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Opinión

Brecha de ingresos: entre lo explicable y lo inexplicable

Por Andrea Bentancor, Directora de Estudios de ComunidadMujer

De modo recurrente, la brecha de ingresos entre hombres y mujeres es noticia, genera debate y reactiva propuestas de política pública dirigidas a reducir esas diferencias.

Periódicamente participamos de ese rito de lamentar cada nueva estadística, ya que, a pesar de ese debate, de la Ley 20.348 (de igualdad salarial) aprobada en 2009, de la mayor participación de las mujeres en el mercado de trabajo, de los cambios culturales y de la presencia de mujeres en posiciones de poder emblemáticas, las brechas de ingresos persisten e incluso se acentúan.

¿Qué dicen los datos sobre la brecha de ingresos entre hombres y mujeres?

Primero, que es más alta en el mercado de trabajo informal; es decir entre aquellos que trabajan por cuenta propia o que siendo trabajares/as dependientes no cuentan con contrato de trabajo e imposiciones previsionales al día.

Segundo, las estadísticas reflejan que las diferencias de ingresos por sexo aumentan a mayor nivel de escolaridad alcanzado; son menores para personas con educación básica o media incompleta y mayores entre quienes han terminado estudios terciarios. Comúnmente a esto se le llama “techo de cristal”. Según el economista Hugo Ñopo del BID esto es característico de Chile, ya que en otros países latinoamericanos lo que se detecta son brechas más amplias entre las más vulnerables.

Tercero, la brecha de ingresos entre hombres y mujeres se acentúa a lo largo del ciclo de vida de las personas, lo cual se vincula al nacimiento y crianza de los hijos/as. Así, los números sugieren que la “conciliación trabajo y familia” -al menos lo que hasta hoy tenemos y practicamos- tiene un precio y que ese precio lo pagan las mujeres.

Cuarto, tal como se desprende del gráfico adjunto, la brecha de ingresos no ha mejorado en los últimos diez años. Incluso se detecta un deterioro en el grupo más joven de la población asalariada. Al respecto, esta evidencia debiera ser analizada con cautela. En efecto, es recomendable que este proceso de deterioro sea prontamente revertido, lo cual es posible mediante la reforma del sistema de salas cunas que deriva del Artículo 203 del Código del Trabajo (que establece que toda empresa con 20 o más trabajadoras debe proveer sala cuna a los hijos e hijas de sus empleadas mujeres).

Cabe destacar que hace algunas semanas un proyecto que aborda el Artículo 203 (salas cuna) y propone su sustitución fue enviado al Congreso.

Brecha de ingresos por segmento de edad
(Salario Mujer – Salario Hombre) / Salario Hombre

ComunidadMujer descarga1 Género y educación Institucionales Mujer y trabajo Opinión
*Fuente: Cálculo propios en base a datos administrativos de la Superintendencia de Pensiones

La pregunta que naturalmente surge es: ¿cómo reducir esta brecha? En primer lugar, reformar el Artículo 203 del Código del Trabajo. Segundo, diseñar e implementar con enfoque de género la esperada reforma del Sence. Implementar medidas antidiscriminatorias en los procesos de selección, contratación y promoción de las empresas. Trabajar estos temas especialmente en el sector público, ámbito donde se detectan diferencias importantes (ver Boletín “Mujer y Trabajo: Brecha salarial que no retrocede”). Promover una distribución más igualitaria de las tareas en el hogar. Incentivar a las mujeres en el estudio de las ciencias y matemáticas. Adoptar medidas que, en general, permitan a las madres contar con mayor disponibilidad de tiempo para participar en plenitud, de desearlo, del mercado de trabajo. Por último, pero definitivamente no menos importante, para cerrar la brecha salarial, Chile debiese otorgar derechos exclusivos a los padres para que puedan cumplir con sus responsabilidades familiares (por ejemplo, periodos de posnatal, permisos para el cuidado de personas dependientes, etc).

Columna publicada el martes 15 de octubre de 2013 en Voces de La Tercera