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Opinión

Columna: Simce, Pisa, PSU: ¿qué pasa con las niñas chilenas?

ComunidadMujer psu2 Género y educación Institucionales Mujer y trabajo Opinión

Por Andrea Bentancor, directora de estudios de ComunidadMujer

En buena parte de los países para los cuales hay estadísticas sobre pruebas escolares estandarizadas se detectan patrones persistentes de género.

Chile no es excepción. En efecto, las niñas chilenas obtienen peores resultados en las pruebas de matemáticas (Simce del Ministerio de Educación, PISA de OCDE, PSU del Consejo de Rectores de Chile) y mejores puntajes en las pruebas de lectura y comunicación (aunque la ventaja desaparece al llegar a la PSU).

Por ejemplo, en 2009, en el conjunto de países de la OCDE el puntaje de los niños en la prueba PISA matemáticas fue en promedio 11 puntos más alto que el de las niñas. Mientras tanto, en lectura los varones obtuvieron en promedio 39 puntos menos que las niñas.

Esas mismas brechas son más fuertes en Chile. Según esa prueba, que nos permite compararnos con el resto de los países de la OCDE, la diferencia de género es más profunda en matemáticas (21 puntos a favor de los varones) y menos pronunciada en lectura (22 puntos).

Vale decir que análisis realizados con datos que llegan al 2006 (PISA 2000, PISA 2003 y PISA 2006) reflejan que las diferencias entre niños y niñas van más allá de los resultados, siendo importantes también en actitudes: satisfacción y motivación menor entre las niñas y ansiedad y stress mayor entre ellas al momento de las pruebas.

Un patrón particularmente interesante surge al analizar la Simce: las diferencias de género se acentúan a lo largo de la niñez.

Eso se detecta a partir de la comparación de pruebas de cuarto y octavo básico. Así es, en prácticamente todo el país (ver Gráfico 1) el desempeño promedio de las niñas, en relación al de los varones empeora entre los 9 y los 13 años. Así, la brecha promedio nacional a favor de ellos aumenta desde los 4 puntos hasta acercarse a los 10 puntos.

Gráfico 1: Matemáticas
Promedio Simce cuarto año: (niñas–niños), datos regionales y promedio nacional
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Mientras tanto, los resultados de los varones en relación a los de las mujeres en las pruebas de Lenguaje y Comunicación mejoran en la mayor parte de las regiones del país, tal como se desprende del gráfico 2.
ComunidadMujer Imagen2 Género y educación Institucionales Mujer y trabajo Opinión

Cabe destacar que al llegar a la prueba PSU esta ventaja a favor de las niñas en Lectura y Comunicación -que se detectaba tempranamente- se vuelve mínima y, dependiendo del año, no significativa.

En otras palabras, la diferencia que alguna vez jugaba a favor de las jóvenes se reduce en el tiempo y al momento de incidir en el ingreso a la universidad ha desaparecido.

Gráfico 2: Lenguaje y Comunicación
Promedio Simce cuarto año: (niñas–niños), datos regionales y promedio nacional

Estos patrones no son inocuos, un peor desempeño en matemáticas durante la primaria y la secundaria determina, en primer lugar, peores resultados en las pruebas de admisión a la Universidad.

Además, diferencias entre hombres y mujeres en el desempeño en esa materia inducen patrones de género en la selección de carreras y ocupaciones con sesgo hacia áreas del conocimiento que minimizan el estudio de esta disciplina, profundizando o sosteniendo la segmentación en el mercado de trabajo.

Reducir la segmentación en el mercado laboral es un objetivo de política. En efecto, ésta es un determinante de la brecha de ingresos que entre hombres y mujeres se detecta en Chile.

Para ello, hay que comenzar temprano, los patrones ya son claros en la infancia, y se acentúan en la juventud. En ese sentido, la incorporación del ranking de notas obtenido durante la educación media en el proceso de admisión a las universidades debe ser alentada. Va en la dirección correcta.

Columna publicada en Voces de La Tercera, el martes 17 de septiembre.