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Opinión

Reconstrucción y capital social: aprovechemos los recursos disponibles

Aunque para muchos sea un tema pasado, estos días hemos sido testigos de muestras claras que indican que el país sigue en plena reconstrucción, a propósito de las devastadoras consecuencias del terremoto y maremoto del 27 de febrero. Y continuaremos desarrollando esta tarea por varios años más. Sabemos, por ejemplo, que las consecuencias del huracán Catrina en Estados Unidos han sido recién superadas, cinco años después.

Si la tarea es tan grande no podemos darnos el lujo de olvidar este tema y menos desaprovechar los recursos existentes en las localidades, tanto públicos como privados, para sacar adelante al país. Tenemos en las manos una gran oportunidad para reconstruir entre todos y, en el proceso, fortalecer las relaciones de confianza, la solidaridad, las redes de apoyo, la reciprocidad y las normas compartidas; en otras palabras, el capital social.

Existen múltiples experiencias de participación y trabajo en grupos u organizaciones que se preocupan por mejorar la calidad de vida de sus comunidades. En Recoleta, Pedro Aguirre Cerda, La Cisterna, Arica, Pomaire, Nogales y Lumaco, así como en todas las comunas a lo largo de nuestro país, hay chilenos y chilenas que comprenden que deben superar su aislamiento y aportar en el mejoramiento de las condiciones de vida de niños, jóvenes, mujeres, hombres, adultos mayores, enfermos y la comunidad toda.

ComunidadMujer ha entregado por quinto año un premio que busca dar visibilidad a organizaciones de mujeres que históricamente han contribuido al capital social de sus comunidades. Son agrupaciones pluralistas, abiertas a todas las personas y recursos de la comunidad, que incentivan relaciones de confianza y respeto, formando redes que les permiten aunar esfuerzos por un objetivo común.

Las políticas y programas sociales son un excelente instrumento para fortalecer el tejido social que tanto necesitamos para ser un país más desarrollado y con mejor calidad de vida para todos. Hay muchas experiencias que así lo demuestran. Mencionaré solo dos que hemos conocido a través de las organizaciones finalistas del mencionado premio.

En Pomaire, un grupo de alfareras preocupadas por evitar que sus hijos dependan del alcohol y las drogas, se organizaron para conseguir ayuda y realizar un programa de prevención de adicciones. Sus resultados fueron una organización fuerte, con más de doscientas socias que se ha mantenido en el tiempo, un programa de talleres después del colegio y en períodos de vacaciones para niños y jóvenes y capacitación de monitoras familiares en prevención de adicciones.

Pero al organizarse, fueron surgiendo nuevas ideas para enfrentar otras necesidades de las socias, como las enfermedades profesionales, alimentación saludable, equilibrio ecológico, entre otras. Una cosa es clara: todo esto habría sido imposible si estas mujeres no hubieran recibido el apoyo de programas públicos ministeriales y municipales que confiaron en ellas, logrando así sus objetivos y compartiendo sus recursos.

Por otro lado, en Tumbes, un grupo de mujeres quisieron entregar educación parvularia a sus hijos y con el apoyo de programas del Fosis y el Ministerio de Educación se capacitaron e implementaron un jardín infantil, el único del lugar. Durante cinco años han fortalecido las capacidades de 30 niños anualmente que, según la evaluación de la propia directora de la escuela, entran mucho mejor preparados a ella, valorando, además, la cultura local gracias a la participación de pescadores, artesanas y familiares.

Estas experiencias reflejan el círculo virtuoso de trabajar en conjunto para el logro de objetivos comunes en el desarrollo social. No desaprovechemos los recursos de individuos y organizaciones que trabajan en forma colaborativa en las localidades, hoy más que nunca, que necesitamos con tanta urgencia sacar adelante a tantos chilenos.

Isabel Urzúa
Directora de Programas Sociales ComunidadMujer