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Opinión

Opinión: Cuotas, no se trata de “privilegios” sino de justicia para la igualdad

*Alejandra Sepúlveda, directora ejecutiva de ComunidadMujer

Es frecuente que cuando se plantean mecanismos de acción positiva para promover una mayor participación política de las mujeres, surjan opiniones tales como: “no queremos privilegios”, “esas medidas denigran a las mujeres”, “no necesitamos cuotas porque tenemos tantos méritos como los hombres”, etc.

Pero hay una cosa que es clara: difícilmente alguien podría no estar deacuerdo con una ley de cuotas si comprende el fondo de la demanda por mayor igualdad. ¿Acaso es justo que en Chile las mujeres, siendo la mitad de la población y la mayoría votante, estén tan mínimamente representadas en los espacios de toma de decisiones? ¿Qué explica que ellas ni siquiera logren ser candidatas? ¿Está bien? ¿Se entiende? ¿Es justo?

Las discriminaciones y desigualdades que sufren las mujeres en diversos ámbitos es un tema reconocido internacionalmente. Existen tratados de derechos humanos que reconocen el problema. Chile al suscribir la Convención para la Eliminación de Toda Forma de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) también se hizo parte y asumió esta problemática. Allí y en otros instrumentos, los Estados se comprometen a implementar acciones para superar las desventajas que viven las mujeres. Lo que se denomina comúnmente medidas de equidad de género para lograr la igualdad entre mujeres y hombres, de manera de “emparejar la cancha” para eliminar las barreras.

En el plano de la participación política, que en nuestro país sólo alcanza al 14% en el Congreso y 20% en los municipios, las recomendaciones de organismos multilaterales y la evidencia internacional revelan que la mejor alternativa para reparar la desigualdad son las cuotas de género en la nominación de las candidaturas.
Si bien las cuotas no son el único mecanismo en esta línea, son las más efectivas en el corto plazo. Por cierto, los 11 países de América Latina que en la última década han aplicado cuotas en sus legislaciones, han equiparado notablemente la representación de mujeres y hombres en cargos de poder, como es el caso de Argentina, Costa Rica, Perú y Bolivia.

En nuestro país se han presentado cuatro proyectos de ley sobre este tema. En todos los casos, las cuotas de género planteadas no tienen por objetivo “asegurar” un escaño. No se trata de “reservar” puestos para las mujeres, sino sólo asegurar que puedan ser candidatas y que sea el electorado el que defina a sus representantes. Con ello, no sólo se benefician las mujeres, al tener la posibilidad de competir, sino también los ciudadanos que tienen un abanico mayor de posibilidades donde elegir. En ese sentido, las cuotas no son un privilegio ni cuestionan los méritos de las mujeres, como se argumenta a veces. Se trata de una medida de equidad para superar las desigualdades, que en el caso de las mujeres ha sido histórica, injusta y hoy en día cada vez menos justificable.

Finalmente, es importante decir que medidas como las cuotas de género para la nominación de candidaturas de cara a una elección encuentran eco y acogida mayoritaria en la opinión ciudadana, que demanda la renovación de la política para mejorar la democracia. De hecho, más del 73% de la población en distintas encuestas, manifiesta estar de acuerdo con una ley de cuotas, entendiendo que ésta no le resta méritos a las mujeres si no que les brinda la posibilidad de competir en igualdad de oportunidades.

>> Columna publicada en El Dínamo, el 20 de junio de 2012.