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Nicole Nehme, abogada y consejera de ComunidadMujer: “Es un ejercicio diario tener los pies bien puestos en la Tierra”

Fuente: Revista YA

Esta abogada, reconocida en todos los rankings internacionales y elegida la mejor especialista de América Latina por Latin Lawyers en 2017, acaba de reencontrarse con el Líbano, donde nació. Viaje que la conectó con quien es hoy. Sobre su carrera, dice: “Yo siempre les digo a las abogadas, y es aplicable a otras profesiones: «¡Levanten la voz!»”.

Por MARÍA CRISTINA JURADO. Fotos: NACHO ROJAS.

¿Qué se trajo del Líbano?

-Me traje la tranquilidad. Me traje esa paz de revivir tu historia. De poder reconstruirla y revisitarla. Eso es pacificador. Eso es reconciliador. Desde la adultez, pude reconciliarme con esa Nicole niña que, en parte, lo vivió bien pero, en parte, lo vivió muy mal.

Nicole Nehme Zalaquett, la única abogada chilena reconocida tres veces -la última en septiembre- como la mayor experta chilena en libre competencia, Star Individual por el ranking de la revista Chambers & Partners y honrada por la revista inglesa Latin Lawyers como la mejor abogada especialista de América Latina en 2017 -es primera vez en su historia que reconoce a una mujer en esta categoría-, recuerda con emoción su viaje al país donde vivió prácticamente toda su infancia.

En junio, durante dos semanas, regresó al Líbano, país que dejó cuando tenía 10 años y se vino a Chile con sus padres: el libanés de primera generación Michel Nehme y María Cristina Zalaquett, quien nació en Chile de familia libanesa. En este regreso a Nicole la acompañaron su marido, Rodrigo Ferrada, y sus hijos, los mellizos Pascale y León, de 14 años. Juntos recorrieron Rayfoun y Beirut, las dos ciudades donde ella repartió su vida en el Medio Oriente. En Beirut jugó y tuvo a sus primeros amigos. En Rayfoun fue al colegio, aprendió a leer y escribir el árabe y el francés que acompañan su castellano, idioma que recién conoció al llegar a Santiago en 1983. En el Medio Oriente sintió también el miedo. Cuando la guerra estalló en el Líbano, a sus dos años, en 1975, las bombas cayeron sobre los civiles y los Nehme Zalaquett perdieron todo.

-Nos quedamos, literalmente, con una maleta -recuerda la abogada.

Cuando Nicole cumplió diez años, los Nehme Zalaquett decidieron venirse a Chile y la inscribieron en la Alianza Francesa para que ella no perdiera el idioma. Este viaje de julio no es el primero que realiza al Líbano, pero para la abogada ha sido el más importante. Quería que sus hijos vieran con ojos maduros la tierra que marcó su infancia.

-Este fue un viaje de reescribir mi historia, porque fui a lugares en los que viví en mi infancia. Lloré en esos lugares, lloré cuando les mostré la casa en la montaña donde yo vivía. Fue en Rayfoun. Y les mostré el departamento donde vivíamos en Beirut, y mi colegio. Yo hice estas cosas con mis hijos antes en el Líbano, pero ellos eran guaguas. Ir con ellos más grandes -tienen la edad que tenía mi hermano cuando vivíamos allá- te genera una nostalgia distinta. (…) Fue una mezcla de mucha emoción muy profunda, casi terapéutica. Era revivir mi historia, era estar en los lugares que yo estuve, compartir con mis tíos y tías, con mis primos.

Para Nicole Nehme este regreso también fue una reconciliación con una tierra que la obligó a conocer la incertidumbre, el miedo y la violencia, y que ahora la acogió con generosidad.

-Este viaje fue revalorar lo propio, la historia. Esto de sentarme con las tías a almorzar y decirles: ‘Cuéntenme la historia de los abuelos’. Siempre me interesó saber sobre mis orígenes, pero ahora me involucré no desde la razón, sino desde todo mi ser. (…) Cuando estoy allá me revive el sentido de pertenencia y digo: ‘De acá vengo, de acá soy’.

La peregrinación de Nicole Nehme, de Rodrigo Ferrada, de Pascale y León los llevó por bosques de cedros de 500 años, por playas mediterráneas, por pueblos y carreteras polvorientas.

Y cuando volvieron, ella sintió que estaba, por fin, en paz.

Pero tomar la decisión de hacer el viaje no fue fácil. Tuvo mucha aprensión antes de partir a Beirut: dice que recordaba los bombardeos y le daba terror.

-Tenía pesadillas los días previos. Probablemente era mi inconsciente, yo procesaba mis miedos históricos.

Nicole Nehme dice que la guerra de la que escapó en su infancia marcó gran parte de su éxito profesional y de su temple para avanzar en la vida. Gracias a las bombas aprendió, dice, a distinguir lo esencial de lo accesorio.

-Yo tengo el privilegio de que, así como la vida me dio cosas difíciles durante la infancia, me dio padres excepcionales. Cuando en el Líbano el conflicto estalló y, literalmente, nos quedamos con una maleta, yo recuerdo la imagen de mis padres diciendo: ‘No importa. Lo material es irrelevante. Estamos todos juntos y estamos bien’. Mi papá siempre fue correcto, siempre fue honesto; mi mamá fue sincera. Yo viví, más que del hablar, desde el vivir, tener papás correctos. Así me crié yo.

El ego y los aprendizajes

Nicole Nehme Zalaquett tiene 44 años y es considerada hoy la abogada litigante chilena más efectiva en libre competencia. Su nombre se consolidó en 2009, cuando, con 36 años, sentó jurisprudencia en Chile con el caso Farmacias. Ese caso jurídico, por el que el país conoció la colusión de tres cadenas de farmacias, le permitió a esta abogada plantear una solución inédita en el derecho chileno. Internarse en una de las áreas del derecho más exclusivas de los hombres fue un desafío mayor y lo concretó a punta de trabajo. Sus decisiones profesionales le han rendido: al frente de su estudio, Ferrada & Nehme, y con otros seis socios -de los cuales cuatro son mujeres- hace dupla con su marido, Rodrigo Ferrada, en una de las oficinas más requeridas de la plaza.

Usted fue nombrada Star Individual en el Ranking Chambers & Partners 2018, completando tres años. Y, en el Latin Lawyer, como la mejor especialista de América Latina en 2017. ¿Cómo lidia con el ego? ¿Con la soberbia?

-Creo que hay cosas en la vida que te hacen un flaco favor. La soberbia es una de las primeras. El ego descontrolado es otra. El creerse mejor que otro o creerse el cuento es otra. Enamorarse del dinero y el poder, también. Para mí es un ejercicio casi diario tener los pies bien puestos en la Tierra, el no dejarme llevar por eso nunca. Yo no me despierto en las mañanas diciendo ‘Me gané un premio’, ni me acuesto en la noche diciendo ‘Me gané un premio’. (…) No es que desprecie ese premio, porque eso sería también una forma de vanidad: por supuesto que me enorgullecen. Se los muestro a mi mamá, que se pone chocha y a mi papá, que se pone orgulloso. Ellos los mandan a sus amigos.

Con el caso Farmacias proyectó su carrera profesional. ¿Cómo lo ve hoy, qué aprendió?

-Lo veo consistente, pero con más distancia. Estoy consciente de todo lo mal que lo pasé, del temor que me produjo la exposición, pero tengo una tranquilidad muy grande con el trabajo que hicimos mi equipo y yo. Creo que fue una solución correcta y, al final del día, una solución que es un estándar en Chile. Los temas de la delación compensada se recogieron en la ley y hay muchas empresas de reconocido prestigio que la han implementado. Hay muchos estudios académicos que dicen que es el mecanismo más adecuado socialmente para avanzar hacia mercados más competitivos. Me deja tranquila que fue una solución que combinó bien el interés público con el privado. Ya es parte del pasado, ya está establecido. Ya no me aprieta la guata recordarlo como me pasaba antes.

Y también fue una suerte de triunfo para su cliente, por el monto de las multas pagadas por las tres cadenas.

-Uno, como abogado, ejerce el derecho a defensa de un cliente. La pregunta es ¿cómo defiendes ese interés? ¿Lo defiendes pensando en lograr un resultado a toda costa o pensando en combinarlo con un objetivo beneficioso para la sociedad? Cuando hablo de combinar interés público con el privado es porque, cuando uno mira la delación compensada, hay gente que dice ‘es injusto que una empresa pague menos que la otra’. Pero la mirada es más de largo plazo. Para el caso concreto, puedes renunciar a un cierto aspecto de justicia. Pero lo que importa es que das una señal social, en que leS estás diciendo a todos los que se coluden: ‘Usted no confíe, no entre a ese acuerdo, porque esa persona, al final del día, puede usar un instrumento y se puede salir’. Lo que te genera es un desincentivo a entrar en los acuerdos de colusión. Y ese es el objetivo a largo plazo. (….) Por eso se ha estudiado que es la herramienta más eficaz, no solo para desbaratar este caso en concreto, sino para hacer que, socialmente, se produzcan menos.

¿Qué pensó cuando, un quinquenio después, explotaron los casos de colusión de los pollos y el papel tissue? ¿Los empresarios no entendieron el mensaje?

-No sería tajante, porque tengo la convicción de que los procesos culturales y sociales toman tiempo. El que crea que son inmediatos, y que a propósito de un caso, ciertas formas de actuar históricas se vayan eliminar de un día para otro, está alejado de la realidad. Los procesos sociales y culturales, incluso cuando la ley los incentiva, toman un tiempo en desarrollarse. En Europa, cuando se implementó la delación compensada, muchos años antes que en Chile, eso no hizo que se eliminaran. Hay dos tendencias: por una parte, los que quieren ser más vivos que el sistema y otros que se van ajustando. Yo sí he visto un cambio cultural importante en el mundo empresarial chileno. Especialmente en compañías que tienen niveles ejecutivos más jóvenes, que están trabajando mucho los compliance, que son políticas preventivas con investigaciones internas dentro de la compañía para precaver riesgos.

Mujeres: la carga de la prueba en contra

Lejos de los tribunales, Nicole Nehme privilegia su espacio privado. Divide su tiempo en tres líneas de trabajo -es académica en la Universidad de Chile; litigante privada y consejera en varias instituciones como Espacio Público y ComunidadMujer- pero cierra su día a las cinco. Ahí cruza desde Los Militares, donde está su estudio, hasta su casa en El Arrayán.

-Con mis hijos cada día es un hito. Es una fascinación poder conversar con ellos cada día, ver cómo crecen, cómo tienen ideas nuevas. Yo me fascino, simplemente. Los veo desde que llegan del colegio, tipo cinco y media.

¿Su tiempo es todo de ellos en la casa?

-¡En la medida que quieran! Hoy son adolescentes y tienen su vida. Pero estoy disponible para ellos.

Nehme entrega los lineamientos de su camino apelando a su historia.

-He ido profundizando mi camino con más libertad. Tengo una doctrina: yo siento que si uno hace el trabajo bien, lo hace a conciencia, con amor… ¿por qué no usar esa palabra?, y sabiendo que nada de esto es de corto plazo ni de satisfacción inmediata, con un trabajo constante y de largo plazo, uno va construyendo. Va profundizando un camino. ¿Si he tenido hitos grandes o chicos? ¡La verdad es que nunca me ha interesado! No es que uno viva de este caso o del otro. Lo que me importa es la coherencia a largo plazo, ser consistente con una forma de ver la vida.

¿Qué palabra resume su camino?

-Es difícil reducir la complejidad del mundo a una sola palabra. Creo que es la coherencia. La coherencia con uno mismo entre el ser y el hacer. Trato de no dejarme llevar por las apariencias ni por el ego. Probablemente, con los años, esa coherencia te permite conocer tus límites, porque uno tiene límites. Y hay cosas en que eres más frágil o más fuerte. Estar consciente de esos límites es un síntoma de madurez.

¿Y cuáles son sus límites hoy?

-Yo no soy expansiva, soy una persona tranquila. Una persona a la que las muchas luces la complican; la visibilidad me produce más tensión que relajo. Soy una persona privada, la exposición siento que no es lo mío, no la busco. Creo que hay personas que están hechas mejor que yo para eso.

Nehme defiende el valor de las mujeres en el ámbito profesional. Ella vivió en carne propia la mirada paternalista de sus colegas masculinos a mediados de los años 90, cuando se iniciaba. Recuerda que, más de alguna vez, se sintió que la trataban como si estuviera para tomar las actas en reuniones que partían cuando comenzaba la noche. Y, remarca, el diez por ciento o menos de socias en estudios jurídicos no revela la realidad profesional: por su experiencia como académica universitaria, ha constatado que las mejores estudiantes de derecho son mujeres.

-En la época en que me empecé a desarrollar, y hoy todavía, las mujeres abogadas enfrentamos muchas dificultades. No hay que negarlas, sino visibilizarlas para salir adelante. Al principio me fue difícil, me tuve que hacer una carrera. ¿Por qué digo que es difícil? Porque las abogadas en mi época, y hoy sigue siendo así, tenemos la carga de la prueba en contra: cuando vas a una reunión, a un lugar profesional, tienes que demostrar quién eres. Y eso es un trabajo permanente y tensionante, una tensión con la que vives.

¿Todavía le pasa?

-No. Pero no quiero olvidar que me pasó por mucho tiempo. Y estamos en una sociedad donde la corresponsabilidad aún no es una realidad, seamos sinceros. Yo confío en las generaciones que vienen, yo veo que mis alumnos son más abiertos, también mis hijos. Como las mujeres se llevan una carga de la casa mayor, tienen un problema. Porque en la medida en que las estructuras de empleo miden por horas de trabajo o presencia, más que por resultados o calidad, exigen, para crecer profesionalmente, compromisos asociados con horario. Yo misma no fijo reuniones después de las cuatro de la tarde desde hace años.

¿La sociedad chilena no va a la par con los cambios en el mundo?

-Creo que tiene que haber un cambio estructural. Estamos en un mundo en que da lo mismo desde dónde tú trabajas. He estado en Europa y he trabajado desde allá. Revisé escritos desde el Líbano. La flexibilidad está a la luz del día, lo que importa es la calidad. Se necesita un avance estructural para que las capacidades de las mujeres salgan a la luz y no se vean restringidas artificialmente por prácticas históricas diseñadas para evaluar a hombres.

Nicole Nehme está a favor de las cuotas. Dice que ellas, lejos de “poner sobre la mesa a mujeres incapaces, visibilizan y obligan a buscar mujeres capaces que están en la penumbra”. La discriminación de género le molesta. Es una de sus batallas desde muy joven.

-Yo siempre les digo a las abogadas, y es aplicable a otras profesiones: ‘¡Levanten la voz!’. No en el sentido de gritar. El otro día leí en una encuesta que las mujeres exitosas tendían a hablar más fuerte, porque era la forma en que se habían podido hacer un espacio en la sociedad. Yo siento eso. No hay que hablar más fuerte, sino desde la convicción del trabajo bien hecho.

La luz se filtra por los ventanales en su sala de reuniones que enfrenta la Escuela Militar. La mañana se va y Nicole Nehme Zalaquett debe volver a sus escritos. Algo que recuerda como anécdota la retrata. Dice:

-Antes, a veces ensayaba los alegatos con mis niños. Cuando eran chicos, se disfrazaban de jueces. Mi hijo se pintaba bigotes con carbón y se ponía un gorro de disfraz, como esos gorros de los hombres del siglo diecinueve, un sombrero de copa. Se morían de la risa. Porque, entre tenerlos aburridos y tenerlos entretenidos era mejor, y yo ensayaba. Iba midiendo mi tiempo, y ellos me hacían preguntas bien inteligentes. Tenían siete, ocho años y se reían mucho de las formalidades: eso de ‘Excelentísima e Ilustrísima’. Yo achicaba el alegato para que fuera lúdico.