70, la marcó.

-El Manuel de Salas fue una influencia muy fuerte. En la época en que yo estudié, pertenecía a la Universidad de Chile. Era experimental en sus métodos de educación, tenía profesores excelentes y todo eso nos influyó. Era mixto, un establecimiento que miraba mucho hacia la sociedad, era muy poco de mirar hacia adentro solamente. Todos los alumnos teníamos preocupaciones sobre lo que pasaba en Chile y en el mundo, mucha inquietud. Nos desarrollaban eso.

Y porque en su colegio descubrió que le interesaban las ciencias sociales y que, además, era una bala para las matemáticas, fue que se decidió por Economía, una carrera que une las dos cosas. “Me interesaba entender. Comprender los fenómenos que están detrás de los procesos económicos, los ciclos económicos. Y efectivamente, la economía te da eso. Yo creo que hay miles de tipos de inteligencia. No calificaría de que necesitas más inteligencia para estudiar Economía, en comparación, ser artista es mucho más particular, porque necesitas talento”.

Mizala no se siente una intelectual. A sus hijos los crió bajo una mirada realista e igualitaria. Reflexiona:

-Uno repite la forma en que fue criado, inconscientemente. Si en la casa éramos bastante equilibrados nosotros, fue súper importante que con Jaime nos desarrolláramos igual. Y (que nuestros niños) se metieran a la escuela de fútbol o donde quisieran ellos. Cada uno escogió un camino súper distinto y que no tiene nada que ver con la Economía, aunque nosotros somos los dos economistas. La Camila es historiadora y Damián, bioquímico.

Cuando ambos se fueron a estudiar fuera, Alejandra Mizala racionalizó lo que podría haber sido el sentimiento de un nido vacío.

-Igual fue un cambio grande. Además, se fueron con dos años de diferencia, Camila a Londres y Damián a Estados Unidos. Obviamente es un cambio en tu vida. Yo, al principio, dije: “Chutas, cómo va a ser esto”. Pero me empecé a dar cuenta de que, primero que nada, las comunicaciones hoy ayudan muchísimo. No es como cuando yo estaba en Estados Unidos y hablaba de vez en cuando por teléfono con mis papás, y había que escribir cartas. Siempre he pensado, bien internamente, que, en la medida en que mis hijos estén realizándose, está perfecto.

Desigualdad en las ciencias

En los dos años desde que fue nombrada consejera de Conicyt por la Presidenta Michelle Bachelet, Alejandra Mizala, quien es profesora de Economía en el Departamento de Ingeniería Industrial de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas y directora del Centro de Investigación Avanzada en Educación de la Universidad de Chile, fue recorriendo un camino que, en noviembre, cristalizó en obtener la vicepresidencia del consejo. Un cargo desde el cual transparenta su confianza en que el Congreso apruebe la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología. “Espero que Conicyt se transforme exitosamente en la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo. Esta agencia será la sucesora legal de Conicyt”.

-¿Puede una mujer en su cargo hacer un aporte distinto?

-Desde el año pasado, el consejo está presidido por Mario Hamuy, Premio Nacional de Ciencias Exactas, y conformado por representantes del mundo científico y del sector público, somos tres mujeres y seis hombres. (…) Una de las cosas que nos enorgullece es haber fortalecido la política de equidad de género, con estrategias que buscan enfrentar las brechas existentes, incluyendo el sistema escolar a través del trabajo de Explora.

La carrera de Mizala partió, hace tres décadas, entre números, pero, con el tiempo, se fue imbricando con la educación. Para ella, hija de un profesor, el tema educativo es uno de los pilares fundamentales de un país. Hoy, sin descuidar el 30% de su tiempo que le dedica a la docencia -es profesora de Microeconomía, hace un curso sobre políticas públicas y dirige un taller de Economía Aplicada-, le reserva gran número de horas a la investigación. Lo hace, fundamentalmente, desde el Centro de Investigación Avanzada en Educación, pero también investiga en Ingeniería Industrial.

-En las dos partes, es la misma investigación: he estado en muchos temas de género y educación.

La desigualdad de género en el campo de la educación y las ciencias es para Alejandra una preocupación permanente y motivo central de sus estudios académicos. De la forma cómo padres y profesores se expresen frente a sus niños, parte muchas veces la mirada que marca a hijos y alumnos en sus elecciones educativas. Dice esta economista:

-Hay mucha evidencia, en Chile y otros países, de la importancia del modelo que uno les presenta a niñas y niños. Y eso parte desde lo que pasa en las casas, antes del colegio. Las expectativas que los padres tienen sobre sus hijos e hijas, lo que pasa en los establecimientos educacionales y cómo los profesores se relacionan con niños y niñas. Todo está atravesado por los estereotipos de género, que son completamente inconscientes. Tiene que ver con los juguetes que regalamos a niños y niñas, con la forma en que jugamos con ellos, con las conversaciones que tenemos. Y con las expectativas, que están ahí todo el tiempo, y los niños las perciben. Y las reciben.

-¿Cómo percibe un niño las expectativas adultas?

-Porque los padres dicen: “Cuando tú vayas a la universidad”, “cuando tú hagas esto o lo otro”. Y también con los juegos: mucho se dice que los hombres tienen una capacidad espacial que no tenemos las mujeres. Pero es súper razonable pensar que los niños la desarrollan con los video juegos y con todos estos juegos, se hacen expertos. Y las niñas no, porque tienen otro tipo de juegos que desarrollan habilidades distintas. Y el cerebro es plástico, de esto hay harta evidencia. Hay diferencias en el cerebro que responden a temas hormonales, pero fuera de eso, en términos de capacidades y habilidades que tú puedes desarrollar, no hay diferencia.

Mizala cuenta que una investigadora francesa, Catherine Vidal, hizo estudios que lo prueban. Ha sido la tecnología del electroencefalograma la que ha ayudado a reconocer que, en hombres y mujeres, no hay grandes diferencias cerebrales. “Los estudios antiguos, sin estos instrumentos, solo permitían estudiar a la gente cuando ya estaba muerta. Hoy, si tú entrenas a una persona para hacer algo y después le haces un electroencefalograma para ver qué tipo de actividad tiene ese cerebro, versus otra que fue entrenada para hacer otra cosa, vas a tener zonas distintas activadas”.

-¿Cómo ha variado esta mirada de desigualdad de géneros en las ciencias?

-Yo creo que ha habido una mayor toma de conciencia. Programas y campañas que llaman a las niñas a que ellas también pueden ser astronautas, físicas, ingenieras. Y de hecho, hay ya algunas medidas para crear un mensaje que haga pensar que las mujeres son bienvenidas en este tipo de carreras. Por ejemplo, en mi Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Chile, hay desde hace unos cinco años un programa de cuotas. Bajo el puntaje de corte, hay 40 cupos para mujeres. Las 40 que estén bajo ese puntaje, donde se termina la selección, pueden ingresar automáticamente. Y lo que ha pasado, y esto es súper interesante, es que más mujeres han postulado a Ingeniería. Porque dicen: “Ingeniería quiere tener más mujeres”. Hay un mensaje ahí importante.

Alejandra se reúne periódicamente con un grupo de académicas en su facultad. De ahí, y en conjunto con el decano y vicedecano, salió esta idea, que ha sido un éxito rotundo: de 18% de mujeres en la carrera, hoy hay 27% entrando a primer año. “Y a las que entraron en estos cupos, les ha ido estupendamente bien. Estamos hablando de gente que entra con ganas”.

Esta economista colaboró, desde su mirada, en dos leyes que se aprobaron en el actual gobierno. Trabajó específicamente en la Ley de Inclusión, con el tema del término del financiamiento compartido, y en la estructura de la carrera docente dentro del marco de la política nacional docente.

-Si no tenemos un cuerpo docente que esté bien motivado, con una muy buena formación inicial, con un muy buen desarrollo profesional, con buenos sueldos, no vamos a tener nunca mejoras sustantivas en calidad de la educación.

-Pero hubo mucha resistencia de los profesores a esa ley.

-Hubo una resistencia que se manifestó en dos meses de paro de los profesores, pero, finalmente, se aprobó por unanimidad en el Congreso en ambas cámaras, con una política nacional docente. Cuando tú le presentas a gente de otros países lo que es esta política, que va desde la formación inicial docente hasta que el profesor jubila, no hay una cosa tan pensada, tan sistémica en otros países.