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Opinión

Columna: Mujeres y el laberinto del poder

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Por Alejandra Sepúlveda, directora ejecutiva de ComunidadMujer

El progreso de las mujeres para alcanzar posiciones de poder, liderazgo y autoridad en el mundo es indesmentible, pero aún excepcional. En nuestro país, el fenómeno es similar.

A pesar de los avances en la última década, ellas siguen subrepresentadas en la alta dirección y, aunque el tema se ha puesto en la agenda, los cambios en el mundo corporativo y de los negocios son lentos e incluso se detectan algunos retrocesos.

De acuerdo con el II Ranking Mujeres en la Alta Dirección elaborado por ComunidadMujer, la representación femenina en los directorios de las empresas IPSA alcanza solo un 6,9% promedio y se ha mantenido estable desde la primera medición en 2016 (6,2%). Este estudio –que apunta a cuantificar la participación de mujeres en directorios y gerencias de las compañías más importantes del país- muestra también que ninguna mujer preside estas empresas. En el último año se detecta, además, una caída de ellas en las gerencias IPSA de primera línea, alcanzando un 7,8% promedio versus el 10,6% registrado en 2016. Ello refleja que la ausencia de mujeres en el tope de la pirámide es un problema organizacional.

Mucho se ha hablado de que las mujeres enfrentan un techo de cristal, esa invisible pero persistente barrera que les impide dar el salto a la cima. Pero esta metáfora se queda corta frente a los obstáculos que ellas enfrentan, incluso desde los niveles de entrada a las organizaciones, y que se asemejan más a un laberinto, como sostiene la autora norteamericana Alice Eagly.

Las mujeres han hecho muchos méritos para recorrer y sortear esta ruta sinuosa, partiendo por sus grandes logros educacionales, su mayor capital humano, su gran responsabilidad frente al trabajo, los malabarismos que realizan a diario para conciliar la vida familiar y laboral y para demostrar un alto desempeño, pero nada parece suficiente. Por lo tanto, para realmente remover obstáculos e igualar la cancha de oportunidades importa también qué hace el entorno laboral, los pares, superiores y quienes buscan y promueven talentos para reconocer a las mujeres e impulsarlas.

En ese sentido, cabe destacar lo ocurrido en el último año con los directorios de las empresas SEP. Gracias a una meta presidencial, hoy de las 91 plazas para directores titulares, 39 son mujeres (43,6% versus el 30,6% promedio a julio de 2016) y en el 100% de esos directorios hay mujeres. Un avance importante y esencial que no debiera quedar sujeto a la voluntad del gobierno de turno.

En ese sentido ComunidadMujer plantea en su documento “Para un Chile Sostenible: 10 Propuestas de Género”, discutido en una serie de reuniones sostenidas con los candidatos presidenciales Carolina Goic, Sebastián Piñera, Beatriz Sánchez y próximamente Alejandro Guillier, contemplar para el Sistema de Empresas Públicas la aplicación de una ley de cuotas de género que, además de los directorios, considere a los cargos gerenciales de primera línea -donde hoy solo un 8,6% son mujeres- y, al mismo tiempo, se haga extensiva a las empresas estatales no SEP. Asimismo, plantea que al menos un tercio de las actuales directoras SEP permanezca en su cargo, capitalizando lo aprendido y poniendo su experiencia al servicio del país.

La evidencia internacional nos muestra que las medidas de acción afirmativa funcionan en gobiernos corporativos y cargos directivos. Han sido adoptadas por la mayoría de los países europeos y son efectivas para asegurar, en un corto plazo, un equilibrio de género. Hay casos exitosos como Islandia y Noruega en los que las mujeres hoy ya representan más del 40% de los directores de las empresa públicas y privadas y su contribución es indiscutible. En Chile podemos y debemos avanzar.

*Columna publicada en Negocios de La Tercera el 24 de septiembre de 2017

*Foto: The New York Times