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Opinión

Seamos transparentes: ¿Quién paga el costo de extender el posnatal?

Al momento de culminar esta columna, Sebastián Piñera acaba de constituirse como el Presidente de Chile para los próximos cuatro años. Es ahora, entonces, que sin la presión de la campaña, se vuelve impostergable discutir seriamente los efectos que en distintos ámbitos tendrá la extensión del post-natal a seis meses; compromiso que el Presidente electo asumió para los primeros 100 días del nuevo gobierno.

En primer término, valoramos la preocupación por el bienestar de los hijos e hijas de las mujeres trabajadoras, el cual se incrementaría a través del fomento del apego con su madre. Al respecto, querríamos destacar que creemos igual de importante fomentar el apego del padre desde los primeros días de vida del niño o niña. Así como también, extender los beneficios asociados a la protección de la maternidad (post-natal entre otros) a aquellas trabajadoras que no realizan cotizaciones previsionales. En efecto, es necesario fomentar la generación de trabajo para la mujer, pero trabajo de calidad y especialmente en un marco de formalidad, sin el cual muchas familias, especialmente las más vulnerables, quedan fuera de la asignación de importantes beneficios.

Creemos, además, que es necesario transparentar las verdaderas razones detrás de esta propuesta. En los hechos, y tal como argumentamos en los próximos párrafos, el apoyo a esta medida al parecer se asienta más en la necesidad de corregir la trayectoria de ciertas cuentas de las finanzas públicas, que en establecer beneficios a las mujeres trabajadoras.

En concreto, entre las pocas señales objetivas que Sebastián Piñera ha dado a la ciudadanía respecto a su opinión sobre los problemas de la mujer, se encuentra el haber explicitado como un compromiso para los primeros 100 días de gobierno la extensión del post-natal a seis meses para la mujer y su intervención en el reciente Debate Presidencial de ANATEL del 11 de diciembre.

A dos días de la elección, Sebastián Piñera estableció en el diario La Segunda como una de las diez tareas urgentes para sus los primeros 100 días del nuevo gobierno lo siguiente: “Enviaremos al Parlamento un proyecto de ley para que las mujeres puedan acceder a un post-natal de hasta seis meses para dar el cuidado que los hijos recién nacidos necesitan y merecen.”

Antes, en el debate presidencial, en respuesta a la pregunta de la periodista Catalina Edwards sobre la inquietud de una ciudadana que manifestó que no consideraba que la extensión del post-natal a seis meses fuese la mejor medida para la mujer, Piñera respondió que lo mejor para el niño es estar el máximo de tiempo posible con su madre.

La periodista insistió respecto a qué se le contestaba a la ciudadana Susan Cifuentes dada su inquietud respecto al mercado de trabajo, y la respuesta fue la misma, lo mejor para el niño es extender el post-natal. Por otra parte, según el Presidente electo se trata de “transparentar el problema de la licencia por enfermedad del hijo menor de un año”. Esa sería entonces, la motivación principal tras la tan transversalmente fomentada medida de extender el post-natal (Este fue uno de los puntos en que tanto el Presidente electo como su competidor el ex-Presidente Eduardo Frei concordaron).

Entonces, cabría concluir que como no se ha logrado controlar la emisión de licencias fraudulentas por enfermedad del hijo menor de un año, la solución propuesta es extender el post-natal.

Al respecto, querríamos detenernos sobre al menos dos aspectos relevantes, antes de analizar los efectos de esta propuesta, que al parecer, será impulsada por el Ejecutivo.

En primer lugar, ¿qué explica que dos candidatos de coaliciones antagónicas, ideológicamente diferentes, arriben tan fácilmente a una propuesta que extiende un beneficio, supuestamente, oneroso para las arcas fiscales? La respuesta simple es la siguiente: estimaciones preliminares le dan la razón a los candidatos. La propuesta no es onerosa, todo lo contrario. De hecho, según nuestros cálculos, si el post-natal de seis meses hubiese estado vigente en 2009, el costo de este subsidio para el fisco habría sido aproximadamente 126 millones de dólares más alto. Del mismo modo, y para completar el análisis, debe destacarse que el año pasado el fisco canceló aproximadamente 150 millones de dólares por concepto de licencia por enfermedad de niño menor a un año.

Si se estima que una alta proporción de esas licencias médicas son fraudulentas, quienes sostienen la propuesta de extensión del post-natal a seis meses calculan que el gasto por el aumento de un subsidio (extensión del post-natal de tres a seis meses) se compensaría con la reducción del gasto por el otro subsidio (licencia médica por enfermedad de niño menor de un año). Sobre esta materia, una fuerte duda nos embarga: dado que se trata de un subsidio de licencia médica por enfermedad severa de niño menor a un año, y dada la facilidad con que al parecer en Chile se obtienen estas licencias, si las erogaciones por este concepto no se reducen significativamente -esto es si las mujeres que cotizan en el sistema de previsión social logran utilizar este subsidio para el período que va entre los 7 meses y el año del niño-, ¿estaremos en la próxima campaña presidencial discutiendo la extensión del post-natal al año?.

En segundo lugar, no todas las mujeres que participan en el mercado laboral y que tienen entre 18 y 40 años (trabajadoras en edad fértil) acceden a este subsidio. En los hechos, para contar con los beneficios de los subsidios pre-natal, post-natal y licencia médica ante enfermedad severa del niño menor a un año, se requiere ser cotizante del sistema previsional, lo cual no se cumple en el caso de muchas mujeres que trabajan por cuenta propia, que emiten boletas de honorarios o que directamente trabajan para un empleador pero sin contrato. De acuerdo con nuestras estimaciones, de la población de trabajadoras de entre 18 y 40 del medio urbano nacional, 31% no cuenta con cotizaciones previsionales. En otras palabras, ya hoy en día, el post-natal no favorece a estas mujeres, ya que ellas de por si no logran acceder a estos beneficios. En este sentido, cabe preguntarse si la propuesta en discusión determinará que una proporción más baja que la actual de mujeres trabajadoras en edad fértil contará con cotizaciones previsionales. Es decir, si efectivamente más mujeres trabajadoras en edad fértil trabajarán por cuenta propia, con boleta de honorarios o directamente sin contrato, ante una menor disposición de sus empleadores a contratarlas con beneficios.

Sostenemos con vehemencia que quienes vivimos en Chile debemos discutir seriamente, analizando diferentes alternativas y la evidencia internacional, para finalmente abordar la respuesta a la siguiente pregunta: ¿cómo compatibilizar maternidad y paternidad con mercado laboral?
Como sucede con otras disyuntivas relevantes para la política pública, problemas complejos no proporcionan justamente respuestas simples, todo lo contrario. Por ejemplo, la evidencia internacional muestra en un extremo el caso estadounidense, donde a nivel federal no se ha querido imponer una política de pre-natal y post-natal para no distorsionar el mercado de trabajo (aún cuando existen acuerdos entre privados al respecto) y tampoco se ha impuesto un sistema de salas cunas o jardines infantiles público. Al otro lado del péndulo se encuentran algunos países europeos, los que invierten montos sustanciales en centros de cuidado infantil y en políticas que buscan incentivar a los padres a dedicar más tiempo al cuidado de sus hijos.

Es interesante advertir que aún en esta variedad de respuestas al dilema de cómo compatibilizar trabajo y familia subsisten problemas similares. A modo de ejemplo, en Estados Unidos la trabajadora promedio a tiempo completo recibe un salario aproximadamente 20% más bajo que su par hombre. Sin embargo, lo que es interesante, es que esta brecha de ingresos, al menos en el mundo corporativo, no se advierte cuando se controla por “hijos”. En otros términos, se ha llegado a un punto en el que se detecta que la principal razón de la brecha de ingresos entre géneros va más allá de prejuicios en franco retroceso y se sostiene sobre los costos que, en términos de productividad de las empresas, conlleva la maternidad. Mientras que en el caso de muchas mujeres que están priorizando su carrera (y no tienen hijos), se está comprobando que sus ingresos son similares a los de los hombres.

Por otro parte, y en el otro extremo del espectro, vemos a Suecia, país que invierte en forma substancial en políticas pro-integración del empleo y la familia, también enfrenta disyuntivas, toda vez que las mujeres trabajan principalmente en el sector público y los hombres en el sector privado.

En este sentido, queremos abrir un debate serio y completo. Además de promover políticas públicas conducentes a un mayor bienestar de los niños, buscamos la equidad entre géneros. “Atender el aumento de licencias por enfermedad de los hijos”, no debe ser sinónimo de empeorar la situación laboral de la mujer.
En síntesis, nuevamente, en el nombre del bienestar de los niños, se promueve una medida cuyo costo pagamos sólo las mujeres. Y si bien las arcas del tesoro público no registrarán mayores cambios, las mujeres enfrentarán en promedio una situación laboral más precaria y con menores perspectivas, porque se está profundizando un sistema de incentivos que favorece la contratación con beneficios y la promoción a cargos de mayor responsabilidad en el caso de trabajadores hombres en desmedro de sus pares mujeres.

Andrea Bentancor
Directora de Estudios
ComunidadMujer