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Opinión

¿Qué hay detrás de la caída de la fecundidad en Chile?

Nuestro país atraviesa un proceso de transición demográfica del cual se desprende familias, en promedio, más pequeñas de lo que se acostumbraba ver en otras décadas. Este fenómeno evidencia un proceso de transformación profunda e inédita del contexto en el cual se desarrolla la maternidad y la paternidad.

Los resultados de la última Encuesta Bicentenario de la Universidad Católica y Adimark dan cuenta de este fenómeno. Cae la cantidad de hijos tenidos y deseados por las mujeres. El 53% de las que tienen un solo hijo no planean tener más. Y de las que sí quieren tener más hijos, un 60% se quedan con dos.

Entre los hechos de las últimas décadas con mayor repercusión en esta realidad consideramos de la mayor relevancia el ingreso de la mujer al mercado laboral, y su repercusión en el modelo tradicional de familia. Asimismo, deben destacarse los avances en el área de salud referidos a la contracepción, y los aportes de los movimientos feministas en la búsqueda por la igualdad de género.

Efectivamente, hoy el proyecto de vida de las mujeres ya no está centrado solamente en ser madre, sino que su educación, profesión o trabajo adquieren otra dimensión. Al mismo tiempo, se produce una crisis del arquetipo de organización familiar, ya que la habitual, con roles y responsabilidades claramente delimitados –padre proveedor y madre dedicada a tareas domésticas, se modificó en esencia. Los hogares pasaron de una estructura familiar arraigada con jefatura masculina hacia una mayor diversidad, que comprende un número notable de hogares donde ambos cónyuges aportan ingresos y otros presentan jefaturas femeninas.

Según estadísticas preliminares, del estudio Voz de Mujer 2010, 23% de los hogares donde vive al menos un menor de 18 años es monoparental. De ellos, el 68% es femenino.

Estas nuevas familias optan por tener menos hijos para educarlos mejor, ofrecerles más oportunidades y una mejor calidad de vida. En la encuesta Bicentenario vemos que el 77% de los hombres y mujeres consultados cree que es mejor tener pocos hijos para darles a éstos una educación de mejor calidad. Y declaran mayoritariamente que hoy por hoy es “difícil mantener más niños”.

Por lo tanto, el que la mujer trabaje fuera del hogar y sume su ingreso al presupuesto familiar pasa a ser un asunto central. El problema es que ellas siguen reconociendo de manera mayoritaria lo conflictivo que es el compatibilizar tareas domésticas y de cuidado de niños y adultos mayores con el trabajo. En nuestra sociedad ha prevalecido hasta ahora el paradigma tradicional y una división sexista del trabajo (hombre proveedor, mujer a cargo de las tareas domésticas y de los hijos). Esto provoca una tensión permanente para la mujer y, en lo concreto, se refleja en que los costos asociados a la maternidad siguen estando principalmente asociados a ella. Así las desventajas y brechas en relación a ellas se siguen reproduciendo.

Evitarlo pasa por entender que la maternidad no es una responsabilidad exclusiva de la mujer sino también del hombre. La renovación generacional, el traer hijos al mundo es un valor social al que debemos hacer frente todos solidariamente. Si las funciones maternas y paternas tradicionales están siendo interpeladas, entonces debemos abrirnos a un nuevo paradigma: “la corresponsabilidad”.

Esto significa incorporar una visión más amplia en el reparto de roles, que considera el tránsito de la mujer desde la esfera privada a la pública y el del hombre en sentido inverso. Significa también que ese nuevo reparto de roles sea reconocido y apoyado por las empresas y el Estado.

Dar a las familias chilenas la oportunidad de desarrollarse y de educar a sus hijos con calidad, incorporando esta visión en el desarrollo de las políticas públicas, probablemente logre devolverles la confianza para planificar su futuro sin restricciones. Existen razones de justicia, eficiencia y equidad que justifican este cambio.

Esperanza Cueto
Presidenta ComunidadMujer